Siendo abusado por mi elfita, historia mala pero divertida
Gabriel se colocaba sus mallas deportivas las cuales marcaban su paquete.
Hoy iría a practicar ciclismo pues a este le gustaba mantenerse en forma.
Gabriel era un joven millonario muy atractivo y deseado por las chicas, aunque él, nunca le prestaba atención a ninguna otra mujer que no fuera su elfita Victoria.
En este mundo se compraban elfos para ser fieles sirvientes, aunque Gabriel la trataba como a una amiga más que como su chacha.
Su gran secreto era el amor que sentía por ella pero que no era capaz de decirle a pesar de tener una personalidad muy abierta y siempre decir las cosas como si nada.
Tras terminar de colocarse la ropa, fue a la habitación de ésta que se encontraba durmiendo ya que era muy temprano.
Acarició su cabello azulado, era una costumbre que tenía de siempre, acariciar su rostro y cabello mientras que ella dormía.
Miraba su rostro como deseándola, se sentía un tipo indecente por la cantidad de pensamientos que se le pasaban por la mente, pensamientos que mostraban sus auténticos caprichos con ella.
Después de acariciarla por varios minutos, se puso en pie para ir a por su bicicleta y así pasar la mañana.
A pesar de ser sólo las 8, el sol apretaba fuerte pues era puro verano, una ola de calor había azotado la región y ya desde muy temprano acababas sudado al salir a la calle.
Gabriel lo estaba pasando bastante mal, pedaleaba con energías por un camino en dirección a la montaña, ya estaba transpirado, la malla se le había pegado a sus muslos a causa del sudor.
Las horas pasaron y ya volvía de regreso, en su mente sólo estaba Victoria dibujada, sus deseos de verla despierta y tenerla cerca.
Aunque nada más llegar tendría que darse una buena ducha, había acabado completamente encharcado.
Tras pedalear unos minutos más bajando aquella cuesta cercana a la ciudad, al fin llegó a su pequeña mansión.
Abrió la puerta y allí se llevó la agradable sorpresa de ver a Victoria sonriéndole esperándole en la entrada.
Respondió ella sin quitar esa extraña sonrisa que tenía en su dulce carita.
-Ay cosita, tengo que ir a ducharme que vengo sudadísimo.
Espérame en el salón que después nos echaremos unas partidas al súper mario.
Pero en el momento en el que él fue a pasar por su lado, se desmayó cayendo en los brazos de Victoria.
A pesar de estar prohibido usar los poderes de elfos con los humanos, ella ignoró aquello y usó el suyo que era la hipnosis.
-Jiji, Gabrielín, hoy seré traviesa.
Exclamó para ella riendo como una chica mala.
Después, usando psíquico, se lo llevó a la habitación que había en el sótano, esta tenía un baño cerca.
Tomó unas cadenas y lo encadenó a la cama, tumbándolo en ella.
Al poco él despertó pues la hipnosis que usó no fue de las más potentes.
-Victoria, ¿qué me hiciste? ¿Por qué?
Le preguntaba Gabriel aún algo atontado, más atontado estaba al ver que ella estaba completamente desnuda.
Victoria se subió a la cama y tomó sus mallas bajándoselas para dejarlo en calzoncillos.
Después le sacó la camiseta.
-Qué rico todo sudado, estás tan apetecible.
-Victoria, ¿estás jugando conmigo acaso?
-Cállate Gabriel, deja de tratarme tan lindo siempre y dame lo que quiero.
Y acto seguido le terminó por desnudar dejándole con el miembro a la luz que ya se encontraba duro.
Esta lo tomó con sus manitas y le miró a los ojos por unos instantes.
-Gabriel, quiero chuparte todo.
Eres mío y te quiero devorar entero.
Tu polla mala es para mí al igual que todo tu cuerpo.
Gabriel no pudo darle una respuesta pues se quedó algo pasmado al sentir la lengua de aquella elfita recorrer todo su torso.
Después llegó a esa parte de él que volvió a tomar con su manita.
-Ahora que Gabrielín está sudado, es todo mucho más delicioso.
Le dijo Victoria mirándolo con rebeldía.
Esos ojitos traviesos que ahora habían pasado a mirar lo que tenía en esa mano para ir a chuparlo con mucha ansia.
-Victoria, unnmm, ¿por qué me estás haciendo esto eh? Acaso, ¿me estabas deseando?
Y esa elfa dejó libre su boca por unos instantes para subirse sobre Gabriel y darle después un beso en la boca incorporándose un poco hacia él.
Y tú siempre tratándome con cariño y respeto.
-Victoria, ni siquiera te imaginas lo que habita en mi mente cada día.
Con que, ¿habías pensado cosas cochinas conmigo?
Y en ese momento, ella le propinó una bofetada con la cuál Gabriel se quedó con una expresión de sorpresa.
-Malo, y me dejas esperando con deseo.
¿Por qué no me faltaste el respeto antes?
deberías haberme cogido un día y haberme hecho el amor con ansias.
-Victoria, yo no podía saber tus deseos, pensé que sólo me veías con los ojos de tu amigo humano.
No imaginé que tuvieras un lado pervertido.
Victoria tras escuchar aquello, se acercó a su rostro y le acarició la mejilla apartando un poco de cabello que le caía por esa parte.
-No te imaginas cómo te amo.
Le dijo con una voz entre suave y algo sensual dándole un beso después en su jugosa boca.
Después tomó la llavecita que había en la mesilla y le quitó las cadenas de las piernas para así poder sacarle por completo la ropa.
Gabriel aprovechó con un ágil movimiento para tomarla y ponerla bajo él.
-Ahora estás a mi merced.
Esa elfita ahora era presa del que había sido su víctima hacía sólo unos pocos segundos atrás.
Gabriel besaba su boca mientras que entraba dentro de ella.
Entraba y salía de su interior con todas sus ganas, por todos los años que había estado imaginando que le hacía aquello.
Ya bastaba de tratos cuidadosos, de cariños, y aún así, quería hacérselo con cuidado y mucho amor.
Esa elfita con un lado demasiado pervertido que había permanecido oculto.
Ella quería que él fuera malo, pero Gabriel definitivamente no podía tratarla con brusquedad.
Victoria podía disfrutar de lo que su amo le hacía, sus besos apasionados, así mientras que no dejaba de penetrarla.
Muchas personas acababan enamoradas de sus elfos, pero al vivir en un mundo en el que los humanos dominaban, humanos que se sienten superiores a cualquier ser diferente a ellos, aunque tengan los mismo sentimientos o inteligencia, no podían amar como tanto deseaban.
Gabriel y Victoria habían comprendido que daba lo mismo lo que los demás opinasen hace mucho, el problema fue la vergüenza.
Esa mañana fue increíble, acabaron dejando la cama hecha una porquería, y tras terminar de hacer el amor, se quedaron por media hora descansando abrazados.
Después cambiaron las sábanas y se fueron a duchar para luego preparar la comida juntos.