La chica de mi pasado
Cuelgo el móvil tras recibir una llamada de una de las sirvientas de la mansión.
¿Por qué a pesar de los años aún cuentan conmigo para asuntos con ella?, con Shania.
La chica de mi pasado.
Me han llamado muchas veces a lo largo de estos años y nunca volví de regreso pero, hoy es el día.
¿Saben?
Nunca supe si me acabé enamorando de ella poco a poco, y por esa razón, nunca quise volver para verla.
Ella, se me insinuó hace muchos años y yo la rechacé de la forma más brusca posible porque, así era yo.
Después descubrí, que ella hizo aquello engañada por una de mis recientes novias de aquel momento.
Una de esas chicas con las que mi padre quería que saliera por la buena imagen ya saben.
Aunque, al descubrir la verdad, la mandé a la mierda, no me gustan las mujeres de malos sentimientos, superficiales, y mucho menos esas mujeres que se aprovechan de la inocencia de los demás.
Como, Shania, mi sirvienta.
Siempre, crecimos juntos y, ella era un amor, tierna y dulce, siempre ayudando a otros pero, pecó de buena.
Yo me sentía siempre un monstruo y no quería su cariño pero, en realidad era lo que más necesitaba.
Siempre me negué a recibir cariño y a aceptar sus sentimientos por mí.
Y ahora, no sé si realmente la amaba o no.
No sé lo que siento porque no estoy acostumbrado a amar.
Por eso dejé que pasara el tiempo sin verla.
Me enteré que cambió, se iba en sus ratos libres a locales a beber, incluso tuvo un hijo con un tipo cualquiera que se marchó dejándola sola con el bebé.
Acaso, ¿quería parecerse a esas mujeres que yo frecuentaba?
En fin, que nada más llegar a casa, aspiré aire recordando los viejos tiempos, no muy agradables en aquel lugar lleno de normas estúpidas.
Mis padres como siempre, de negocios.
Llegué a la habitación de Shania, allí estaba ella vomitando en un cubo.
Su pequeño hijo de 3 años era cuidado por su mejor amiga un par de años mayor que ella que era sirvienta igual y muy atontada en cuanto a personalidad, amable y calmada pero no pecaba en ser buenaza tanto como Shania.
-Puedes marcharte con el niño.
Le dije a la sirvienta.
-Está bien, cuídala.
No le respondí y seguí mirando a Shania.
Ahora estaba reposando en la cama.
Su físico, seguía igual de bonito y no parecía que hubiera sido madre.
La verdad, siempre pensé que era muy atractiva.
Ahora me rondaban pensamientos por la mente tipo, ¿qué hubiera pasado si me hubiera acostado con ella hace años?
En verdad, no me gusta aprovecharme de los demás, más todavía si ella estaba coladita por mis huesos. Era frío y mucho en ese aspecto.
Pero, ahora, me apetecía.
No sé por qué la cosa había cambiado.
Me esperé unas horas reposado en un lado de la habitación, creo que me dormí unas tres horas.
Al despertar me acerqué de nuevo a ella que empezaba a abrir sus ojos.
Nada más verme se echó hacia atrás como asustada.
-¿Qué sucede?
Te sorprende verme aquí.
-Bueno, sí.
Y ahí ella tomó las mantas medio tapándose nerviosa.
-¿Sucede algo?
-Es que, tengo apuro de que me veas en este estado.
Es demasiado vergonzoso.
-Culpa tuya por hacer cosas de ese estilo.
Beber, acostarte con hombres, encima con un hijo sin padre.
-Dices cosas que duelen.
-Digo la realidad.
Además, más vergonzoso que el día que apareciste en ropa interior pidiéndome que nos acostáramos, creo que no hay nada así.
En aquel momento me sentía excitado la verdad.
Mirar a alguien por el cuál no sabía lo que sentía, tan indefensa que se la veía.
Me levanté entonces imponente, serio, tomándola del brazo para ponerla tumbada en la cama.
Ella pronunció mi nombre que prefiero dejar en el anonimato.
-¿Por qué haces esto ahora?
-Porque en estos momentos te deseo.
Y ella miró hacia un lado como si esquivase mis ojos que estaban tan cerca de los suyos.
-¿Qué sucede?
-Yo ahora, no soy como en un pasado, además, fui mamá.
-¿Te avergüenzas de haberte acostado con tantos hombres?
-Sí.
-A mí eso no me importa ahora, aunque, no niego que en aquel momento, me hubiera gustado desvirgarte.
Fui un tonto y ahora me doy cuenta.
Shania me miró como sorprendida y ahí aproveché para acercarme a su boca para ver cuánto me deseaba aún.
Y cómo imaginé, todavía se volvía loca por mis huesos.
Fue sencillo desnudarla y que se dejara hacer.
En verdad, me gustó la sensación.
Entrar y salir de esa vagina, me daba lo mismo que se hubiera acostado con tantos tipos, se sentía perfecta para mi pene.
Me excitaba el pensamiento de follarme a esa cosita que había sido penetrada tantas veces, ahora me la estaba comiendo yo y sería mía.
Escucharla gemir, verla transpirar, el cómo disfrutaba conmigo en la cama.
No quiero parar esta noche ahora que te tengo conmigo.
Aunque ella fuera demasiado buena y se dejara hacer de todo por mí, había descubierto que sólo me apetecía ir a ella cada vez que tenía necesidad, no había más mujeres que me hicieran sentir así.
Por eso siempre me acostaba con Shania siempre que me apetecía, sentía que me aprovechaba pero a ella parecía gustarle que entrara dentro y que estuviera un buen rato besándola mientras que descargaba todo lo que llevaba en mi interior.
Sabía que algo sentía por ella, y aunque me disgustaba el hecho de que fuera demasiado buena pues, siempre me hacía sentir como el aprovechado por el simple hecho de no oponer resistencia a mí cada vez que iba a buscarla.
Ya no se iba con hombres ni a beber cosa que me hacía sentir calmado no sé por qué.
Sabía que sentía amor hacia ella, que todos sus errores me resbalaban porque mi necesidad era la ella del presente.
Pero, nunca le decía mis sentimientos, simplemente la buscaba, amándola en secreto, tratándola a veces algo brusco porque no podía evitarlo.
Era mi deseo y mi único aliento para permanecer vivo, lo que más me gustaba de esta mierda de mansión en la que me había tocado vivir.
La chica de mi pasado por la que había vuelto.
Fin.












