the m e e t i n g {kathryn+jade}
Odiaba con cada célula que completaba su persona aquél lugar al que debía llamar “empleo temporal”, detestaba ser para sus obesos socios el “pollito nuevo e inexperto recién titulado y que todas sus compras caían”, pero Jade sabía que la imagen de sus compañeros hacia ella era de la más errónea. Primero que nada para manejar la bolsa de comercio debías tener una mente experta en matemáticas por arriba y por abajo, además de experta en tácticas calculadoras, y Puckerman lo poseía. Atisbó hacia el inerte computador frente a sus ojos que señalaba números y códigos costosamente descifrables para el ojo común, tomando apuntes con borrones de por medio, era todo tan rápido que no podías sacar un corrector, esperar a que bajara el líquida y ponerlo en la hoja. Las cifras de su bolsa decaían de un segundo a otro de forma que confundían la mente de la ojiazul. —Adam, ¿Por qué Barbara Brooke cae tan rápido?— La mejor respuesta que obtuvo fue un: “son tus problemas querida”, dando por réplica una sonrisa de las típicas de Jade; haciendo un cambio frenético a la pantalla, soltando un suspiro de agobio. Se retiró de su asiento y avanzó hasta la máquina de café instantáneo, al tener el bebestible entre sus manos caminó mirando directamente éste, sin acontecer que una figura estaba a corta distancia de ella, provocando una colisión y que todo el líquido ciente se vertiera sobre su jefa. —Mierda, digo, perdone Charity.— Obteniendo gritos enfurecidos por parte opuesta. Luego de varias formas groseras y despectivas que le dijo su jefa, Jade decidió que para despejar mente debía ir y fumar un cigarrillo sí ó sí. Tomó asiento en una banca cercana, sacando el cancerígeno pero nunca menos satisfactorio elemento, haciéndolo reposar en sus labios, a continuación colocó sus auriculares a un volumen máximo y así sin exagerar, se olvidó por completo del mundo a su alrededor, repitiendo los versos de la canción que atraían nunca bien claros recuerdos a su mente. I heard that you fell in love Or near enough I gotta tell you the truth…I wanna grab both your shoulders and shake baby…La quietud que apreciaba su cuerpo se vio interrumpida por una abrumadora voz, quitó los audífonos y sin mover su posición dijo: —Si quieres fuego trae tu encendedor y no te las andes haciendo de prostituta conquistando a un cliente, preciosa.— Finalizó volviendo a introducir el aparto en sus orejas.
—Ah, mierda, lo siento, reina de Inglaterra. ¿Qué te crees para hablarme así? —Dijo irritada, en parte por el intenso hambre que sentía y la necesidad que se volvió adicción por la nicotina. — Pues es cierto lo que he escuchado, las personas lindas solo son apreciadas por su apariencia. Dentro son solo unas perras engreídas y tú, preciosa, eres el vivo ejemplo. Y si te ofendí no me importa. Debes de tener la vida fácil, ¿no? —Dijo mirando el edificio que no estaba muy lejos, el lugar de donde venía la otra chica de ojos azules. — Es un palacio citadino. ¿No crees? El dinero viene y va, pero nunca falta. ¿No es verdad? Abre los ojos, querida. No toda la gente en esta ciudad tiene la vida en su mano, y no te estoy pidiendo más que una jodida llama para prender lo que, con suerte, desvanecerá la tóxica fama que he conseguido con sonrisas falsas, acabando conmigo: otra cara bonita en el público. —Finalizó con tensión en su voz, sumiéndose en el celeste de sus ojos. Sus facciones le eran familiares. Y tan pronto como las observó con detenimiento la realidad la apuñaló súbitamente. Jade Puckerman estaba sentada en aquella banca, y había desperdiciado la oportunidad de saludarla de la mejor manera utilizando las mejores palabras que su jodida mente pudo organizar. Solo por un maldito cigarro. Sin embargo, había ese lado de ella que quería empequeñecerla como ella lo hizo al regresar del coma. — No me asustas para nada, Jade Puckerman. Al fin y al cabo, hay tantos rostros que quizás 3 años bastaron para olvidarte. Ahora te has convertido en la perra de corazón frío que eras antes del estúpido coma. Le cambiaste la vida a muchos, pero nunca para bien. Me alegro de haber peleado contigo la noche del baile, me alegro de que me hayas rechazado. Esta relación era insana y no pienso volver a intentarlo contigo. Al fin y al cabo fui una idiota al haberte enviado esa carta declarándome. Al fin y al cabo haberme quedado con Dylan hubiese sido más cuerdo que relacionarme con una persona como tú. Ya no soy esa ingenua joven de preparatoria. No me vas a seducir ni con tus mejores intentos, simplemente no. No soy una prostituta. Soy mejor que tú, siempre lo fui. No fui una persona cerrada, era perfecta justo como era antes y quizás convertirme en una chica de fábrica fue lo mejor. Muchas personas me adoran, tengo dinero, fama, todo lo que desee con una sola fotografía. ¿Tú? Le quitas todo a los demás para conseguir lo que quieres. Patético. ¿Sabes cuanto me costó hacerle saber a Rachel que sentía algo por tí, para que luego me desecharas? Tú solo seguías sonriendo. Esa sonrisa característica tuya. Cínica, adorable, sexy, todo de una sola vez. No, no, no. Debí haberlo sabido. ¿No crees? —Dijo sonriendo como si fuera el remate de una broma, parándose del banco. — Como sea, jódete. No me importa. —*Seguiré siendo una tonta por soñar contigo* pensó, con su orgullo intacto. Miró sus labios, tragando saliva, conteniendo el deseo de besarla con agresividad, un deseo que contuvo por 1095 días y noches. Jade solo podría necesitar un beso para hacerle sucumbir, como había sido siempre. Y ocuparía su corazón con facilidad. Se haría espacio en el corazón que se había arrugado y congelado durante esos años, volviéndole completamente insensible entre alcohol y nicotina.









