“The Maze Runner" Press Conference at the Beverly Hills Hotel.
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@new-puckermanjade
“The Maze Runner" Press Conference at the Beverly Hills Hotel.
the m e e t i n g {kathryn+jade}
Una mirada a la cámara. Una mirada que podía describir muchos sentimientos. Rabia, celos, amargura, cansancio, esperanza, lujuria, incluso amor. Kathryn St. James ahora era conocida por esa mirada. Una mirada de dos fríos zafiros que miraban a un lente, que capturaba el momento por el resto de su vida. Sus labios bermejos estaban separados con duda, dándole ese toque perfecto. Fueron unas 2 poses más y le dieron un descanso. Su cara bonita bastaba. Ya era tarde. No había comido nada, con suerte pudo caminar a su camerino. Un bonito cuerpo no era fácil de conseguir. Fueron 3 años de intentos de adelgazar y ganar un poco de masa muscular lo que le consiguieron tener el cuerpo que sería la inspiración de muchas chicas con autoestima baja. Su fama había crecido incluso más por llegar por sí misma a la ciudad, siendo hija de Rachel Berry. Lo que se preguntaban muchas personas era: “¿Donde quedó la melodiosa voz de Kath?” Ella no respondía, solo imitaba esa sonrisa. Esa sonrisa que su inspiración no podía ser de nadie sino de Marley Jade Puckerman. Era una pista que no habían descubierto muchos, ya que ella nunca había mencionado su tóxica relación con la de cabellos ondulados chocolate, irresistibles al tacto. La que con sus labios la había aprisionado en sus ingenuos años de preparatoria. Los recuerdos recorrieron su mente a lo que tomaba lo restante de su café negro. “Café y cigarros. Te harán una mierda, pero es lo que puedes hacer si no quieres comerte esas ensaladas que solo harán tu estómago una mierda. Y el aceite de oliva. No, qué asco. Es aceite igual, osea que igual te engorda.” Le aconsejó su amiga hojeando una revista. Se puso su abrigo, sin ánimos de cambiarse el conjunto con el que, si se atrevía a utilizar en plena calle, atraería demasiadas miradas. — Adiós Margaret, te veo más tarde. ¿Vale? —Dijo saliendo del camerino, paseándose por el estudio en busca de la salida. No caminó mucho para encontrar su puesto de fumar. Se sentó en la banca. Buscando desesperadamente su dosis de nicotina, sacó la cajetilla de cigarros de su bolso y mordió uno, sosteniéndolo con su boca y quizás manchando un poco el filtro con su propio labial. Buscó su encendedor, pero no encontró rastro de éste objeto ni en lo más recóndito de su cartera. Maldijo, el cigarrillo en su boca censurando sus susurros, y observó a la figura grácilmente femenina sentada a su lado. Rizos cayendo sobre su espalda, manos en las que podía apreciar apenas su hermosa piel pálida. Antes de decirle, “Hey, éste es mi lugar, vete a la mierda, ¿quieres?” decidió sacarse primero de su dilema, preguntando: — Oye, preciosa, ¿tendrás un encendedor por casualidad? —Dijo con la voz más seductora que pudo utilizar, sosteniendo ahora el cigarrillo entre sus dedos.
Odiaba con cada célula que completaba su persona aquél lugar al que debía llamar "empleo temporal", detestaba ser para sus obesos socios el "pollito nuevo e inexperto recién titulado y que todas sus compras caían", pero Jade sabía que la imagen de sus compañeros hacia ella era de la más errónea. Primero que nada para manejar la bolsa de comercio debías tener una mente experta en matemáticas por arriba y por abajo, además de experta en tácticas calculadoras, y Puckerman lo poseía. Atisbó hacia el inerte computador frente a sus ojos que señalaba números y códigos costosamente descifrables para el ojo común, tomando apuntes con borrones de por medio, era todo tan rápido que no podías sacar un corrector, esperar a que bajara el líquida y ponerlo en la hoja. Las cifras de su bolsa decaían de un segundo a otro de forma que confundían la mente de la ojiazul. --Adam, ¿Por qué Barbara Brooke cae tan rápido?-- La mejor respuesta que obtuvo fue un: "son tus problemas querida", dando por réplica una sonrisa de las típicas de Jade; haciendo un cambio frenético a la pantalla, soltando un suspiro de agobio. Se retiró de su asiento y avanzó hasta la máquina de café instantáneo, al tener el bebestible entre sus manos caminó mirando directamente éste, sin acontecer que una figura estaba a corta distancia de ella, provocando una colisión y que todo el líquido ciente se vertiera sobre su jefa. --Mierda, digo, perdone Charity.-- Obteniendo gritos enfurecidos por parte opuesta.
Luego de varias formas groseras y despectivas que le dijo su jefa, Jade decidió que para despejar mente debía ir y fumar un cigarrillo sí ó sí. Tomó asiento en una banca cercana, sacando el cancerígeno pero nunca menos satisfactorio elemento, haciéndolo reposar en sus labios, a continuación colocó sus auriculares a un volumen máximo y así sin exagerar, se olvidó por completo del mundo a su alrededor, repitiendo los versos de la canción que atraían nunca bien claros recuerdos a su mente. I heard that you fell in love Or near enough I gotta tell you the truth…I wanna grab both your shoulders and shake baby...La quietud que apreciaba su cuerpo se vio interrumpida por una abrumadora voz, quitó los audífonos y sin mover su posición dijo: --Si quieres fuego trae tu encendedor y no te las andes haciendo de prostituta conquistando a un cliente, preciosa.-- Finalizó volviendo a introducir el aparto en sus orejas.
¿Qué mierda haces aquí?
-Jade, por favor… ¡Soy Kathryn! ¡Kath, esa estúpida chica que te amó toda la secundaria! ¿cómo no me puedes recordar? ¡Yo te amo y tú me amas!
¡Ándate! ¡Desaparece! ¡No te quiero ver! ¡No sé quién eres y tampoco lo quiero saber! Nadie mandó a llamarte, nadie te obligó a venir y flecharte por alguien que no te quiere. Yo me iré, y te alejarás de mí.
—Jade Puckerman and Kathryn St. James. May 20, 3 years ago.