Solidaridad social, importancia de ser un librepensador
Por Wargo
Desde el año pasado que venimos hablando sobre los 5 valores, principios o banderas de lucha con los que debe cumplir un librepensador, en distintas dimensiones de su actuar, siguiendo esa misma línea me gustaría dedicar las siguientes entregas profundizar cada uno de estos valores, que buscan el cambio social.
Hoy es el turno de la última de ellas, nos referimos a la solidaridad social, la cual puede ser entendida como la relación de apoyo entre los miembros de un mismo grupo, por lo que también debe considerarse dentro del plano de nuestras percepciones, pero llevado a un grado de abstracciones mentales, vale decir sabiendo reconocer en que instancias determinados sujetos vienen a formar parte de “mi grupo”, tal como decían por ahí, yo contra mi hermano, mi hermano y yo contra mi primo, mi primo, mi hermano y yo contra un extraño.
En vista de esta definición le podemos atribuir a este valor a la unión que tenemos entre personas y la necesidad de establecer relaciones reciprocas de mejoramiento a nivel individual o colectivo, de esta forma, evitamos caer en asistencialismos que terminan desgastando nuestras fuerzas y podemos empoderar a quienes hemos visto necesitados de nuestro apoyo.
Con esto no quiero hacer referencia a que este mal participar en actividades que sean de corte asistencialista, hay ocasiones en las solo ese se puede hacer.
¿Qué opinan al respecto?
Nos vemos la próxima semana con una discusión sobre estos 5 principios asociados a la ley 20.000
Sobre Libre examen, piedra angular de ser un librepensador
Wargo
Primero que todo considero necesario disculparme por mi retraso, pero me han perseguido ciertos problemas de salud que me alejaron de mi computador durante un tiempo (si a alguien le interesa ya estoy mejor y puedo tener todos mis órganos dentro)
Siguiendo con la explicación de cada uno de los valores que debe profesar un librepensador, hoy me toca hablar del “libre examen” el cual tal como hice referencia en mi nota “5 principios básicos para formar una nueva mentalidad ante el mundo.” No es otra cosa que un conjunto de representaciones en las cuales un librepensador busca el sentido de quien es y que quiere, vale decir racionalizar tanto sus pensamientos como sus actos.
Por lo que podemos afirmar cómodamente que el libre examen es el ejercicio de cómo nos representamos a nosotros mismos, como sujetos individuales y colectivos, debido al uso de la razón, lo que saca de discusión acerca de si es que somos realmente libres o no y pone en el tapete el cómo y cuándo somos libres.
Es así como el librepensador genera conciencia sobre quien es él y sus redes y de que manera es capaz de actuar de manera proactiva por el bien personal y comunitario, motivo por el cual un librepensador debe estar continuamente informándose sobre lo que ocurre en el mundo de manera global y local para saber como afrontar los cambios que vienen, puesto a que el conocimiento es la única forma de obtener libertad… recordemos el mito de la caverna de Platón, las enseñanzas del kybalion o las bases de la ciencia moderna.
Esto nos obliga a leer y a informarse, así como también a no perder el tiempo en dilemas y banalidades
Visitaban por primera vez Valdivia. Sería la pospuesta luna de miel. Era verano, vacaciones. Se dejaron embriagar por la ciudad y las cálidas tardes a orillas del río.
Ambos luego de comer helado, sacar las fotos de rigor para luego alardear a los familiares y conocer a los lobos marinos en la costanera (que nunca se imaginaron tuviesen un olor tan penetrante) se dirigieron con rumbo a la hostal pequeña y acogedora donde había reservado un lecho para hacer el amor de manera feliz y fugaz. Esa noche había luna llena.
Él siempre fue un tipo obstinado, y no quiso irse en taxi. Según le dijo a su amada, recordaba perfectamente el camino entre calles y pasajes. Además aseguró que les serviría para conocer más y hacer de esa una tarde perfecta, mientras el sol se dormía a las orillas de las aguas y desaparecía tímidamente en los cerros. Ella aceptó.
Y así caminaron ya no por el centro, sino que bajaron por Camilo Henríquez y doblaron entre avenidas y pasajes buscando algún punto de referencia. El mapa no les sirvió de nada. Y la poca ropa les empezó a molestar cuando ya era de noche. Buscaron incansablemente la hostal, y se iban hundiendo cada vez más en las entrañas de las casas Valdivianas. Y sin saberlo, también en el misticismo y magia que envuelve la ciudad.
Poco a poco el enojo brotó entre ambos y las recriminaciones salieron a flote. Él decía cada vez saber que estaban más cerca y ella no encontraba ningún alma para poder preguntar por referencias. Llegó el momento en el que se perdieron completamente. Más de lo que imaginaron.
Poco a poco, hacía más frío, las calles eran más oscuras y raras, pero no le dieron importancia. Los postes de luz se transformaron en faroles y los techos en tejuelas. El pavimento y las calles en antiguos adoquines, los cercos transmutaron de metal a madera y las casas iguales una al lado de la otra a caserones antiguos. No entendieron bien la broma que Valdivia les había jugado, y ni así se asustaron.
Al final de un angosto pasaje de piedra divisaron a una pareja abrazada tímidamente, y se precipitaron casi corriendo. Casi al llegar a su lado se detuvieron en seco, al mismo tiempo y perplejos: No había autos, sino carrozas y caballos, y ella lucía un vestido señorial, el hombre llevaba camisa, sombrero de copa y corbata antigua. Tenían peinados y bigote de otro siglo, y sus caras sólo eran comparables a esas antiguas fotografías de los museos, con esas facciones que ya no se ven entre las personas. Y recién ahí lo comprendieron: No sólo se habían perdido en Valdivia, sino que la ciudad también los había hecho errantes en el tiempo."
Exit Through the Gift Shop (Salida por la tienda de regalos) en un excelente 'documental' realizado por el graffitero londinense Banksy, uno de los artistas urbanos más importantes en estos tiempos y en el cual presenta una crítica al intercambio comercial de arte o el capitalismo del arte, aún cuando sus obras son extremadamente cotizadas y demandadas por coleccionistas o museos.
Cuestionar la autoridad de manera adolescente es fácil. Es completamente posible decirse rebelde, e incluso es popular en estos días. Leer uno o dos libros, navegar algunas horas en internet, escuchar música algo contestataria, y publicarlo en redes sociales. Es simple, te da un nuevo círculo de amigos que piensan igual de superficial que tú y logras esa anhelada validación social que tantos esperan. He observado este fenómeno con particular atención, y me he dado cuenta de varias cosas. Cosas intrigantes, y algunas más obvias, pero sobre todo, cosas que este estereotipo no quiere escuchar.
Primero, que la gran mayoría de las personas que tienen estas conductas, lo hacen conscientemente. Pero obviamente, lo disfrazan. A ellos no les interesa realmente cambiar en algo el status quo, luchar por una causa que consideren noble o ayudar en algo a la sociedad. Simplemente se trata de una manera de insertarse en un círculo pseudointelectual que tiene sus mismas aspiraciones, lograr un grupo de amigos con los que compartir momentos, fiestas, tragos, conseguir pareja, trabajo, status, o simplemente sentirse bien con ellos mismos. Y ninguna de todas estas pretensiones tiene nada de malo, simplemente digo a modo personal que me causa algo de malestar saber que en realidad, y por ejemplo, el vegetarianismo o animalismo de algunos se basa en que la persona que les atrae también lo hace, o que Violeta Parra es una gran cantautora porque eso escucharon en alguna reunión social. Lo que aquí está mal es fingir ser uno para ganar plusvalía. Y además me da un poco de miedo. ¿Por qué? Porque siempre he pensado que quien no piensa de manera independiente y sigue la corriente es alguien en quien no se puede confiar. ¿Y si la moda pasa?, ¿Seguirá apoyando la causa?, o ¿Venderá su alma por algunas monedas, sexo o fiestas?, ¿Traicionará por conveniencia? Para mi todavía son preguntas abiertas.
Ahora querido lector, si usted no lo hace conscientemente pero se sintió tocado por las afirmaciones que hice en el primer párrafo, dese cuenta, es usted, quiéralo o no, parte de un grupo de trepadores sociales que se dicen libre pensadores. ¿Le repugna cierto?
Segundo punto de esta pequeña observación, es que en realidad no aportan nada, ni siquiera con su presencia. Lo digo ya que, en realidad la gran mayoría de las acciones que tienen para “parecer personas luchadores por alguna causa justa”, es marketing puro de ellos mismos. ¿Cuántas ballenas salva usar una polera de Green Peace y dejarse la barba?. La publicación en redes sociales, que sólo leen los amigos que son iguales que ellos sirve simplemente para auto promocionar su corazón sensible. Nada más. Además, con escozor me he dado cuenta, que en los eventos cerrados, es decir donde sólo están personas como ellos, son proactivos, dan mucho la opinión, que sirve simplemente para hacerse presente y notar. Pero todo cambia radicalmente cuando hay que hacer algún real cambio, y la actividad es abierta, aunque sea una simple marcha. Estos son los tipos que están mirando la hora a cada momento, con cara de aburridos, que caminan buscando a sus conocidos y sacándose fotos para luego pavonear en internet. Para eso, muchas veces hubiese preferido que fuéramos menos, pero reales.
Por último, al status quo, al poder, al enemigo que ellos mismos profesan, les encantan estas personas. ¿Por qué?, Simple: Son ellos los que compran en grandes cadenas toda la mercadería anti sistema manufacturada por niños en Oriente, toman cervezas o tragos manufacturadas por trabajadores sin derechos sindicales explotados. Y al poderoso le conviene que el tipo de “revolucionario” que se perpetúe sea este, y ninguno más, porque no aportan, e incluso restan.
Y así, incluso la revolución se ha transformado en una marca, una etiqueta, un producto de mercado. Una polera estampada con la cara de algún revolucionario de cartón.
Es mi deber en entrega hablar de laicismo, palabra poco conocida, utilizada y/o aplicada pero siempre necesaria para hablar de democracia, normalmente cuando se habla de laicismo o de estado laico se hace referencia a la separación entre lo político y lo religioso…
Dejando un tanto atrás la discusión entre la separación que se necesita tener del pensamiento cristiano en la creación de políticas públicas, como ya hablamos hace unas entregas atrás un librepensador entiende el laicismo como una motivación a la búsqueda de nuevas verdades por sobre lo está establecido y por consiguiente lo que podemos definir como un modelo alternativo de sociedad.
Si a los principios anteriores le entregamos los atributos de confianza y diversidad, este valor debe estar ligado al deseo de aprendizaje sobre el funcionamiento social.
Es de esta forma como un librepensador no debe perderse solo en la lucha contra la hegemonía que plantean las religiones, sino que se comporta de manera crítica frente a los problemas sociales y vicios culturales que se encuentran en su contexto, desigualdades de género, inequidades de derechos, abusos contra ciertos sectores, etc. Puesto a que atribuye a su búsqueda un sentido de emancipación y mejoramiento social, de esta manera, se busca primordialmente que no existan ataduras, ni límites impuestos por instituciones de ningún tipo, por lo que un librepensador es un férreo defensor de la democracia y por ende de la participación de todos los sectores de la sociedad.
Actualmente en Chile podemos ver temas como el matrimonio homosexual, el derecho al aborto, el uso del condón… son temas que se encuentran en stand by, precisamente porque falta laicismo en el pensar y actuar político y cultural de los chilenos puesto a que como hemos hecho mención lo importante es que exista participación y oportunidades, algo así como si no le guste… no lo haga pero deje que participe el resto.
Según me dicen el asado está listo, disfruten las fiestas con los suyos y nos veremos pronto.
A lo largo de la historia de la humanidad, el arte, el medio de expresión universal de las emociones, ha sido un pilar fundamental para la formación de la opinión de las sociedades y culturas. De la misma forma, siempre ha sido tratado de ser monopolizado por la elite y utilizado para conseguir sus fines, ya sean estos crear tendencia en cierta forma de pensar, establecer un código moral o cualquier otro tipo de manipulación que pretendan realizar a las masas. Y si nos preguntamos el por qué, encontraremos la razón a simple vista: El arte transmite emociones, que son el motor del alma humana, y su universalidad lo hace perfecto. Una pintura puede conmover a cualquier persona, independiente del idioma que hable. Un poema puede tocar las fibras más frágiles del espíritu, sin importar la clase social del lector. Una canción puede enamorar a cualquiera, ya sea obrero o patrón.
Si lo vemos desde una perspectiva histórica, tenemos como claro ejemplo la oscura Edad Media, en donde la Iglesia hizo suya la pintura, y la gran mayoría de los cuadros, grabados y lienzos que llegan a nuestros días y son reconocidos por la mayoría de nosotros, plasman imágenes de santos, vírgenes y mesías. Son cruces y catedrales los grandes monumentos en donde los artistas impregnaron sus sentidos y crearon obras magníficas. Pero siempre de la mano de dios, del sacerdocio, de la iglesia. De su moral, de su inquisición, de sus prohibiciones.
Fenómeno aparte que demuestra la monopolización es la misma categorización y establecimiento de cánones por parte de la elite para decidir que es arte y que no. Encerraron la escultura y la pintura en museos, a la poesía en bienes de consumo llamados libros (escasos para el pueblo en todas las épocas), al teatro en escenarios grandilocuentes donde se cobra entrada y la canción en discos o conciertos, reservados siempre para sólo el que tiene el dinero para pagar para poder adquirirla o disfrutarla. Han pisado y aplastado el canto popular, han tildado de vandalismo el arte callejero, han creado escuelas pagadas para transformarse en artista y han borrado de nuestras memorias la mayoría de la expresión artística de nuestros pueblos originarios.
Así, el artista poco a poco ha mutado de ser un ser libre y etéreo a un mendigo de los nobles y burgueses que lo financian, que ha de recitar las palabras y dibujar los trazos que la mano del dinero le dice, borrando de su mente cada nota y palabra que no desea el mecenas. El artista se ha transformado en un lame botas pagado, que con su voz dulce y su corazón lleno de expresión promueve las ideas que el cerdo poderoso le susurra. Incluso el punk, el nihilismo y las escuelas anti sistema han parasitado de la elite y han moderado sus discursos con tal de tener las migajas que los ricos le lanzan como propina en sus sombreros.
En la actualidad, sigue siendo igual. Aunque internet y la piratería que lo rodea han servido para que las masas puedan acceder un poco más libremente a algunas formas de arte, sigue siendo un bien escaso que no llega al pueblo mismo, que no es libre. Y el arte realmente contra sistema sigue siendo clandestino, tildado de vándalo y terrorista.
Pero eso ha de cambiar. Una sociedad libre y libertaria ha de propender por la liberación total y absoluta del material intelectual y emocional. Que de una vez por todas, el artista no deba seguirse a cánones o a reglas o estatus morales y económicos para ser bien recibido. Debemos luchar porque cualquier medio artístico de una vez por todas sea lo que realmente tendría que ser, desde el inicio de los tiempos: La memoria, el corazón y el fuego de una sociedad. Un fiel reflejo de que es lo que piensa el pueblo. Un discurso de su descontento. Un grito de rabia y hostigamiento. Un espejo de la vida que tenemos y de la mierda que soportamos.
Y además de esto, accesible a cualquiera. Han podido cobrar por los sentimientos. Lo han logrado, y eso demuestra los precios de las exposiciones o las entradas al cine o teatro (y tantos más ejemplos). El lucro en todo este negocio de vender un trozo de expresión nos ha hecho menos emocionales, menos sensibles, más sobrios, más dormidos ante la inmensidad de la farsa en la que vivimos. Nos hemos transformado en espectadores nuestra propia tortura.
A la calle tiene que salir la pintura, y adornar el único lienzo que el obrero puede ver luego de las interminables jornadas de explotación a las que es sometido: Las murallas. A los baños públicos tiene que salir la poesía, uno de los pocos espacios que el capital nos ha dejado como íntimo. La canción tiene que ser libre, directa y callejera, tratando de llegar a todas esas infelices almas que pululan en estas cárceles llamadas ciudades. El arte tiene que salir de la academia, tiene que romper los yugos de la burguesía y el esnobismo, transformarse en una real herramienta social de una vez por todas
Y podríamos seguir con formas de llegar a todo el público, y no sólo a los que tienen el precio para pagarlo. Ejemplos hay muchos, y muchos mas no se me ocurren, pero al lector inquieto se le pueden ocurrir decenas o cientos más. Pero más importante que seguir con este artículo, es realmente contribuir con una verdadera revolución artística, una que realmente se trate en no simplemente plasmar ideas en un medio, sino que en revolucionar los medios para expresar estas ideas.
Y a la mierda la academia y las escuelas artísticas y sus putas clasificaciones, que el arte de una vez por todas deje de ser la meretriz del poder, y se transforme en la cantora de los oprimidos.
Comenzando con los "viernes culturales" el equipo del Katriko social Klub les trae "Nannerl la hermana de Mozart (2010)".
Nannerl es la hermana mayor del famoso compositor Wolfgang Amadeus Mozart. Como su hermano, fue una niña prodigio, que fue presentada junto al compositor en todas las cortes de Europa. En Versalles, se encontró con Luis XV, que le encargó componer música. Pero Nannerl es una mujer y, en esa época, a las mujeres no se les permitía ser compositoras.
La tolerancia, segundo paso en el camino al librepensamiento.
Wargo
Siguiendo con la temática de los 5 valores iconos de un librepensador… como buen miércoles es momento de hacer referencia al segundo valor o requisito para ser un libre pensador, la tolerancia.
En un comienzo la describimos como una actitud de aceptación a la diversidad y respeto a las formas de pensar del otro, siempre y cuando no afecten nuestra propia integridad física ni mental, lo que hace referencia al comportamiento que un librepensador debe mantener, de respeto frente a la posibilidad de otras realidades, percepciones, maneras de pensar y/o lógicas de actuar.
La piedra angular de este principio estaría siendo justamente la aceptación de la diversidad cultural, política, social, etc. para que de esta forma se permita el correcto funcionamiento otras realidades y no se generen pugnas de poder que desemboquen en conflictos no negociables.
Cabe agregar además la diferencia entre diferencia y desigualdad, mientras la primera responde a formas distintas de actuar debido a la forma de ver y relacionarse con el mundo, la segunda es un problema de tipo económico con las distribuciones de ciertos recursos o bienes.
Es por esto que un librepensador no puede estar jamás relacionado a movimientos o ideologías totalizantes que busquen uniformar la sociedad, sino que por el contrario es quien apoya no solo en el discurso, sino que con actos, la defensa de grupos minoritarios, de los de los injustamente oprimidos y/o de los prejuiciosamente cuestionados.
Si la Fraternidad, nos lleva a hacer propios ciertos aspectos de quien tenemos al lado, la tolerancia nos lleva a ser capaces de tranzar acuerdos y no generar barreras con quien por diversas causas tiene una realidad/percepción/idea complemente diferente a la mía a tal grado que no me sea posible consumirla.
Un ejemplo simple seria que me negase a conversar o entregar ayuda a otro simplemente porque es católico, evangélico o mormón, siendo que soy un ateo paganista y usara la consigna de recordar la cantidad de muertos que dejó la inquisición lo que al final me volvería tan intolerante como la institución a la que estoy criticando.
Para finalizar esta entrega, considero importante remarcar que la tolerancia se presenta en un entorno de libertad, puesto a que desde el momento en el que tengo que sacrificar mi integridad física o mental, eso ya no es tolerancia, sino que es entregarse sumisamente e impedir de estar forma que el librepensador sea algo más que una figura instrumental… como una bolsa de arena o una caja.
5 principios básicos para formar una nueva mentalidad ante el mundo.
Wargo
Como ya hemos mencionado, nuestra sociedad está pasando por un momento donde la comunicación, la convivencia y las identidades son aspectos que están cambiando a un ritmo demasiado rápido, recordando nuestro pasado como parte de la sociedad occidental, la igualdad de derechos, la libertad de pensamiento y la fraternidad entre personas, trajo un periodo de revoluciones que ayudó a liberar a las masas de los yugos que establecían la aristocracia, es así como Francia se liberó de su rey y las Américas encontraron una motivación para la independencia.
Es por esto que propongo en base a los 3 ideales de la revolución francesa, 5 principios que nos lleven a hacer de nuestro territorio un espacio más inclusivo y donde podamos desarrollarnos de manera integral, para desarrollar de esta manera una nueva mentalidad que nos ayude a ser más reflexivos en torno a lo que nos ocurre como individuos y sociedad.
El primero de estos principios es la fraternidad, entendida como la percepción del otro/otra como un cercano… un igual para de esta manera avanzar en la búsqueda y creación de relaciones de confianza entre personas de distintos orígenes
Junto con este, es necesario también desarrollar la tolerancia, para de esta forma plantear una actitud de aceptación a la diversidad y respeto a las formas de pensar del otro, claro está… sin olvidarse del respeto a la propia integridad física y mental.
Como tercer principio estaría el laicismo que debe entenderse como una motivación que nos lleva a la búsqueda continua de nuevas verdades y de un modelo alternativo de sociedad, ayudando de esta manera a romper con las barreras que nos impiden ver con claridad que ocurre y a su vez ayudar al resto a encontrar respuestas más allá de las verdades establecidas como la religión, el fanatismo político, el machismo/hembrismo o incluso el futbol.
El cuarto sería el libre examen es un conjunto de representaciones que nos llevan a la generación de un pensamiento racional, entendido como ya hablo Jaime en otra nota como la relación entre el individuo y el entorno donde se desarrolla, lo que de suma importancia para comprender donde estamos posicionados como miembros de la sociedad civil y país.
Finalmente, la solidaridad social que es el sentido de conciencia que tenemos frente a la sociedad, lo que nos lleva no solo a comprender que somos sujetos individuales que compartimos rasgos que nos hacen parte de distintos colectivos y como tales debemos manifestarnos para ayudar a solucionar los distintos problemas que surjan..
El conjunto de estos principios que son verdaderas banderas de lucha, ayudará a generar esta nueva mentalidad que a diferencia de la que se mantiene actualmente donde cada sujeto es un individuo, donde nadie está ni ahí con lo que pasa y donde ni entre vecinos se saludan nos puede ayudar a recordar que un haz de ramas no se rompe y que cooperando cada proceso se vuelve más enriquecedor.
Mercado social, breve punteo para explicarme la atracción social
Wargo
Ciertamente apenas comencé a pensar en este concepto, pese que nunca me consideré una persona atractiva, aunque en lugar de lanzarme al piso y llorar, puedo recordar como Max Webber pasando su momento máximo de cesantía, hablaba acerca de la búsqueda del sentido del trabajo, este aprendiz de brujo desde su despecho, puede hablar de atracción.
Primero, la atracción debe ser entendida como una manifestación del deseo de las personas, que juega en distintos niveles, individual, social o cultural de manera dinamica.
Dentro de esta definición cabe la pregunta ¿Deseo de qué? Y solo se me ocurre que puede ser, deseo por personas (entiéndase amigos/as, parejas sexuales o afectivas o grupo de pares) o deseo por situaciones (ser el/la mejor, más gracioso, más destacado, etc.)
Ambos tipos de deseos se pueden infra estructurar en una idealización de consumo frente a una serie de competencias, como si fuese un producto más y cualquiera en el mercado, por lo cual es posible que desde nuestra individualidad podamos establecer tipos ideales, que tipo de personas nos gusta para tal o cual cosa, las cuales van a coincidir en ciertos puntos a nivel más macro con lo que la sociedad nos pida y dentro de un aspecto más grande aun, lo que nuestra cultura nos indique, todos estos procesos deben ser entendidos de una manera dinámica.
Ahora bien, recordando en el contexto de globalización en el cual estamos y en el ensalce exacerbado del individuo por el individuo, que ha mermado el deseo por maravillarse con el otro, al darse cuenta que el otro es tan común como uno mismo, cuando debiera ser precisamente ese factor, lo que tenemos de comunes, lo que nos debería hacer más cercanos, lo que nos ha llevado a un enorme brecha social, puesto a que las nuevas generaciones, desde aproximadamente los 90 buscan ser máquinas de consumo de todo tipo, cultural, económico, tecnológico... pero que los aleja tanto de su cultura, su realidad y su contexto, que los vuelve seres proteicos (solo carne).
Prueba de esto son sectores de la juventud, que ignoran de su historia, su contexto o que pasa en el mundo porque “no están ni ahí” pero que se encierran en Facebook, usan Whatsapp y se saben de memoria la vida de actores de cine, músicos o personajes de comic…
¿Qué hacer en dicho contexto? ya que la sociabilización es un rito, donde se transforma a un desconocido en conocido y dependiendo del manejo de los símbolos/signos y códigos que intercambien los participantes del rito, puede establecerse una relación con varios nombres.
Pero jamás se debe olvidar que solo podemos acercarnos a personas que estén predispuestas a que alguien se les acerque y las conozca, las personas que no quieren interactuar... se cerraran más aun y en el caso de que seas un antropólogo metido en una comunidad en conflicto... es muy posible que termines cuando menos morado (las piedras causan daño)… Producto a que intentaste consumir un "producto" que no estaba dispuesto a serte entregado para el consumo.
Ahí nos movemos todos nosotros conscientes, muy conscientes, con las manos libres y el espíritu encadenado, buscando algún punto ciego, creando vías mentales hacía ellos. Aparecen, entonces, fútiles instrumentos alguna vez diseñados y ya olvidados por los carceleros. Vociferados hace más de 70 décadas en grandes convenciones, proclamados como derechos inherentes a nuestra naturaleza social siendo realmente material de utilería de este gran montaje, objetos que sirven a mantener esta conciencia de esclavitud. El principal de ellos es el derecho a la revolución, esencial sustento de su maquinación, y vital elemento para nosotros. De este nacen, las que hoy son para nosotros herramientas, puntos ciegos de compleja ubicación, la desobediencia civil y la objeción de conciencia. Diseñados como vías escape necesarias en un sistema democrático representativo hoy pocos saben que alguna vez se reconoció su existencia y menos aún recuerdan la forma en cómo ejercerlos.
Están ahí, o, podrían no estar ahí, mal que mal para la tirana mayoría estos no existen. Aún así nosotros podemos ejercerlos, se levantan hoy como una vía más para expresar la disidencia y si bien, solo a los lejos veo que puedan servir a la destrucción del sistema representativo, no son ni más ni menos que esto, son útiles a un fin distinto, al de recordar a los demás, que siempre son más, que junto a ellos habitamos encarcelados los disconformes.
La desobediencia civil y la objeción de conciencia son construcciones jurídicas reconocidas por las leyes, en ningún caso por las leyes chilenas, sino solo a nivel internacional. A través de su consagración en las normas se les busca reducir a meras creaciones jurídicas, de tal forma de inculcar en nosotros una lógica según la cual al suprimir la ley estos derechos desaparecerían, lo que no es cierto ni para el más patriota ciudadano. El derecho a la revolución existe con independencia a si una norma lo contiene, porque cada hombre puede, si así lo quiere, destruir lo que ha forjado y determinar nuevas formas, para esto no ha requerido jamás que algún otro hombre lo gobierne y ha debido obedecer ciegamente su ordenamiento normativo.
Estos son instrumentos entregados a las minorías y si estas no pudieran desobedecer alguna obligación civil que se les impone personalmente e invocar una objeción de conciencia, la democracia en la que vivimos colapsaría al tornarse injusta para sus ciudadanos. Pese a esto, en muchos países, incluido el nuestro, si requiriésemos una habilitación legal para ejercerlos no la encontraríamos, no existe norma al respecto, lo que no significa que no estemos plenamente facultados para ejercerlos. En este sentido, el mejor ciudadano no dudaría en desobedecer una ley manifiestamente injusta, y nadie juzgaría al pacifista que opone objeción de conciencia ante la obligación de servir como soldado a su Estado, fue para situaciones como estas para las que nacieron estos instrumentos. Esto está bien para las minorías, pero para la disidencia la justicia nunca ha estado en la ley. Y como señala Thoreau, en su ensayo el El deber de la desobediencia civil, “No es deseable cultivar por la ley un respeto igual al que se acuerda a lo justo. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en todo momento lo que considero justo.”
Desde varias plataformas, me ha tocado oír de como se hace referencia al Hombre como un animal racional, aunque rara vez he tenido claro a que se hace referencia al respecto, producto a que se suele usar el lugar común de él puede pensar o que usa (valga la redundancia) su racionalidad.
Según la idea que se maneja en la conciencia colectiva, este concepto va ligado con la capacidad de lograr cuestionarse o encontrar soluciones a diversos problemas, puesto a que la racionalidad es visto casi como un sinónimo de inteligencia, pero desde una perspectiva netamente analítica.
Aunque recordando la idea original, de que sea una acción humana ¿Qué nos pasó durante la inquisición? ¿O durante los periodos de totalitarismos? Se perdió esta capacidad o simplemente será qué nos vimos como especie superados por muchas formas de verla. Incluso en nuestra época, la sola aparición de una serie de problemas, nos hace dudar acerca de la existencia de condición en todos los seres humanos.
Propongo para el entendimiento del concepto en sí un breve análisis histórico conceptual, que nos ayude a entender no tan solo el concepto, sino como nuestra sociedad occidental lo ha ido formando y de esta forma normando nuestras maneras de pensar.
Finalmente ver como este concepto puede articulado de otros que nos ayudarían a formar una sociedad más inclusiva, tolerante y responsable frente a sus actos, siempre y cuando sea una práctica que logremos hacerla a conciencia según nuestro contexto cultural y ciudadano.
Desarrollo.
Sobre el concepto.
El concepto de racionalidad, así como cualquier otro fenómeno social, jamás debe ser visto solamente como una idea prístina que vaga por el mundo de las ideas, sino que siempre debe llevar por soporte el contexto en el cual nace dicho concepto.
En este caso es un concepto que parte en el renacimiento y toma fuerza durante la revolución industrial y que sirvió para justificar moralmente a las potencias europeas, para que pudieran saquear el resto de los lugares del mundo que no se vieron iluminadas por los conocimientos científicos que estaba generando la época
Por aquellas épocas, corría la idea de que existían determinadas ideas mejores que otras puesto a que daban paso a la satisfacción de necesidades (financieras sobre todo y de dejaban de lado prioridades y motivaciones culturales. La racionalidad se entendió durante estos tiempos, como una forma de encontrar respuesta a estas soluciones, descartando toda subjetividad posible, producto a que lo único que importaba era el fin último.
Es así como se logró asentar en gran parte del mundo el capitalismo como el modelo de desarrollo en varios países durante el siglo XIX, así como idea filosófica de la modernidad, entendida como el periodo de la mercantilización de los recursos, el territorio y la producción industrial, aunque con el surgimiento de la antropología y de los estudios culturales, se comenzó un cuestionamiento al concepto en sí, puesto a que existe una relación social que se construye entre los sujetos individuales y los distintos sistemas en los cuales se ven insertos.
De esta forma podemos entender la racionalidad no como un dogma hegemónico, sino que una forma de manifestación social y cultural, que da muestras de cómo se van formando comunidades y de cómo estas poseen diferentes formas de estructurar tanto el pensamiento como el actuar de sus miembros, vale decir la racionalidad guarda relación con la conciencia social y personal, en el sentido de ser la herramienta mental para reconocerse a sí mismo como parte de una cultura, una sociedad y un sistema en donde hay muchas opciones y prioridades a tomar, pero que no debe desprenderse del lado emocional, puesto a que esto nos entrega un punto de equilibrio y nos enseña además en cómo podemos trabajar una idea en torno de las percepciones que esta pueda tener y las acciones que este dueto pueden causar.
Este llamado al reconocimiento consciente de la racionalidad guarda relación con las ideas de tolerancia y laicismo, la primera puesto a que al momento en el que existen diferentes racionalidades, hay que saber cómo reconocer y aceptar las distintas formas de generar racionalidad, salvaguardando siempre la integridad propia, mientras que la segunda debe ser entendida como una búsqueda permanente de la verdad, abierta a modificaciones, puesto a que es a través de la racionalidad, estamos obligados a cuestionar al respecto de ¿Dónde estamos?, ¿Qué somos?, ¿Qué queremos? y ¿Cómo vamos a conseguirlo?.
Ahora bien, para la respuesta de estas preguntas es siempre necesario el reconocimiento de nuestro contexto, puesto a que desde este no circunscribe solo nuestras bases materiales, tales como el donde nacimos, quienes nos criaron, nuestro grupo de pares o nuestra capacidad de acceso a determinados bienes y servicios, sino que también va de la mano el conjunto de representaciones simbólicas creadas en torno a las emociones, sentimientos y motivaciones que existan al respecto.
Pregunta.
¿Actuamos/pensamos racionalmente o nos dejamos llevar por otras formas de pensar que no se condicen con nuestra realidad?
Conclusiones.
Reconocer el llamado de lo es propio como una forma de buscar respuesta a nuestras inquietudes, siempre ayudará a traernos a la comodidad de lo conocido, hay veces en las que es bueno lograr hacer propios ciertos estilos, herramientas y estímulos externos, pero guardando siempre una perspectiva global, vale decir observar lo que nos pasa desde el cotidiano, y como esta en relación con una serie de procesos más grandes, tanto a nivel personal como social.
“Donde se quiere a los libros, se quiere a los hombres”, sentenció Heinrich Heine, uno de los poetas y ensayistas alemanes más importantes de siglo XIX, y aunque esta frase fue plasmada hace ya más de un siglo, tiene la misma fuerza y actualidad que cuando fue creada. Hoy en día en Chile se quiere poco a los libros, tanto por el impulso promoción que se le da a ellos y por el poco interés que tiene la sociedad hacia la literatura.
Los esfuerzos han sido bastantes pero los resultados escasos. En materia de bibliotecas públicas, aunque ha existido un incremento de estas, verdaderamente no han cumplido con el rol de fomentar e incrementar las cifras de lectura entre las personas, lo que se puede deber mayoritariamente a la falta de títulos y a la escasa cantidad de ejemplares que se tienen de un mismo libro (Es frustrante ir a una biblioteca pública, y darse cuenta que el libro que deseas pedir o, está pedido por otra persona y no existe otro ejemplar o simplemente el título no está disponible),sin nombrar la inversión insuficiente que se hace en materia de adquisición de nuevos ejemplares.
En el gobierno de Michelle Bachelet se creó, con muchas críticas por parte de la oposición de aquel entonces, el “Maletín Literario”, que consistía en un conjunto de libros de literatura universal y chilena que serían entregados a 400.000 familias de escasos recursos. Siempre se criticó que el proyecto, aunque ambicioso, no aseguraba nada (¿Quién asegura que el libro sea leído?) y que simplemente pasó a ser una iniciativa mas que no ayudó mucho. Eso sin adentrarse además en la polémica que causó la falta de entrega de los maletines y, la investigación de la contraloría por irregularidades.
La gran incógnita que nos surge es ¿Existe alguna forma de promover la lectura y que beneficie a todas las personas?, la respuesta es sí: La eliminación de impuesto IVA a los libros que se comercialicen en el país. Sabemos, que no es la panacea perfecta que solucionará todos nuestros problemas, pero ha sido sindicada por los mismos artistas como una manera de eficaz de asegurar el acceso más barato a los libros, observando los precios que hoy en día existen (un libro original, best seller y de mas de cuatrocientas páginas bordea los veinte y cinco mil pesos, siendo que el ingreso mínimo-que es la remuneración que recibe mas del 50% de los chilenos- es de ciento ochenta mil pesos).
Ha sido tarea pendiente por mas de 20 años en los gobierno de turno, que poco a poco han ido archivando el tema en carpetas de supuestos que nunca ven la luz. Aunque han sido parlamentarios de distintas bancadas que en el pasado han presentado el proyecto, este nunca se ha concretado como una ley. Como sabemos, el camino para que una propuesta se transforme en legislación vigente es muchas veces arduo, y depende de mas factores que la relevancia que puede tener o los beneficios que puede traer, muchas veces implica el aunar voluntades políticas contrapuestas. Eso sin nombrar, que aunque se ha increpado en
distintas ocasiones a los distintos presidentes de la república acerca de esta materia, estos han hecho oídos sordos (caso emblemático es una carta enviada en el 2003 al presidente Lagos por parte de distintos escritores que pedían la rebaja al impuesto, pero que nunca tuvo una respuesta oficial).
En la historia reciente, la odisea ha sido la misma. Recordemos el caso de la inclusión de Chile en la OCDE(organización de cooperación internacional, cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales para un desarrollo). El gobierno de Bachelet, al recibir la inminente aprobación por parte de la organización, planteó que esta sería de mucha ayuda para el desarrollo del país. Sin embargo, al observar las políticas de impuesto a los libro que la mayoría de los países miembros tiene( más de la mitad de estos países posee un impuesto inferior al 7%) está muy lejana a nuestra realidad (el 19% que tenemos hoy en día). En aquel entonces la presidenta declaraba: “Chile deja atrás el subdesarrollo y se encamina a paso firme para convertirse en una nación desarrollada en unos años más”. ¿No hubiese sido mejor fomentar políticas como culturales como la mencionada para comenzar a encaminarnos al desarrollo? La pregunta queda abierta.
El último intento fue del diputado Ramón Farías, quien este año en el Día internacional del Libro, declaró la necesidad de presentar un proyecto de ley para eliminar este impuesto. Señalaba en aquel entonces que lo que recibe el estado por el concepto de IVA de los libro es mínimo, por lo que no implicaría una pérdida considerable para las arcas fiscales. Ya han pasado mas de 6 meses de aquello y no vemos ninguna señal de que las cosas vayan a cambiar.
Punto aparte es el de las propias editoriales. Con el paso del tiempo, algunas de las que existían en el país han quebrado por la falta de ventas y las uqe han ido quedando, sacan una gran tajada en lo que respecta a las ganancias de cada ejemplar, lo que aumenta bastante el costo de los libros, además de no incentivar la lectura y fomentar la piratería, industria enraizada en nuestra cultura.
Por último cabe analizar el gobierno actual. Todavía como candidato Piñera en un debate presidencial señalaba que no estaba de acuerdo con baja el impuesto al libro, ya que de esta forma “Se le baja el impuesto a los libro buenos y malos, a los que sirven y no sirven”, además señalaba que prefería crear un fondo para las bibliotecas públicas y así fomentar la lectura. Surge la pregunta ¿Quién elige cuándo un libro es bueno o malo?, ¿El estado elige que libro merece o no ser leído?, ¿No será mejor, la libertad de elección en estos casos? Las interrogantes aún no tiene respuesta.
Acerca de la creación del fondo para las bibliotecas públicas, hoy después de terremoto existen razones y excusas suficientes como para aplazar el proyecto, por lo que es seguro que no veamos estas iniciativas plasmadas en un buen tiempo, y no nos queda nada mas que esperar a que, o los libros bajen, o los ingresos suban para poder acceder a la cultura con mayor facilidad. Como dicen, en casa de herrero cuchillo de palo, Chile con dos nobel en literatura que son el orgullo nacional y los precios de sus escritos, por las nubes.