‘ ¡Mil disculpas por la molestia! ’ tras unos ligeros golpeteos en el hombro de la otra persona, que escogió al azar porque no lograba dar con su doncella por ningún lado, la blonda esbozó su más grande sonrisa compradora ‘ ¿Podría tomarme una fotografía con este paisaje de fondo? Sucede que una selfie no se vería ni la mitad de bien ’ de las mil cosas por las que Mallory podría estar ansiosa o nerviosa, lo que más peso tenía en su mente era el ser capaz de inmortalizar su presencia en aquel imponente palacio para recordarse más tarde que no estaba soñando.
Le dolían los pies, no sabía cuánto tiempo llevaba de pie mirando que todo estuviera en orden (y buscando al príncipe que debía cuidar. Solo se distrajo por cinco segundos con una bandeja de camarones y cuando volvió la mirada ya había perdido al príncipe) y la etiqueta de su camisa ya comenzaba a picarle. Así que agradeció cuando la muchacha le llamó la atención y le pidió sacar una fotografía, era la excusa perfecta para dejar el trabajo por unos minutos. “Por supuesto” respondió sin pensarlo. “¿Dónde desea que me coloque? ¿Estoy bien aquí?” inquirió dándole la espalda a otro guardia que se había acercado para darle alguna orden probablemente. “¿Cuántas necesita? Porque puedo sacar todas las que quiera”.











