I have a cold. | Isla&Gaspard
Isla: No me importará hacerlo, no hará falta que me secuestres para ello. -Rió en tono bajo, tosiendo un poco, tapándose con el antebrazo educadamente. Sorbió por la nariz y volvió a acomodar su cabeza en la almohada, entrecerrando los ojos hasta finalmente cerrarlos, respirando agitadamente debido al resfriado. Ni siquiera se percató de su nerviosismo ni de las muecas que puso dado a que había cerrado los ojos, en cualquier otra circunstancia aquel gesto le habría preocupado seriamente.- Hm... -Al notar que le daba algo, decidió mirar y se sentó, con los cabellos revueltos y entorpeciendo en su rostro.- Vale... Gracias, Gaspard. Eres muy amable. -Tomó la medicina, que se basaba en una pastilla, y lo tragó de un golpe junto al agua, tosiendo varias veces, volviendo a taparse.- De verdad que no sé cómo agradecértelo. Me compras la medicina, me cuidas, me regalas estos magníficos libros... Debo hacer algo a cambio por ti. Puedes pedirme lo que quieras, cuando esté sana lo haré. Soy buena con la costura, recuerda. -Rió en tono bajo, volviendo a tumbarse.- Disculpa que me tumbe, pero sentada me duele la cabeza...
Gaspard: Te tomaré la palabra.- Le prometió con una ligera sonrisa en el rostro, apenas era visible en su ceñudo gesto, todavía sufriendo de aquel repentino nerviosismo, causado por la acción inesperada de la rubia, ella simplemente seguía sacándolo de su zona de confort y todavía no entendía porqué le gustaba que lo hiciera. Esperó a que tomara la medicina y la observó mientras lo hacía, asegurándose de que en verdad la tragara, una costumbre que se había creado a él mismo después de su rotación por urgencias. Rascó su nuca incómodo, ni si quiera él sabía porqué lo hacía, mucho menos sabía cómo es que ella le pagaría o si quería que le pagara totalmente. Observó preocupado la forma en que su cuerpo se rendía ante el cansancio, recostándose en la mullida cama. Se sentó a sus pies, observando la habitación que lo rodeaba- No tienes que pagarme en absoluto lo hago...para ayudarte, no necesitas sentirte en deuda ni nada por el estilo- Pues no entendía aquel instinto que le hacía salir de la biblioteca y correr a la farmacia, un instinto de protegerla que no terminaba de entender- Deberías dormir.- Le indicó con un susurro, sabiendo que debería de salir de ahí antes de confundirse en mayor medida.













