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Golpeada por la iluminación de la única fuente de calidez en la temporada invernal, la figura de aquel individuo logró que sus pestañas se movieran tentativas, el manto níveo quedando atrás ante los vestigios de sus pies y una sonrisa tomando posesión del semblante femenino, ignorando por completo el murmullo del saboteador del qué dirán, tomó con más fuerza su compañera de aventuras, capturando de inmediato el perfil del modelo que, por aquellos segundos, simplemente suplicaba ser inmortalizado en un portal de memorias, un oasis en la sequía de trabajo efectuado. Pero, ah, contacto visual de tres segundos y la vergüenza propagándose por sus facciones, estando a pocos metros de aquella persona esperaba que la distracción bastara como para no ser atrapada en medio de su trabajo ausente de autorización y permiso, pero se equivocó— Prometo que no terminará en ningún sitio de Internet. —vacilante, se acercó más, mientras sus delgados dedos soltaban un poco la cámara, colgando desde el collar negruzco y así mismo tomando la iniciativa antes de ingresar en un incómodo silencio no deseado.
No le gustaba ser tomada como modelo, y mucho menos de imprevisto. En realidad a Isla Ramsay lo que menos le interesaba era llamar extremadamente la atención, y ser modelo de algo implicaba que la mirada de muchos curiosos se posaran en tu persona. Por eso mismo ella se renegaba en ser la propia modelo de sus creaciones. Más en aquella ocasión no esperaba realmente ser capturada por sorpresa, con una vívida imagen de su cuerpo moviéndose al compás de unos pasos firmes, su rostro ladeado y el cabello desordenado por culpa del viento que golpeaba contra la figura femenina. Parpadeó repetidas veces, sorprendida por el comentario de la ojiazul. ¿Le acababa de tomar una fotografía? -- Espero que haya salido mal... --Al instante se arrepintió, no porque quisiera que su trabajo fuera en vano, o pésimo, sino porque no quería ser ella la que protagonizara la ilustración. -- Quiero decir, que no sea una imagen para conservar.
Aún meditaba cómo había terminado en aquella situación, cuando al principio se encontraba a solas sentada en aquella mesa de la cafetería, donde tan solo pretendía almorzar y tomarse una buena taza de café para acabar. Pero no, no pudo disfrutar de su amada bebida caliente cuando una pareja se sentó en su mesa, uno a cada lado, con ella entre medias. Al inicio todo parecía ir bien, pero de repente se pusieron a discutir sin venir a cuento, porque sí, gritándose mil cosas y echándose en cara diferentes situaciones que, Isla, desconocía. No sabía cómo salir de esa, tampoco quería sonar maleducada pidiendo que se callaran, pero no había ninguna otra mesa libre para cambiarse y tampoco quería llamar demasiado la atención. Pero aquello era incómodo no, lo siguiente. Lo único que asomaba en su cabeza era "¿Las relaciones son siempre así de difíciles?" Pero qué iba a decir la británica, ese asunto no iba con ella.
─No, no es justo que te quedes aquí por unos cuantos minutos más.─aclaró mientras se ponía de cuclillas, no era una buena idea meter la mano allí adentro, ¿y qué si se quedaba trabado? Sabía que eso dificultaría más las cosas y la rubia terminaría estando allí por varios minutos más, así que se levanto de allí y sacudió las rodilleras de su jean.─Puedes ayudarme a golpearla.─sabía que esa propuesta era absurda, ya que a simple vista se veía delicada, pero valía la pena considerar esa idea.─No creo que nos van a decir nada, además sirve para descargarte.─le comentó esperando que aquello la convenciera, simplemente quería su snack para llenar la escasez de alimento. Con la mano comenzó a dar los mismos golpes que antes, ahora un poco más fuerte y luego hizo una pausa para observarla.─¿Tu nombre es…?─una de sus cejas se arquearon, había olvidado por completo que hablaba con una extraña.
Iba a protestar, pero sabía que no ganaría nada quejándose, así que decidió maantener silencio hasta que volviera a necesitar de una conversación entre dos y no un monólogo en el que se negaba a aceptar su ayuda. Hasta ahora. -- ¿Crees que golpearla es la solución? --Inquirió un tanto desconcertada, más parecía ser una opción, más o menos, veraz. Dio con la palma abierta un par de veces en el lateral, sin mucha fuerza. El único resultado fue un sonido seco en el interior de la máquina, más no hubo cambio alguno. El silencio se hizo presente por más tiempo del necesario.-- Normalmente los golpes no es mi elección predilecta a la hora de... ¿Descargarme? Pero suena entretenida. --Golpeó una vez más el lateral, con tan mala suerte que se dañó en una de sus falanges. Aferró el dedo con dolor, haciendo una mueca que trató de ocultar con una sonrisa tediosa.-- Isla. Soy Isla. ¿Y tú? --Trató de pronunciar el "Aish-la" perfectamente para que no confundiera su nombre. Manía que había adoptado tras varios años de confusiones con su apelativo.
La mirada jamás se apartó del invisible lienzo que ahora estaba recubierto por pintura, las pinceladas se habían detenido cuando reconoció el familiar acento, británico, podía predecir cada ondulación que la lengua formulaba para embarcarse en la transformación de melodías predecibles a los oídos ingleses. Chasqueó su lengua, rebuscando coincidencias en su consciente y registrando la voz de la blonda cuando sus labios volvieron a separarse, la necesidad de disculparse por una situación que no lo meritaba —. Esa excusa está demasiado gastada, no te salvará de volverte la culpable de destrozar semejante obra de arte — burlona, se volteó apartándose de su pincel para sumergirlo en el contenido grisáceo —. Yo tampoco — murmuró señalando con su mentón la obra elaborada por la joven, de cabellos áureos —, ese estilo es agradable. Jamás pude desarrollar algo semejante, quizás el pintar cosas sin sentido sea mi mayor logro — le dedicó un guiño volviendo a la interminable aventura, que comenzaba a recobrar un poco de acción y mezclarse con el drama, una historia que combinaba en extremo su sensibilidad y dejaba toda abstinencia lejos de los pinceles, como algo pasajero e inexistente —. Mi madre siempre dijo, que el día que pintara una Mona Lisa podría comenzar a mirar mis pinturas como algo de arte — murmuró, distante, dejando que la tonalidad rencorosa únicamente fuera evidente en el trazo constante.
Acalló al escuchar su comentario, sintiéndose aturdida por la crítica que salió de los labios femeninos. Meditó un aporte mejor, pero nada adecuado parecía querer salir de su cerebro, así que prefirió quedar en silencio hasta que ella hiciera otro indicio de conversación que, por suerte, no tardó en llegar. Alejó sus luceros verde oliva hasta la silueta que componía su esbozo, que para nada era algo fuera de lo normal; sencillamente podías visualizar una joven con un hermoso traje tomando una taza de té al más puro estilo inglés; lo más hermoso del atuendo era que se basaba en la época victoriana.-- Bueno, lo abstracto también es considerado hermoso. Y normalmente sus cuadros son reflejo de las emociones y sentimientos de su autor. --Regresó la atención hasta el esbozo de la castaña, atendiendo cada curvatura y delineado que allí presentaba el mural.-- Cada uno tiene una perspectiva distinta, yo no creo que esto no sea arte. Es sólo otro tipo de arte. Y, de nuevo, lamento haberte estropeado... ya sabes, eso.
Una pequeña sonrisa quiso formarse en su rostro, haciéndole torcer los labios pero no lo suficiente como para mostrar aquella sonrisa que, genuinamente había llegado casi a formársele en la boca. Soltó un suspiro mientas se humedecía los labios, esperando a que la rubia –que ya había reconocido– alzara la mirada y lo observara. Al principio pensó que simplemente dejaría de hablar y se alejaría, considerando que la última vez que habían hablado no habían acabado en buenos términos exactamente. —No tengo tanto aprecio por estas zapatillas, pero tampoco se me apetece que las manchen con pintura sólo porque sí. —Contestó, encogiéndose de hombros mientras observaba sus gastadas zapatillas con las cuales solía jugar pequeños partidos de fútbol con sus amigos cuando estaban fuera de clases. —No tienes que seguir hablándome por educación, ¿eh? Sé que no me consideras la mejor compañía en estos momentos, así que no me ofenderé si prefieres marcharte. Aunque, si tomamos en cuenta que tu pared asignada está al lado de la mía… no podrás ir muy lejos. —Agregó con una pequeña sonrisita, la cual desapareció tan rápido como llegó. Cogió otro tarro de pintura, de diferente color al que había estado usando, tampoco le importaba si pegaban mucho. Estaba seguro de que su “arte” era una mierda y seguramente alguien se apiadaría de él y cambiaría eso por una verdadera obra de arte.
Pues quizá con otro tono te quedarían mejor, pero tú te lo pierdes. --Detalló, sin borrar la sonrisa de sus labios. Se inclinó y tomó el paño que tenía colgado al cinturón para limpiar el color sobrante, dejando que invadieran ambos colores en el canzado. En lo que hacía aquello, pudo escuchar perfectamente lo que dijo. Sabía que tarde o temprano aquello saldría a la luz, pero no tenía intención alguna de responder a aquello, ¿razón? No estaba segura, simplemente tenía la necesidad de dejarlo aparcado. La gente cometía errores, decía cosas en caliente y luego se arrepentía. Ella hizo algo que pagaría por mucho tiempo, y ni capaz se veía de decirlo en voz alta, jamás podría soltar con naturalidad el horror que hizo pagar a su padre. Y ahora, se volvía a repetir la escena. ¿Por qué había actuado como lo hizo? No estaba segura, en realidad no sabía ni lo que hacía, se dejó llevar por un instinto primario y no pensó en sus consecuencias... Cosa que siempre se volcaba a fortalecer cada día: piensa y medita. Pero no. Ahora lo único que esperaba era que esa parte pasada se fuera alejando y difuminando poco a poco. Tomó la brocha y observó el dibujo que él estaba llevando a cabo, para después pasar al propio. -- Si continúas haciendo trazos tan grandes, estoy segura de que finalmente ambas partes del mural quedarán juntas. --Añadió, dejando escapar una pequeña risa. Llevó su brocha hasta su propio dibujo y comenzó a delinear con aquel tono rojizo hasta unirse con el de él.-- Mi dibujo ha dado a luz al tuyo. -- Comentó como si nada, aunque no sabía si le molestaría lo que acababa de hacer, así que hizo un mohín con los labios.-- ¿Te ha molestado?
CARTA // CASAS
¡Muchas felicidades! Drąsa vuelve a abrir sus puertas para posibles interesados y debes saber que sería un verdadero placer tenerte entre nosotros, ¡buena vida, buena felicidad de universitario!
CARTA // CASA
Son diferentes las razones por las cuales te hemos elegido para formar parte de nosotros, simplemente deseamos que la tomes la decisión correcta y elijas con tranquilidad, Wisdom tiene las puertas abiertas para ti.
Isla Ramsay Moodboard [2 - ? ]
No tenía idea de lo que estaba haciendo con aquella brocha en la mano, intentaba trazar formas y buscar algún sentido a la pintura que iba creando al deslizar aquel instrumento por la pared. Frunció un poco los labios y arrugó la frente al notar que los colores no quedaban del todo bien. —Joder. Esto es una verdadera mierda. —Replicó, pasándose la mano por la vieja y sucia camiseta que se había puesto pues solía usarla para ese tipo de cosas, así evitaba hacer mierda la ropa decente que tenía. Se volteó para cambiar el tarro de pintura e intentar crear otra cosa, pero entonces chocó con alguien, provocando que el tarro se derramara un poco en los pies de la persona. El boxeador pudo detener el líquido espeso que caía, pero no fue lo suficientemente rápido. Los zapatos de la persona estaban totalmente arruinados—. Oh. Eh… ¿lo siento? Ha sido un accidente. —Se disculpó, o al menos intentó hacerlo mientras dejaba el tarro de pintura a un lado, no dispuesto a arriesgarse a arruinar otra cosa más.
En situaciones como aquella, se negaba a llevar consigo alguno de sus bonitos vestidos o un calzado elegante, por miedo a que la pintura salpicara y destrozara aquella belleza que vestía casi día a día; Isla era muy exigente con su ropa. En esa ocasión se puso un vaquero antiguo, desgastado, que poco le importaba si se manchaba, con una camisa de manga corta blanca, la cual ahora tenía decenas de siluetas imaginarias de tonalidades dispersas, logrando un estampado diferente y casi hipnótico. Agradeció mil y una vez el decidirse por llevar unas converse antiguas, de esas antiguas, casi rotas y que no tiras porque te traen recuerdos de años pasados, pero que desde luego no se ponía nunca porque terminarían muriendo en cualquier momento. Así que cuando adornó ese color en toda su totalidad, dejó escapar un suspiro.-- Le da un toque distinto, incluso parecen nuevas. No sé si darte las gracias o preocuparme. --Bromeó, sin saber quién era la otra persona hasta que alzó la vista. La sonrisa menguó al reconocerle, pero segundos después volvió a recobrar su sentido, intentando parecer natural.-- No te preocupes, podría tirarte yo mi bote por las tuyas y así estaríamos a la par. Pero quizá le tengas aprecio a tu calzado y sea una mala idea.
Una muy desaliñada Minki aparecía en escena luego de ser participe de una guerra de pintura. Mientras algunos estaban absortos en su trabajo, había un grupo que disfrutaba de la tarde conociendo y jugando con otros estudiantes. —¡Me rindo! —Al verse rodeada, corrió detrás de los basureros con brocha en mano. Apaciguando su risa, escuchó el leve pisar de alguien que se acercaba e, instintivamente, salió de su escondite y apuntó a la persona con el pincel un par de veces. —He dicho que me rindo… —calló al ver el rostro ajeno salpicado de pintura. Alzó sus manos en defensa, reprimiendo una risita. —Lo siento… Fue un accidente, aunque el tono le viene a tu piel.
Necesitaba más pintura roja. Fue hasta el lugar donde descansaban montones de botes de distintas tonalidades en una amplia mesa, con tan mala suerte que en el camino se encontró con una joven que parecía estar jugando. Y tan bien jugaba, que terminó salpicando el rostro de la británica de ese tono que precisamente estaba buscando. Apartó algo de la pintura de sus ojos, con el paño blanco (ahora con varias salpicaduras diversas) acariciando su piel. Ahora estaba más limpia... en resumidas cuentas.-- Tranquila, podría haberle pasado a cualquiera. -- Reconoció a la rubia al instante, sonriendo sin poder evitarlo.-- Aunque... --Tomó el mismo pincel que la joven tenía en sus manos y le pintó dos líneas largas en las mejillas, riendo con ganas.-- Ahora pareces una india.
No fue prolongado el período de espera por parte del grupo estudiantil para demostrar signos de un característico desgano adolescente, cansancio notable a raíz de patrones repetitivos y matices que prometían monotonía periférica. Una precursora identidad anónima dio frutos a la súbita explosión de pigmentos; murales tiñéndose en tonalidades foráneas, carcajadas emergiendo de los labios de la mayoría, menos en los de cierta cobriza que amenazaba con dejarse llevar por los impulsos infantiles. Una brocha ajena acarició su nariz con gracia al ver su actitud, ganándose una mirada un tanto molesta. ─ Es la última vez que participo en una actividad como esta. ─ Comentó, observando su labor perfeccionista arruinada por tal comportamiento pueril. ─ Es un desastre, es irreparable, tardaré horas en arreglarlo y ¿qué si la pintura no sale? ─ Suspiró, haciendo una pequeña pausa, tratando de comprender la situación y no volcarse a una reacción predecible. ─ ¿Me ayudas a limpiarme el rostro, al menos?
No tenía intención alguna de hacer lo que hizo, pero simplemente el destino pone una serie de etapas que ninguno puede evitar, y en esa ocasión, la torpeza de la rubia junto con un bote mal puesto en el suelo por algún alumno despistado, fue suficiente para que la brocha azulada de Isla terminara tiñendo de un color brillante la respingona nariz de Mia. -- Uy. De verdad lo siento, no era mi intención y... --Acalló al escucharla, volviendo la vista al dibujo que tenía entre manos. No estaba tan mal... por el momento. -- No se ve tan mal. --Añadió, para después buscar entre sus bolsillos un pañuelo, el cual no tardó en hallar. Extendió el mismo hacia el rostro de la morena, con una sonrisa amable.-- Espero que sirva, igual si no se quita puedes lavarte con un poco de agua.
El tiempo se había detenido en dedos de la inglesa, su mente consumida por los trazos invisibles que decoraban su consciente y toda energía empleada con el único fin de darle vida. La presencia entretenida para todo espectador de aquella esencia fiel a su mural. Líneas sin aparente sentido que acababan acarreando toda emoción jamás pronunciada en voz alta. La lengua rozaba el labio superior y las orbes esmeralda danzaban a través del inexistente lienzo. Sintió la presencia de alguien más, desconocido a sus sentidos. No permitió que pronunciara palabra alguna cuando abrió su boca —. Si algún trazo escapa de lo ideal, culparé tu mera presencia como un factor distractor — culpó sin apartar la mirada y posarla en la persona recién llegada —. Ah— añadió, ocurrente —, pero espera, te has ganado el privilegio de alcanzarme el bote de tono gris— concluyó con las comisuras levemente alzadas, volviendo a retomar el camino previsto.
No quería incomodar a Lena, sin embargo aquel dibujo era digo de admirar, por lo que dejó su lado del mural para caminar con paso lento y decidido hasta donde se situaba la castaña, dejando una distancia prudencial entre ambas. Aquellas pinceladas transmitían más de o que, quizá, ella quería expresar... o puede que no. Pero lo que sí había logrado era mantener aquella atención británica sobre cada color, cada línea, cada forma que reflejaba aquel espacio.-- ¿Eh? --Su voz logró, de alguna forma, sacar aquellos pensamientos de la rubia, quien desvió la mirada en dirección a la figura femenina.-- No pretendía molestar. --Añadió rápidamente, por si había alguna duda al respecto. Buscó aquel llamado bote gris, haciendo lo que le pedía. Aferró el mismo y lo acercó hasta ella.-- Es muy bonito, no sabía que podías pintar tan bien.
I got!
One less problem without ya!
Los estudios se volvieron su prioridad desde que las vacaciones se habían acabado. Los profesores sin piedad alguna volvieron a dar una gran cantidad de tarea y la responsabilidad del castaño era mucho más fuerte que la desidia. Caminando hacía la biblioteca, cargando un par de libros para devolver, se encontró una dispensadora de snacks. Su estomago estaba vacío desde tempranas horas de la mañana, así que rebusco en su bolsillo un billete para recompensar el apetito. Una vez que lo hizo, apretó el botón indicado y el ruido del de la maquina fue nulo. Inocentemente, pensó que era cuestión de tiempo, o que el paquete de frituras ya había bajado, pero no era así. Mirando a ambos costados del pasillo, se aseguro que nadie viera el golpe que le dio a la maquina. El choque de su palma con el metal fue tan enclenque que ni siquiera escucho una respuesta. Volvió a la misma acción de antes, esperando una réplica diferente, pero era lo mismo. Su preocupación de pronto se torno en frustración y los bufidos no paraban de salir de sus labios. Todo se volvió peor cuando una figura desconocida se coloco detrás de él, esperando su turno. Ya rendido, y con preocupaciones encimadas, giro en dirección a aquella silueta y comentó con cierta vergüenza;─Lo siento, tendrás que esperar…─indicó con la barbilla al aparato y continuó.─o ir a otra dispensadora, creo que esta rota.─sus labios se fruncieron y volvió a darle otro golpe al rectángulo metálico.
No le gustaba ser molesta, en realidad podría haber esperado todo el tiempo preciso, dado a que ya había terminado sus clases y ese día no tenía que ir a ninguno de los Clubs, pero el joven frente a ella parecía estar de los nervios por su simple presencia espectante detrás suya. Meditó la idea de irse, dejarle su espacio, no incomodarle y, quizá, regresar después... Pero incluso el hombre fue más rápido a la hora de decidir sus acciones y la encaró. Con un parpadeo confuso, la británica tardó unos segundos de más en meditar su respuesta.-- No importa, puedo esperar. ¿Quieres ayuda? --Miró por un lateral del cuerpo ajeno, observando la máquina averiada.-- ¿Llamo a alguien para que lo mire?
[wssp:] Pues, ami me gusto mucho la primera opción, pero la segunda es muy tentadora. [wssp:] ¡ESA TAMBIÉN ES UNA BUENA! [wssp:] Pues, él es un idiota y ella le gusta frozen, ¿tú qué crees? No hubiesen ni siquiera podido intentarlo. [wssp:] POrqué estamos hablando de que Addie ya no es virgen, síp, por eso. [wssp:] Vale... En ese caso creo que debería valerte mierda, síp. [wssp:] ¿Le has dicho que tiene polla pequeña? ¡Qué atrevida, Isla, qué atrevida! ¡Qué descaro! vale, ya. Era joda.
WhatsApp: Sabes que es mi futuro, Loreley.WhatsApp: Sigo sin entenderlo… ¿Qué tien que ver que ella vea Frozen y que él sea un idiota?WhatsApp: Ya, ha quedado claro. Todos hablan de lo virgen que era, pues ya no. ¿Y qué? Ser virgen tampoco es algo raro. No es que estés enfermo o qué sé yo.WhatsApp: Pues no me vale… ¿mierda? No del todo.WhatsApp: No puedo decirle eso… ¡Para empezar porque no lo sé! Y… y no quiero decirlo.