Llevaba unas horas revisando las últimas páginas del libro. No era algo espectacular, pero al menos le había gustado como había terminado todo. Lo suyo no era escribir, así que dedicó los últimos años a editar. Tenía un trabajo estable en una editorial en new york, no era jefe ni algo extravagante, era digno y sencillo. Además; le gustaba leer. Las últimas páginas del libro fueron tediosas, pero consiguió acabar antes de media noche. Apostaba a que Ian estaba dormido, no iba a molestarlo de todas formas.
Nicholas se levantó del sofá dejando las hojas acomodadas sobre la mesa de café y tomó la copa de vino para llevarla a la cocina. Hacía mucho que no tomaba, pero desde que decidió abrirse a una relación con el otro hombre… bueno, sus ganas de estar un poco más relajado le urgieron. El pensamiento de “relación” le causó risa. ¿Que clase de relación tenían realmente? Ian era un fuck boy, Nicholas le conoció por un amigo en común, se hicieron novios bastante rápido ya que él no sabía cómo decir que no nunca. Tuvieron una cita o algo por el estilo unas noches atrás, Nick se sintió pésimo por no querer besarle pero, ¿que más podía hacer?
Soltó un gruñido avanzando por el recibidor. Extrañaba su vieja casa, sus cosas, pero el regresar y pisar la propiedad que Joseph le había regalado no estaba en sus planes futuros. Bueno, quizás si las cosas se ponían feas con Ian… Sacudió la cabeza, siempre pensaba lo peor. Pero demonios, el hombre estaba quedándose con él incluso cuando no habían compartido más que unas risas y unos momentos incómodos cuando Nick se negó varias veces a ir más allá. Quizás el hombre era paciente, o simplemente conseguía acción en otro lado. No lo culparía, todos sus ex lo hacían de todas formas. “Wow, pesimista y borracho. Nada bueno, Nicky.” Se dijo justamente al llegar a la cocina y dejar la copa sobre la mesa. No iba a lavarla, tenía dolor de cabeza. Ese era su problema al tomar; se ponía melancólico y estupido. Nick había dejado de ser melancólico con respecto al pasado, eso era más que obvio. Pero existían días en los que se ponía a pensar de más y acababa como en ese momento. No se podía pedir mucho de un chico medio borracho con miedo de meterse a la cama.
Bien, ya era momento de dejar la tontería; se dirigió a la sala para llevarse el manuscrito a la pequeña oficina que instaló en el departamento, cuando escuchó el crujir de la madera. Se congeló de inmediato donde estaba desviando la vista a todos los lados habidos y por haber. Divisó la puerta de entrada abierta y la sangre se le heló ¿había dejado la puerta abierta? Apretó los labios, armándose de valor, y avanzó con rapidez hasta la puerta dispuesto a cerrarla, pero el movimiento se le vio frustrado por Ian. “¿Que haces?” El hombre le preguntó desde afuera, sosteniendo la puerta para que esta no le golpease en la cara.
“Uh, ¿Qué haces afuera?” Fue lo único inteligente que se le ocurrió. El mayor elevó una ceja, o al menos eso divisó Nicholas cuando fijó sus ojos verdes en los contrarios.
“Fui por algo a mi auto… ¿estás seguro de encontrarte bien?” Nick dejó ir la puerta dando un leve paso hacia atrás, sintiéndose torpe. El mayor entro pero no cerró la puerta, simplemente le observó en silencio esperando una respuesta que jamás llegó. Este suspiró y volvió a salir, Nick le siguió con la mirada y luego dio unos pasos para verle. Ian fue al elevador y saco un maletín, posiblemente de su trabajo y le sonrió. Nicholas alzó la vista para dedicarle una sonrisa cuando éste se dirigió de regreso al departamento y le pasó por un lado, no sin antes darle un beso en la mejilla. “Debes descansar, estas paranoico, amor.” Dicho esto Ian entró, dejando a Nick parado en la puerta. Anteriormente, cuando elevó la vista y sonrío fue completamente para su ‘pareja’, pero rápidamente cuando notó movimiento detrás de él; Nicholas se había congelado.
Los ojos verdes al otro lado del pasillo parecían filosos. Eran como dos dagas que le atravesaban. Nick apenas fue consciente de las palabras de Ian, es que no podía pensar en nada más que la penetrante mirada y, por si fuera poco, la rígida postura de Joseph. Habían pasado meses desde la última vez que posó su mirada en el hombre. Quizás la última vez casi, y digo casi, se deja llevar un poquito y comete una estupidez, pero gracias a dios su fuerza de voluntad era enorme. No supo como, cuando o porque, pero ignoro todo y entró. Entro y cerró la puerta detrás de él como si de eso dependiese su vida. Pudo sentir el corazón latirle tan fuerte en el pecho, que si no fuese porque sabía a ciencia cierta que el mismo no podría salírsele volando, podría jurar que todo el jodido edificio le escuchaba.
“Pero que mierda, Nicholas.” Se dijo, aún contra la puerta ya que no confiaba en sus borrachas piernas. Era el alcohol. Claro que sí. Con un respiro profundo se dio fuerza y avanzó a la sala para hacer lo que tenía que hacer, aunque luego de toda la escena que el mismo causó; quizás podría volver a leer el capítulo en busca de errores.
Y eso hizo. Eso hizo hasta que se quedó dormido en el sofá con las hojas resbalando de sus manos.
Sintió dos manos firmes tomar sus muñecas, un cuerpo de considerable tamaño posicionándose sobre si, y un par de labios rozando los suyos. Sus manos sobre el brazo del mueble en una posición bastante incómoda si no fuese porque el calor que el otro cuerpo irradiaba le hacía sentir cómodo. No abrió los ojos, pero tampoco se escandalizó demasiado. Quizás era tiempo de hacer algo más con Ian ¿no? Aún medio dormido Nicholas entreabrió sus labios cuando finalmente el beso fue algo real y no un simple roce. Se sentía tan familiar que hasta llego a pensar que no sería tan malo tener una pareja… no fue hasta que el beso se quebró y Nick comenzó a mover sus caderas rozándose contra las contrarias, que lo supo. Lo supo y se congeló. Los labios que había estado besando se curvaron contra su mejilla conforme se acercaban a su oído. Sintió la bilis en su garganta en cuanto la voz estalló en el silencio.
“Aún me deseas, Nicholas.”
Soltó un gemido de horror, alzándose, solo para descubrirse a si mismo solo, en la penumbra de la sala cubierto por un edredón. No. ¡No!