[F i r s t Date]
Observaba a la gente de la calle mientras esperaba a que Kise saliese. Se notaba la proximidad con las fiestas navideñas, pues la mayoría de las personas presentes se movían con prisas y cargadas con múltiples bolsas de diversos colores. Curiosamente, a pesar de que cada uno iba por su lado y muchas veces en dirección opuesta a otro grupo de gente, nunca se chocaban. También se percató de que cada vez había más gente. Hizo una mueca de desagrado apenas perceptible. No era muy fan de moverse entre multitudes…
Entonces, sintió algo cálido rodear su cuello, seguido por el aroma de Kise. Esbozó una sonrisa y desvió la mirada hacia el rubio, siendo testigo del cuidado que ponía en aquella acción. Entrelazó los dedos con los ajenos y cerró un momento los ojos al recibir el beso en la frente. Aquel gesto había sido realmente tierno.
Asintió con la cabeza y separó los labios para añadir algo. —Echaremos raíces como sigamos aquí. Además, me pondré celoso si tu fan vuelve a pedirte una cita. —bromeó, frunciendo el ceño e hinchando las mejillas para dar más dramatismo a su comentario.
Se dejó llevar por Ryouta. Sentía como si su mano le guiaba por la aquella multitud y el anterior sentimiento incómodo que experimentó, se disipó. El rubio no sólo le inspiraba confianza, sino también seguridad y eso le hacía sentir feliz, sentimiento que expresaba con una amplia sonrisa. No recordaba haber sonreído tanto en un mismo día. Estrechó un poco el agarre con la mano contraria y dio un par de zancadas para adaptarse al ritmo del más alto. De vez en cuando, su mirada se cruzaba con la de él y un pequeño sonrojo se asentaba en sus mejillas. Se sentía idiota por aquella reacción, pero tampoco era algo que le disgustase.
Reía bajito alguna vez, cuando Kise le besaba en la mejilla y se juntaba más a él, buscando más contacto de aquellos labios suaves. Al final terminó por cruzar el brazo con el contrario, quedando el agarre de sus manos mucho más firme.
En la última calle que cruzaron, buscó con la mirada la farmacia. No debían estar muy lejos. Eso le recordó, que no había preguntado a Ryouta qué tal estaba. Le miró una vez más, para encontrarse con aquella ¿disculpa? Eso le pareció aún mucho más tierno y sin poder evitarlo, se puso de puntillas y le dio un fugaz beso en los labios. —Acepto tus disculpas. —respondió en broma. —Pero luego, tendrás que refrescarme la memoria.
Desde luego, esa cita iba a terminar con una ración extra de mimos. Tanto aguante no podía ser bueno… Pero tendrían que acostumbrarse a aquella discreción, no les quedaba otra. Volvió a recordar la misteriosa propuesta de Kise, gracias a las palabras del mismo y alzó las cejas con sorpresa e interés.
—Me parece genial. —respondió y en ese mismo momento encontró la farmacia que estaba buscando. —¡Oh! Ahí está. —tiró le la mano del rubio, cruzando la calle con prisa, antes de que el semáforo se pusiese en verde. Quería llegar ya, la intriga le estaba matando… Bueno, en realidad no, pero sentía curiosidad y mucha. ¿Qué sería? Ryouta dijo que no era algo importante, pero eso no le tranquilizaba mucho. Se detuvo frente a las puertas del local y abrió la puerta.
—¿Qué tal tu cabeza? ¿Te sigue torturando? —preguntó con cierta preocupación, mientras iban hacia la pequeña cola que había frente al mostrador. Por suerte, tan sólo había un par de personas delante. Se abrazó al brazo de Kise y apoyó ligeramente la cabeza en su hombro. —Aquí no hay ojos indiscretos. —se excusó. —Y sino, diré que te estoy cuidando.
Kise sonrió frente a la respuesta brindada.
— Pues yo quiero ver a Tetsuya celoso —mencionó—. Eres tan lindo, que verte celoso sería demasiado para mi corazón, y podría morir de ternura, ¿Sabes~?
Mientras avanzaban, Kise sentía que no podía continuar soportando mucho tiempo verlo comportarse de esa forma tan adorable: sonriendo, caminando a su lado y sonrojándose cuando sus ojos se encontraban. Kuroko era tan lindo, que Kise no podía más que felicitarse a sí mismo por su buen gusto, y agradecer al destino por haberlos puesto juntos. Ahora no deseaba otra cosa más que permanecer a su lado por siempre.
Suspiró.
Probablemente se lo llevaría a su apartamento aquél día, después de todo, debía encargarse de permanecer con su madre mientras sus hermanas y su padre estuvieran ausentes, cada uno en sus propios asuntos. Aunque sabía que lo más probable era que acabase repitiendo lo hecho aquella noche, también comprendía que no anhelaba otra cosa más que estar junto a él, abrazándolo, besándolo y acariciándolo hasta que el mundo dijera "basta". De hecho, el cine era una de las tantas excusas que planeaba usar ese día para poder estar cerca de él.
Con la sala a oscuras, podría besarlo todo lo que quisiera sin que los demás lo notasen o los molestasen. La simple idea de pasar todo el rato de esa forma aceleraba su corazón de forma incontrolable. Pronto se vio a sí mismo sujetando con algo más de firmeza la mano contraria
Continuó con su camino sin poder dejar de sentirse mimoso con Kuroko. No podía dejar de hacerlo: ¡Había estado enamorado de él por mucho tiempo, y finalmente sus sentimientos eran correspondidos!
— De verdad te amo, Tetsuya —dijo en un momento dado, antes de ser jalado en dirección a la farmacia. Le sorprendió un poco la fuerza puesta por Tetsuya para llegar hasta ese lugar, así que se dejó hacer mientras avanzaba rápidamente y atravesar las puertas del local— ¡Wow! No imaginé que tendrías tanta fuerza~ —rió, pero no mucho: La garganta le dolía a muerte —Ugh... —acabó murmurando después, pero no tuvo tiempo para recomponerse, pues la siguiente pregunta lo asaltó de improvisto— ¿Eh? Oh, a-ahora no me duele, pero quién sabe~ Por eso creo que es mejor que me compre los medicamentos de todas formas.
Avanzó rumbo al mostrador, y permitió que Kuroko se agarrara más a él y apoyara la cabeza contra él. Creía que, en cualquier momento, acabaría muerto de un infarto.
— Tetsuya, ¡Eres cruel! —proclamó en un susurro para que nadie más lo escuchara—. Solo haces que me entren enormes ganas de besarte, y no puedo hacer eso aquí —infló las mejillas en un mohín, pero no duró mucho, ya que pronto llegó su turno.
Solo pidió unas pastillas para el dolor de cabeza, y otras más contra la fiebre (por si las dudas). Una vez que pagó y recibió los medicamentos, caminó con cuidado hacia la salida, para que Kuroko continuara manteniéndose agarrado a su brazo. Ese simple gesto lo hacía muy feliz.
Kise sonrió al hallarse afuera y descubrir el aire gélido chocar contra su rostro. Por fortuna, cerca de allí se encontraba una máquina expendedora, así que se acercó a ella, compró té verde caliente, y aprovechó para beberse los medicamentos con él.
— Bien, paso uno: listo —comentó tras acabarse el té verde—. Ahora debemos ir a comer, ¿A dónde? ¿Tienes algún sitio en mente? —cuestionó viéndolo de soslayo— ¿O preferirías que sea yo el que escoja?









