Vístete.
No con tela,
sino con esa vergüenza que heredaste
de tu madre y de los domingos.
Recoge tu carne,
dobla tus gestos,
guárdalos en el cajón
donde escondes las ganas.
Peina tu decencia,
que se te ha despeinado el alma.
Ponte la blusa,
la sonrisa educada,
el paso medido
y esa fe que solo usas
cuando no estás desnuda.
Cruza el umbral.
Sé otra vez la que finge.
La que dice “no” con los labios
y “sí” con la espalda.
La que reza sin creer
y ama sin tocar.
Serás la correcta,
la bien hablada,
la que no se moja
aunque llueva deseo.
Pero aquí,
en esta habitación sin testigos,
quedó tu verdad:
esa que gime sin permiso,
que se arranca el pudor
como quien se arranca el miedo.
Y mañana,
cuando regreses con tu moral planchada,
yo te diré lo de siempre:
quítate el alma,
ponte el cuerpo,
y ven a mentirnos
que aún no sabemos morir.
©🖋🦋I&M469K.E. K☁











