Das mucho, porque vales mucho
Dar a otros lo que te gustaría recibir, es una frase bastante escuchada; pero, ¿que pasa cuándo damos todo y no recibimos nada?
Toda mi vida, desde que tengo razón, me ha gustado compartir con los demás, desde pequeña mi madre inculcó en mi ese hábito. Creo que por mi personalidad supe adaptarme a eso y sobre todo a disfrutar de esa experencia de dar a otros.
Como amiga trato de ser la mejor, siempre que me buscan estoy, aconsejo, ayudo, doy afecto y escucho todo lo que mis amigos quieran desahogarse.
Como pareja soy la más detallista, amorosa, pendiente de la otra persona, ayudo cuando necesita de mi, sé escuchar cuando quiere hablar, entrego mi amor y mi corazón sin temor a ser dañado, sí, así soy.
Como miembro de una familia trato de ser una buena hija, hermana, sobrina, prima. Me gusta ayudar a mi familia, aconsejar a quien me lo pide y sobre todo a dar todo mi amor a ellos.
En un momento de la vida llegué a pensar que quizá era momento de alejarme de ese estilo de vida por apostarle más a mi amor propio, porque me estaba dando cuenta que siempre estoy para todos, pero no siempre esos “todos” están para mi.
Me enfoqué en mi, decidí cuidar y poner como prioridad a la única persona que me acompañará toda la vida y a la más importante: YO. Logré comprender que las cosas que espero de los demás, me las tengo que entregar yo misma.
Y con esto no quiero decir que ya no me preocupo por las personas que quiero o que los estoy dejando a un lado, claro que no. Un día hablando con mi hermana, le expresé que me sentía a veces triste porque los demás no valoraban las cosas que yo hacía por ellos, a lo que ella me contestó: “Cada quien da lo que es y vos das mucho, porque vales mucho. No importa que no lo valoren, siempre quédate con lo bueno que tú diste”. Me marcó tanto eso que llegué a la conclusión que no necesito cambiar mi forma de ser con nadie, más bien debo hacerlo pero con la seguridad que no solo debo agradar a los demás, si no que con esa acción me debo agradar a mi misma y que no tengo que cambiar parte de mi personalidad solo porque otros no saben valorar a la increíble persona que soy. Me digo increíble, porque me siento increíble.
En este aprendizaje llamado vida y sobre todo en este proceso de convertirme en la mejor versión de mi, he aprendido a ver que valgo muchísimo y que tengo que dar a los demás las cosas que me nacen, que debo decir lo que siento y sobre todo a no arrepentirme de entregar lo que sale de mi corazón para otros, porque allí está mi escencia, esas son las cosas que me llenan de felicidad y como me amo y quiero verme feliz, voy a hacer cosas que me hagan feliz.
La vida es efímera y debemos pasarla haciendo las cosas que nos llenan. Los demás nos pueden fallar, nos pueden romper en pedazos, es parte de la vida tener malos momentos también; pero eso jamás nos quitará nuestro valor como seres humanos y sobre todo nuestra escencia y lo que nos hace únicos. Jamás te arrepientas de entregar cosas buenas a los demás, eso es lo que te llevarás en el corazón cuando te vayas de este mundo, las cosas que te hicieron sentir bien.
Así que recuerda que tú das lo que eres y das mucho, porque vales mucho.