Hoy suelto las máscaras, los miedos, el qué dirán, la mirada del otro.
Entendí que nadie, aunque opine, va a vivir mi vida por mí.
Durante mucho tiempo vi mi cuerpo como una carga. Lo llené de prejuicios, lo comparé constantemente, lo maltraté. Que la panza, que los dientes, que la vestimenta.
Repetía una y otra vez las mismas frases:
Si estoy gorda, soy fea.
Si estoy flaca, soy linda.
Si soy fea, nadie me va a querer.
Si soy linda, todos me aman.
Qué increíble. Suena tan absurdo cuando lo lees.
Y aun así, nuestra mente nos engaña. Porque, aunque parezca algo tan tonto y ridículo, nos domina día tras día, año tras año.
Las comidas se convierten en una pesadilla. Las calorías, las culpas en cada bocado, la ansiedad transformada en atracones y los vómitos disfrazados de consuelo empiezan a dominarte poco a poco.
El espejo se distorsiona. Nunca es suficiente. La balanza se obsesiona con el peso ideal y, aunque lo alcances, siempre parece que podrías estar "mejor": más flaca, más linda.
Tuve la suerte de poder mirar todo eso a la cara y decir:
"Por acá no es".
Hoy me miro con amor. Abrazo este cuerpo tan perfecto como es.
Dejo atrás a esa Victoria que encontraba la salvación en lo fácil, en la autodestrucción.
Me hago responsable de mí misma. Me cuido de verdad. Me sonrío, me abrazo, me mimo.
Y me digo, con total compasión:
Amate tanto como puedas. Porque vos misma sabés todo lo que viviste, todo lo que aprendiste, todo lo que creciste y la mujer en la que te convertiste.
De mí para mí:
🫂🌼
V.N ~DASEIN~💛











