kimhcna:
Sus hombros se agitan cuando una risa melodiosa abandona sus labios, y tiene unas ganas irresistibles de pellizcarle las mejillas, o acariciar la punta de sus orejas, pero termina mordiéndose los labios y desvíando rápidamente su mirada a la tarea que tenía entre manos. Kwangho estaba ceñudo y todo mirando hacia otro lado. “Eres adorable,” comenta de todas formas, acomodando las flores sobre el sobresaliente del pilar. La idea de la frase la toma por sorpresa, y se da la vuelta a mirarlo al mismo tiempo que lo hace él, sus miradas encontrándose nuevamente. “¡Esa es una excelente idea! usemos eso. Eres muy ingenioso, Kwanghonnie. ¿….Ho-ney?” le hace gracia que el apelativo suene precisamente a ese nombre de cariño, y solo para no quedarse embobada observando el rostro del muchacho (que ahora miraba con la ventaja de la altura, como nunca ocurría), presiona la punta de su nariz entre sus dedos, buscando que el otro mueva el rostro. “Luego de esto ya terminamos aquí, ¿te gustaría dar una vuelta conmigo? tengo ganas de visitar el ático otra vez,” comenta. Se baja nuevamente de la silla, y unos metros más allá vuelve a subir para acomodar la decoración. Esta vez usa el hombro del muchacho para mantener el equilibrio. “Tengo ganas de preguntarte algo. Nada raro, no te preocupes,” dice sin mirarlo, ocupándose con las flores que colgaban en sus manos.
El cumplido le hace bufar suave. ¿Adorable él? Sin embargo, es la palabrita esa la que le roba las palabras y le hace abrir los ojos más de la cuenta. Quisiera decir algo, pero no se le ocurre qué. Quizá el retractarse de la confesión que hizo porque de lo contrario Hana no estaría jugando con su corazón todo el jodido el tiempo. “Mira, de verdad, no me--” está a punto de negarse a volverse a escuchar ese honey sólo porque sí, cuando llega una petición de ella y él mismo está asintiendo después de unos segundos. Hana era como esa energía impetuosa todavía más imponente que su propia fuerza de voluntad. “Sí, está bien, supongo, pero como te digo no vuelvas a llamarme así” murmura un tanto gruñón en lo que va tras la silla y la rubia, manso porque realmente no la quiere cayéndose y haciéndose daño así que he ahí aportando un poco de equilibrio. “¿Y cuál será esa pregunta? Si no es nada del otro mundo, deberías poder preguntarla de una vez.” Eso casi se había escuchado como un ‘tenemos que hablar’ camuflado y no, Kwangho no confiaba mucho.














