Creo en sus palabras, porque lo he visto en sus ojos. Tan profundos y llenos de misterios que poco a poco hicieron que me enamorara de usted. No por lo que hizo, no por lo que me ha dado, sino por su brutal honestidad, su manera tan real de ser… por su bondad pero, sobre todo, por su gran corazón. Es usted un buen hombre, Lucien, y todos los días doy gracias a Dios que lo hubiese puesto en mi camino.













