humecta el humus ese hilo hídrico que mana de la tierra
en tus lágrimas felices veces varias reflejaron las estrellas
el amor como una fuente divergente sabe el néctar de tu fuego
ni la muerte ni la vida ni nada que pueda disolverse viene de esas aguas
aceros se han fundido, almas se han demorado ardiendo en su carne
un pulso y un latir ondulado, cuyo eco salobre une úteros y mares
ni al márgen ni en su centro, aparece y se oculta Véspero de la tarde
en su rastro la colosal perla sobria curva su cenit hacia el mañana
ciervo y mortal apodado abrevan juntos terroso brebaje
unidos por la sed y observados por aves que se nutren de imágenes










