Suena la música, un ambiente sonoro y eléctrico cubre la sala. El escenario abierto, la actriz en escena, entramos y vemos a una mujer de espaldas, sentada mirando a la pared.
Nos sentamos aturdidos y hablamos sin parar sobre quien será, ¿la obra ha empezado ya? ¿Está realmente fumando?... Las butacas del teatro se van llenando y los nuevos espectadores se unen al tumulto de preguntas sobre la misteriosa mujer….algo tiene entre sus manos…
Se apaga la luz de sala, la música suena cada vez mas fuerte… la mujer se levanta… lentamente… se desliza por la pared… De repente suena el teléfono… la mujer se abalanza hacia él…. Comienza “Las dos voces”.
Dos voces de dos enamorados, una mujer desesperada, y al otro lado un hombre sin piedad... Sin querer, entramos en la habitación privada de una mujer que sufre, en su intimidad… Vemos como se dibujan en sus labios las palabras de amor, vislumbramos a una mujer que un día pudo ser bella, independiente y llena de encantos y hoy se arrastra, miente, ríe, y llora sin importarle nada.
La actriz Alicia Benito, respaldada por un buen equipo, cambia de registro al atacar este gran texto de Jean Cocteau, tanto en francés con sobretítulos como en la versión castellana.
Un ejercicio arriesgado en el que se sumerge Alicia Benito, mucho más habituada a la comedia.
El publico vaga con ella, empatiza desde el primer momento con el personaje, y siente escalofríos, rabia, consternación, nuestro corazón da un vuelco cada vez que se escucha el sonido del teléfono, cada vez que se cuelga accidentalmente, cada vez que la protagonista lucha por su amor.
Tras el oscuro final, el público se levanta consternado y aplaude con cariño la interpretación sobria, llena de verdad y matices de esta conmovedora actriz.