la mente convertida en un cúmulo de nada, expandiéndose como nunca y preparada para arrollar con el espacio extraterreno, pues lo único que importaba se encontraba allí, junto a él. sería una falacia el permitir que elementos foráneos se inculcasen en el lugar que compartían, siendo Levi fiel devoto de las doctrinas ajenas, aquellas a las que se había entregado en cuerpo y mente desde hacía tiempo y, las mismas que lo acompañarían hasta el fin de sus días. la voz que se encargaba de entregarle la calma y el caos volvía a cumplir su función, haciéndole sentir que algo dentro de sí colisionaría hasta destruir hasta el más insignificante aspecto de su funcionamiento. el ambiente viéndose imprimado por el efecto que el amor le otorgaba, recordándole una vez más la forma en la que nada ni nadie podría equipararse jamás a Jaewon, que la suerte de haber coincidido con él y convertirlo en epicentro de su mundo era, ni menos, onírica. el roce de labios y consiguiente beso condicionaron el renacimiento de la taquicardia, haciéndole creer que el límite de aguante del bombeo llegaría a su más álgido punto con el toque de ajenas yemas que recorrían su torso con la vehemencia de aquél que camina por terreno propio. no resultando sorprendente el cómo la epidermis se erizaba al adentrarse en la alerta, en la intranquilidad de la liberación de un deseo más exigente que nunca. la búsqueda de un mayor ofrecimiento lo llevó a apartar el contacto con los otros labios, pareciéndole eternas las milésimas que transcurrieron hasta que volvió a entrar en contacto con la oliva piel, besándolo en tal ocasión en el centro de su pecho. con plena intención de deleitarle con el tacto, razón por la que inicio un camino en descenso por el que avanzaban labios y lengua con una paz absoluta, con lentitud y la suavidad que buscaba el despertar sensorial ajeno. aprovechando los segundos al creerse aliado del tiempo, la llegada al abdomen resultó tan reposada que debió quebrarse al momento en el que incorporó el doble grupo de falanges con el único propósito de desprenderse de pantalón contrario, deslizándolo a fin de tirar una muralla textil más. al fin, tomó posición en el centro, doblando una de las piernas ajenas que convertiría en nueva protagonista de la escena al momento en el que posó lengua en la zona interior del muslo. allí, entremezclándolo con el accionar de dentina, buscó el contacto visual con su contraparte, rozando las facciones sobre el muslo, conservando accionar y escapándosele una risa más pícara de lo que debía: “¿están estos besos permitidos?”