Extraña culpabilidad se cierne sobre él cuando repara por completo en la situación en que se encuentra la pelirroja, observando atento el brazo que reposa en el cabestrillo, producto de alguna herida que aún desconoce. Culpa que no debería cargar, lo sabe, mas no puede evitar sentir que él, junto con su familia, guardan una porción de responsabilidad por lo que ocurrió en palacio. Quizá si hubieran contratado a otras personas, si hubieran contratado a más guardias… Se obliga a apartar la mirada, fijando la atención en un punto en la pared contraria, antes de volverlo a la joven. —Estoy bien,— respuesta automática, una que ha pronunciado más veces de las que debería. ¿Cuántas personas lo habían preguntado y todos obtenían la misma respuesta? Era claro que no estaba bien, ninguno de ellos lo estaba, con la preocupación por el estado de su madre presente en cada segundo del día, y el desolado panorama que se presentaba en el palacio desde que el recuento de los daños se realizó. —¿Qué te pasó?— busca desviar atención de su propio estado hacia el verdaderamente preocupante, mientras señala con un gesto de su cabeza el brazo de la pelirroja.
Es perfectamente consciente de cómo el rumbo de su mirada viaja en cualquier dirección que no sea ella. Aquel detalle le hace sentir un malestar que no quiere pronunciar, manteniendo la compostura para no preocupar al príncipe. Pero poco a poco empieza a darse cuenta de ciertas cosas, de la realidad en la que se encuentra y eso le hace pensar más las situaciones. La respuesta obtenida por parte del hombre le hace bajar la mirada, con cierta pesadez, ya que parecía molestarle la pregunta, cuando solo quería saber de su estado, preocupada como se había encontrado desde el principio del ataque, preguntando por él, preocupada en todo momento, queriendo saber dónde estaba y cómo se encontraba, pues no le había visto. En cambio... no parecía que el interés fuese agradecido. “Me alegro” responde de la misma manera que él, automática, aunque quizá con un tinte más serio que el anterior, dejando atrás el rastro de tristeza e intranquilidad. “Nada serio. Una bala de goma. No es grave, en un par de días puedo deshacerme del cabestrillo” explicó, con calma, siendo ésta vez ella quien no le observa, para simplemente mantener su atención en el brazo herido. “Bueno... supongo que tiene cosas que hacer, no te interrumpo más” hace un movimiento con la cabeza a modo de despedida, haciendo ademán de dar media vuelta para marcharse. Debía tener muchas preocupaciones en mente como para reparar en una conversación amena con ella. Sabía que estaba estorbando, que él tenía cosas más importantes que hacer y ella no iba a molestar.