Querida yo del pasado,
Cuanto has sufrido y cuanto has llorado, tal vez no todo fluyó de la forma en que te imaginabas, tenías sueños y planes que no funcionaron, diste mucho y no obtuviste nada a cambio, sacrificaste tiempo, expusiste tu mente y tus sentimientos.
Sé que duele, duele mucho, y quizás pienses que todo fue una perdida de tiempo, que no merecías eso ni aquello, pero no todo ha sido perder, de hecho, desde mi punto de vista has ganado.
Hoy me siento más fuerte, el miedo no se ha ido pero no me enloquece, ya sé pedir ayuda y ya sé que en esta vida valgo harto, por lo mismo incluso he cortado lazos.
Ya no me dejo llevar por esas emociones que tanto asustaban, hoy sólo vivo, incluso si las cosas van mal en verdad ya no pienso en que lo mejor es callar.
No creo que seas débil, nunca lo fuiste, incluso cuando creíste que era mejor acabar con todo el dolor, no lo hiciste, luchaste y me construiste. Hoy soy fuerte porque tú me hiciste serlo, pero ya no hay espacio para las mentiras, porque esas mentiras internas son las que te destruían.
Ser fuerte no nos quita lo frágil, y ser frágil no significa ser débil, el tomar todos y cada uno de los fragmentos para seguir brillando es realmente el mayor de los poderes que tienes.
No eres una mala persona, estoy orgullosa de ti, lo hiciste bien y perdono cada una de las cosas malas por las que pasaste, incluso por esas cosas de las que te sentiste culpable. Y por sobre todo gracias, gracias por haberme construido, porque sin lugar a dudas, hoy sí siento estar siendo la mejor versión.
Pequeña y dulce yo del pasado, te amo.
















