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“ All these voices get so loud but they still can’t drown the sound, of me knowing this is all my fault.”
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Lentamente una carcajada escapó por la nariz, señal de reírse para no quejarse— El juego de la charla implica prestarse atención mutuamente, no sé si sabías, pero así funcionan las relaciones entre seres humanos. —a un lado de las palabras que abandonaban puerto con pausa de por medio, sus hombros fueron encogiéndose, el núcleo de la charla comenzó a perderse en las grietas de carencia de interés implicado y atención directa, las pocas sílabas de tono británico entraban y salían sin vestigios permanentes en la memoria o en la oferta de réplicas. Lo único que podía cuidar sin fracasar magníficamente en el intento era un perro, el resto decaía en pequeñas fisuras de desaparición mental y física, el abandono terminaba en consecuencias pésimas, de pequeño, por ejemplo, la desconfianza hogareña era tanta sobre su responsabilidad que se había decidido jamás dejar ingresar un can al hogar, flexibles sacrificios maternales lograron deformar la posición de su progenitor y el desastre se invocó miradas de fusilamiento compartidas. Se había prometido, a los seis años, ser una clase de amo totalitario y dispuesto a hacer cumplir las religiosas reglas de orden dentro de las paredes, por supuesto que no cumplió, el rebelde espíritu canino concluía en destrozos, en arrastrarse en las zonas prohibidas (oficina, segundo piso, etcétera), sólo prestaba atención latente en las convenientes situaciones donde podía aprovecharse de su situación en ilógicos castigos, en el resto, no era más que una sombra de ego altivo, los ojos zafiros del Husky desaparecieron con el pasar de meses y la impaciencia tomando control absoluto.
Tuvo que alzar las cejas, como si el gesto fuese expectante de una melodiosa carcajada que afloje la seriedad de la petición (o más bien orden), pero nada. Soltó un bufido, sacudiendo la cabeza— No. —dijo con naturalidad, y palmó el bolsillo delantero del pantalón, así, dejando claro que el tabaco no abandonaría su estancia cálida— Van a quedarse ahí, no voy a fumar en tu dormitorio, Lena—pausó, humedeciéndose el labio superior—, en todo caso me iría afuera y vuelvo a los minutos. —musitó en tono cómplice que desgarraba posibles análisis, ¿hablaba en serio de manera súbita y desvergonzada o era otro intento por sacarla de sus casillas? Arrugó la nariz y apretó los labios— Pésima respuesta, ningún tipo de vicio ayuda a la vida, la palabra ya detona cualquier tipo de positivismos en la actitud. —le corrigió con tranquilidad, mientras los dedos sentían el cosquilleo del peludo amigo, quizá compartiendo el gusto por las palomitas como su querida dueña. El hombro izquierdo se elevó con gracia— Si no la tengo yo, ¿quién la tendrá? —le replicó, chasqueando su lengua con naturalidad, y otra vez la sufrida y acostumbrada metamorfosis directa al léxico, pulverizando significados y dejando libre la apertura de murales de lectura incomprensible, laberínticas rutas intercalando confusión en el interior del cráneo. De soslayo fue contagiado por la escalada de una pasajera sonrisa, no podía manejar un idioma completamente serio en ninguna de sus réplicas, quizá, en excepciones más estrictas o verdaderas lagunas de peligrosas aguas para su serenidad diaria, pero el resto no era más que una ironía barata que manejaba por mera costumbre, rebotes y espirales de cambios— Creencias. —el término cargado en burla que se delató en cada centímetro de sus facciones— Un tipo más, como dije, ¿o tienes una clase de platónico con Ben Affleck? —preguntó entonces, sus orbes dejando que la burla habite cada curvatura de matiz claro— ¡Todo tiene sentido ahora! El encanto del actor te vuelve en una pasional defensora de sus pésimas franquicias. —pronunció, todo un niño usando la baraja ilógica de respuestas y comprensión, aprovechando oportunidades para usar todo a su favor. Asaltando y rompiendo las afirmaciones que juzgaban a la inglesa como incapaz, se vio cincelando la mejor de las muecas de sorpresa, el ceño tomando posición fruncida de inmediato— Canibalismo, ¿te parece correcto? —dramatizó, mientras se soltaba por completo del agarre y deslizaba la lengua por el labio inferior— Eso fue un gran error, ¿quién sabe por dónde pasó mi mano? —abrió sus ojos mucho más, como si ni siquiera él tuviera la respuesta para la incógnita— Ahora estás llena de gérmenes. —y lo último fue liberado con asco, con la lengua afuera y la constante amenaza de una carcajada traicionando su actuación. Entrecerró sus ojos, intentando pintar en el espejo de recuerdos la imagen mencionada por la de ojos oliva— Bueno, sí, pero no es bueno llevarse por hechos del pasado. —le dijo, abandonando cualquier tipo de señal de debate o fusiles de argumentos. Azúcar pegada al aperitivo de grado casi adictivo, algo le decía que no pasaría mucho tiempo para encontrar el vacío absoluto en el bol de color azul. La calidez era fácil de encontrar mediante cercanía, los grados parecían tomar un nivel de aumento con el roce y la tela cubriendo los lagos descubiertos, ¿cómo era posible? Tan cerca y todavía sin matarse, en paz, serenidad y sosiego con el narrador y la actuación inmortalizada en la pantalla, con la fragancia femenina fácilmente ingresando a los sentidos y el pelaje perruno descansando sin querer quedarse fuera del festín. Milímetros de separación en la venganza y el intento para que el gusto se deleite con el dulce, pocas tuvieron suerte de ser consumidas y otras desafortunadas deslizándose por la manta hasta el suelo— No se juega con las palomitas, ¿no sabías? —soltó, fingiendo indignación ante el comportamiento infantil ajeno, sin todavía acortar distancia— Y tienes migas por toda la boca. —le apuntó con el mentón y dedo índice, un susurro más que jugaba con la escena casi de cine, cuarenta y cinco grados de giro, volvió a posar los ojos cielo sobre la película— Pero ahora sí, te callas. —le pidió, saboreando las nubes de sabor para abandonar el contacto visual por el de las imágenes de la televisión.
Vislumbró con prepotencia la zona señalizada, detectando de inmediato la zona de escondite para tal arma letal. La mayoría del tiempo no comprendía como las personas podían sumergirse a su propia muerte, sin temor, para quienes la habían experimentado de cerca podían asegurar que el placer era inexistente. ¿Que si había aquella sensación de paz? Si, lo había, pero también un deseo de permanecer con los pies en la tierra que, ahora, no era capaz de describir —. ¿Apestoso? — cuestionó, con la punta de su nariz arrugándose ante el recuerdo del aroma y una de sus comisuras elevadas, había señal de una sonrisa ladina que proclamaba burla y un inexistente tono serio, pero que se mantenía con sutileza oculto bajo las barreras sembradas —. Tu descaro no tiene límites — negó al final, exhalando la pesadez en un suspiro que rozaba el dramatismo inglés —. Un grave error de tú parte, rusito, primero habría que definir qué se entiende por vicio. No toda afición es necesariamente mala, la tuya lo es por obvias razones que yo no logro comprender. La mía puede ser negativa también, pero prefiero creer que no, no ha llevado a nadie a la muerte aún — el mordisqueo invisible en su mejilla ocultaba los rastros retorcidos que se leían entre líneas, mentir, mentir en voz alta, mentirse a si misma y al final vivir en el engaño de que el mundo es como una obra literaria. Dispuesta a creer en los finales felices y la existencia de oro tras el arco iris, aunque haya conocido la desdicha existente detrás de cada página vacía. Su hombro se elevó ante la pregunta, detectando aquella nube de inconclusos significados que se arrastraba hacia ella. La presencia de la inseguridad escupida por parte de la soberbia, todo egocentrismo difuminando y dejando en evidencia cada pequeña sospecha que el tiempo había generado. ¿Quién era NIkolai en realidad? Las personas eran mucho más de lo que mostraba, y poco le conocía, pero siempre lograba despertar aquella curiosidad en frases tan simples, movimientos que normalmente esperaban las carcajadas jocosas y, al final, se perdían en la seriedad notable y un silencio tímido —. Conmiseración — susurró, perdiéndose nuevamente en un nuevo círculo de pensamientos propios —, nadie debería sentir algo semejante — porque es debilidad, porque cada quien debe aceptar el mal que le corresponde y vivir con ello. La esencia de aquella muñeca que habían pretendido crear, a veces, se mantenía allí, otras, se ocultaba tras el telón —. Oh, basta — el suplico escapó entre dientes, antes de concentrarse en su labio inferior e intentando evadir el calor que comenzaba a ascender hacia sus mejillas. Odiaba aquel detallo, lo más mínimo le afectaba y provocaba a la vergüenza a salir de su escondite. ¿Acaso estaba mal admirar a un actor? No, jamás había escuchado algo parecido, entonces ¿por qué quería hundir su cabeza entre el calor de la manta y evadir a toda costa la astuta lengua ajena? No lo entendía, pero intentaba justificarse —, todos tenemos un actor que... bueno, ya sabes, hagan lo que hagan nos caerá bien — mencionó, intentando evocar la lógica y evadiendo las miradas pícaras lanzadas —, además no puedes culparme. A-actúa bien — las olivas se posaron de inmediato en la pantalla, señalizando el rostro tan mencionado, a la par que llenaba su boca con un par de palomitas y atrofiando su capacidad para replicar futuras preguntas o comentarios. Se conocía lo suficientemente bien como para saber que su labia, en ocasiones, no la controlaba —. Eres asqueroso — acusó, la mueca de disgusto fue evidente y en su imaginación recorrieron una sarta de imágenes indescriptibles. La lengua escapó, uniéndose a la repulsión generada y olvidándose de todo placer provocado por ganar el pequeño desafío, un juego que se había volteado en su contra. La risita perversa, cuando gran cantidad de palomitas encontraron el destino escogido, fue gloriosa. Un recuerdo que arrastraba hacía la línea más baja de edades a la castaña, dos esferas esmeralda que se habían encendido como si en su cuerpo permanecieran restos de cafeína —. Lo dice el que las lanza como saludo — canturreó, astuta, recordando aquel primer impacto sobre la punta de su nariz. Movió el dorso de su palma hasta sus labios, intentando deshacerse de cada migaja señalada —. Tú estado no es muy diferente al mío — murmuró, luego de su intento de que acabara atragantado era normal que rastros de dulce se hayan escapado de su transcurso natural. Resignada a seguir manteniendo peleas con el ruso y dispuesta a retomar la trama de la película, recargó parte de su cuerpo contra el brazo del mayor —. Yo me callo y tú haces algo útil, te quedas quieto y sirves de almohada — sentenció, volviendo a entretener sus labios con el manjar dulce de palomitas.
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Te estaba poniendo atención. —repuso ante la fisura permanente de la explicación inglesa, de reojo dedicándose a mirarla con gotas de diversión endulzando el matiz cielo de sus ojos, pese a que la extensión de términos y alargue de la oración era notable, todavía le parecía interesante— Y no sé si eres tan mala sorprendiendo—acto seguido encogió sus hombros, en el ahorro de ejemplares o explicaciones que sostengan su afirmación, pero podía atreverse a aclarar la existencia de una interminable fuente de memorias donde la incredulidad aflora de los actos efectuados sin especulaciones, deteriorando pronósticos y posibles, yendo en contra del cauce rutinario y lleno de pesada costumbre—, sólo que yo lo hago mejor que tú, sí. —laconismos que se inflaban en una ficticia soberbia, las comisuras de su boca dejando que el gesto más burlón tome posesión sistemática y lenta, casi religioso o de culto era ese despegue de fusiles directo a la libertad de comentarios del índole anterior, esos con ramificaciones eternas de comprensión y grandes tentaciones para el entendimiento en su esplendor egoísta o conveniente, un juego de palabras de perfil casi adictivo. Otoñales esencias en la mirada del can (detalles verdosos perdidos en la llegada de la conquista amarillenta, una mezcla única) hechas un remolino de alegría, la emoción más altiva venía, por supuesto, de la mano de un reencuentro de semana de división, su gusto hacia los animales se proyectaba quizá en la simpleza de los mismos, la ausencia de dilemas del mundo mundano, la soledad de exageradas problemáticas maquinando y rasgando la cordura, esa envidia sana de pequeñas ganancias.
Colocó los ojos en blanco en la toma de decisión de ignorar en demasía las pronunciadas sílabas femeninas, la señal de la supuesta molestia venía hecha paradoja, con una sonrisa de por medio y el desfile de muecas dedicadas a quien olfateaba cada rincón a su paso— ¿Tú no tienes ningún vicio me dirás? —cuestionó de pronto, observando con jocosidad la palma femenina, aquel intento de adulta superada de cuarta década por la sed de victoria sobre el súbito— Adicta a corregir personas, por ejemplo, tranquila, seguramente debe haber algún grupo de ayuda por ahí—una pausa, se humedeció los labios en el momento que la nariz comenzaba a arrugarse, como si la escena de aquel clan pasara por delante de sus zafiros—, aunque, ugh, imagina un grupo lleno de criaturitas como tú, mi compasión para cualquier invitado. —se colocó una mano en el pecho, bromista como nunca y lleno de ocurrencias salidas de una imaginación demasiado errática. Imposible fue contener una carcajada, la seriedad sufría una deformación notable que la volvía casi adorable de vez en cuando— En todo caso, perderías, perderías mi presencia, lo cual es mucho. —suspiró, deslizando las yemas por el torso canino— Y dudo que tu maldad llegue a tantos límites como para no sólo romperle al corazón a un pobre perro, también a un inocente chico de veintitrés. —dramatizó por completo entonces. Alzó las cejas ante el volumen de timbre femenino—No sabía que defendías con tanta energía a un héroe de Marvel…—se burló en un canturreo, pero terminó negando— Difiero, yo no perdería más horas de mi vida viéndola de nuevo, si no la disfruté la primera vez, mucho menos lo haré la segunda. —estuvo demasiado cerca de soltar palabras completamente burlescas, un juego que quedó en la intimidad de las voces de su cabeza. Elevó los hombros para restarle importancia, aquel comentario se afirmaba para cualquier tipo de campo de semejanzas, relaciones, amistades, canciones, cualquier tipo de experiencia manchada en aburrimiento o finales deplorables— Me dices exagerado y casi despiertas a todo el edificio gritando a favor del tipo. —otra exageración, otra contradicción de la fémina siendo inmediatamente apuntada por el de zafiros. La vista desfiló directo al par de galaxias selva, no podía creer aquel tipo de amenaza de alguien que no podía asustar ni siquiera una mosca, además de que, por razones de simple análisis, no la imaginaba tomando aquel impulso— Adelante, te quiero ver intentarlo. —respondió de vuelta y, con total gracia, movió los dos dedos aún sin ni siquiera tocarla, pero sin quebrar la poca distancia que impedía la salida total de las palabras— Me siento ofendido por tu pregunta, obviamente puedo. —mentía, en realidad, detestaba de sobremanera la apertura de distracciones en una película, la paciencia se le escapaba de los dedos y terminaba sin ganas de prestar atención. Con sospecha le dedicó una mirada—Soy de Rusia, Lena, no tenemos frío. —burlón lo dijo, claro, ah, él también era molestado por el cliché de de las temporadas heladas con los soviéticos, eran humanos y sufrían de la misma manera, sí, la costumbre y números bajos eran demasiado más preocupantes en tierras rusas, pero eso no les otorgaba una capacidad de resistencia de ficción. Volvió a rodar los ojos, se acercó más y dejó el bol mucho más cerca del alcance femenino, el roce de hombros y la rendición en puerta ante la aparición de la primera escena— Ojalá te atragantes de tantas palomitas que comas. —cual sala de cine, girando su cuello le susurró, volviendo a depositar toda la atención en la pantalla.
Ya no necesito que me pongas atención — repuso con naturalidad, probablemente toda culpa de desperdicio se había desvanecido en el momento que el can hizo buen uso de sus habilidades, una aspiradora que no necesitaba ser conectada a la electricidad para arrasar con cualquier elemento que sea degustable. La curvatura de sus labios se mantuvo en una línea recta, inmutable, dispuesta a observar con curiosidad e inexpresiva las facciones rusas —. ¿Ajá? — el hilo de inseguridad se arrastró hasta el punto del entrecejo, frunciéndose, sin encontrar aparentes razones que verificasen lo que él mantenía. Quizás todo acababa dirigiéndose al campo de la naturalidad, en donde cada intento de generar una impresión inesperada había sido un fracaso, pero quién le aseguraba que sin quererlo, el factor sorpresa había sido cumplido en más de una ocasión. Exacto, la respuesta es nadie. Entreabrió sus labios, dispersa, dejando que las infinidades verdosas retomaran la concentración, perdiendo aquel punto muerto que había cazado y mantenido mientras los pensamientos intentaban unir piezas de diferentes engranajes —... lo dudo — fue la replica, convincente de que aún estaba ahí, escuchando lo que le decía y contradiciendo sus palabras aunque el contenido se haya perdido en el entretiempo. ¿Lo relevante en una historia, para muchos, acaso no es el principio y el final? Todo lo que pasa en el medio se considera como un relleno innecesario, pero consistente para mantener la curiosidad humana latente. Había perdido su interés por el can, ni siquiera se dispuso a observar las muestras recíprocas de afecto que se desarrollaban bajo su propio techo. Desde el punto más exagerado, podría verse como la infidelidad frente a sus narices, oleadas de descaro que la volvían invisible y que mataban toda posible acción comprensiva. Era su perro, si, pero de cierta manera había aceptado incluir al ruso en la vida del animal desde el comienzo, de otra forma ¿cuál hubiese sido el sentido de llamarlo Scooby?
Los cigarros, por favor — repitió, sin detenerse a analizar y responder a cada intento de ataque generado en su contra. La palma inclinada, se movió, y su mirada enfocó el elemento como si aquel joven fuese un idiota que no podía comprender la simplicidad de su pedido —. Y la verdad que no, mis vicios suelen preservar bastante bien la vida, pero eh, uno siempre encuentra a alguien molesto por escuchar verdades — irónicas palabras que podían ser hábilmente refutadas, pero con cinismos denegada, porque la inglesa tenía aquella capacidad para omitir todo defecto que le sea señalado. Mentirosa por naturaleza, una embustera que se bañaba en la ilusión de la perfección y pretendía ser feliz con cada victoria obtenida, sin importar las razones o motivos por las que se le fue cedida —, además no entiendo cuál es el problema. ¿Tienes compasión de ti mismo en este momento, Nikolai? — arqueó ambas cejas, inclinándose y venerando su propia astucia a medida que la lámpara de la imaginación se fue encendiendo. La comisura de sus labios se alzó, ladina, intentando no mostrar la confianza en la burla, pero fallando miserablemente en el intento —. Si me quedo con las palomitas, no habría nada que lamentar — canturreó, observando de soslayo el contorno peludo que parecía no encontrar acomodo en medio de tanto cargoseo —, pobre chico de veintitrés — repitió, sus dientes aferraron el labio inferior e intemtó, realmente lo hizo, por mantener las pequeñas risas lejos de los dos, pero la inocencia de aquellos zafiros se volvían el mejor chiste de todos. El dorso de su palma se posicionó sobre el conjunto de risas que aún no encontraban escape, sellando cualquier salida involuntaria y aclarando su garganta —. Es una pena que me hayas dado tanto poder sobre un musculo tan vital — y la palabra "tan" en ambas ocasiones fue pronunciada con énfasis, encontrando sólo sorna en su respuesta y sin llegar a tragarse la actuación brindada. Le ofrecería que se inscribiera en clases de actuación, que le vendrían mucho mejor, pero al final retuvo el cliché lejos de sus intentos de provocar la molestia de su actual compañero de películas. Alzó sus cejas a la par que él lo hacía, consiguiendo imitar un espejo de rostros dispares y con las mejillas mayormente entonadas —. Eran mis creencias, no el héroe — aunque carraspeó en medio de la frase y su palma rascó la punta de su nariz, la mentira había quedado delatada desde el primer momento que abrió la boca. Aquella explosión de emociones, que en raras ocasiones era capaz de controlar, se magnificaban siempre que la figura rusa se movía en sus alrededores. Tenía el poder y la confianza, como para encender cada chispa oculta y en su mayoría, se terminaban tornando en negativas. Conversaciones triviales, como la que desarrollaban ahora, eran las más difíciles de concebir —. Dicen que para gustos colores, y — alzó su dedo índice, señalizando al contrario para dejar en claro una especie de advertencia, meramente inofensiva — no es cualquier tipo, es Ben Afleck y es Daredevil — alegó. Un constante juego de amenazas parecía desfilar cuando las palabras y acciones individuales chocaban, las reacciones incrédulas arrastraban a cada uno al punto de establecer desafíos, y los desafíos eran el peor vicio que la inglesa podía tener; incapaz de negarse a demostrar que no es capaz. Dejó bajar su párpados hasta el punto de entrecerrar los ojos, observando con frustración las provocaciones emergentes de aquel movimiento de dedos masculinos, que parecían buscar la acción predicada. Abrió sus labios, y sin pensarlo demasiado, atrapó uno de sus objetivos sin generar presión o fuerza que pudiese doler hasta después de unos segundos y soltándolo casi al mismo tiempo —. Yo te lo advertí y tú lo pediste — se excusó, sin volver su mirar hacia las profundidades oceánicas, relamiendo el labio superior y deleitándose con los restos de caramelo que se habían colado en medio de su ataque, dulzor que se esfumaba hasta convertirse en agua —. Cuanto intentamos mirar mil cuatrocientos ocho, en la sala de juegos, fallaste de forma muy lamentable. Así que, no te creo — detectó de inmediato la mentira lanzada, una situación que probablemente el ruso ya había olvidado porque aquella misma pregunta había sido elaborada dos veces, dos situaciones diferentes, pero el mismo final. Lena hablaría por los codos, y de la cinemática sólo podrían distinguir cada personaje —. Muy gracioso — soltó sarcástica, acomodando la manta para que pudiese cubrir ambos cuerpos y esperando a que la ayudase con aquello. SI bien el tamaño no era el más grande, agradeció la inexistencia de huecos y la flexibilidad mantenida, le permitía moverse con ciertos límites sin temer a que uno de los dos acabe al descubierto. Ladeó su cabeza, al punto en que su nariz prácticamente chocaba con la contraria por el acercamiento del susurro y hundió su mano en el bol de palomitas —hey— musitó, la sonrisa ladina que en el conjunto de predicciones nada bueno podía traer —. Atragántate tú — y aquel puñado fue a parar directo a los labios contrarios, el joven de tierras gélidas, que tenía dos opciones o abrir la boca, o abrir la boca.
Pedaleaba sin inquietud alguna, una mente dispersa en las maravillas que se presentaban en el camino, desde el árbol más voluptuoso, vivaz, al más agónico. Sin embargo, ahora el aparato que la trasportaba exigió su atención, el volante completamente descontrolado, danzando (si así podría decirse) de un lado a otro, Loreley perdiendo todo tipo de dominio en la bicicleta y, de pronto, el impactó. Su cintura fue la peor parte, ni hablar de su pierna derecha. Un quejido fue emitido de sus labios, y sus obres azules lucían más azules, brillantes, gracias a la capa de lagrimas, escupiendo el dolor de su cuerpo. — Mierda.— Tragó el llanto y se apoyó sobre sus codos, logrando ver en su totalidad la causa del dolor intenso en sus caderas y ardor en su rodilla, ¡La bicicleta había caído con ella! un pie aún en el pedal y su trasero rozando el asiento.
El transito rutinario de la inglesa, el dulce disfrute de un fin de semana escaso de tareas y la cotidianidad que comenzaba a descansar lejos de textos y resúmenes. Su mirada se había perdido en las hebras áureas que danzaban, veloces, sobre el vehículo en la lucha constante de mantener un poco de equilibrio. En el momento que se derrumbó, no lo pudo evitar, acudió a ella deseosa de encontrarla en condiciones favorables, sin embargo, las facciones quebradas de la inglesa delataban lo opuesto —, Dios — musitó, apartando la bicicleta del cuerpo irlandés y extendiendo su mano para ayudar a levantarla —¿te has hecho mucho daño? — interrogó, había preocupación en su tono de voz. La dulce espera de que su inoportuno aterrizaje haya dejado un simple rasguño o moretón.
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¿Cuál esperas para la próxima? —cuestionó, lentamente ladeando al cabeza contra el hombro izquierdo, aquel gesto que se dedicaba a la apertura sencilla y prolongada de diferentes rutas o significados de abanico diferencial, el preciado objetivo de electricidad en el ambiente resultaba ser un cauce para el río de las charlas o conversaciones, ese caramelo de acostumbrado gusto amargo que escondía bajo capas un núcleo de néctar dulce, de vez en cuando era necesaria la caricia de los dos extremos del ciclo, volverlo a esconder todo en sarcásticos alaridos y vocabulario empapado en burla, porque, la esencia era ese pequeño detalle que se impregnaba a cualquier tipo de lazo, rasgando las paredes de la evolución y presente, inclusive desde sombras casi imperceptibles, la esencia entre Lena y Nikolai, parecía ser, una constante marea de infantiles cargadas y bromas insufribles. Fue atrapado el ambiente en un sosiego contemplativo, por obviedades, era clara la ausencia de los compañeros de rutina de la ojos verdes, la velada estaba integrada únicamente por el travieso can que no dejaba de desprender una inocente felicidad y, por el otro lado, su dueña. Honestamente hasta desconocía quiénes dormían en la silenciosa habitación, mucho más ordenada en comparación a los sectores divididos por hilos de respeto en el sector del edificio suyo, tampoco se dedicó a cuestionar el detalle, una mirada pasajera se distrajo en algunas obras que descansaban en un acomodado y fracasado intento por hallar respetable orden en el remolino de textos. Un saludo que deslizaba sus sentidos sensibles y detallistas, el movimiento jubiloso de la cola, las caricias sobre el pantalón, un léxico canino cargado en energía e intangible comprensión, el fulgor de la candorosa mirada, sinónimo de un contagio fácil de sonrisas, la calidez en cuatro patas y matices de un gris chocolate y lleno de variedad de tonos.
Las yemas se movieron entre los caminos peludos y las orejas, subió la mirada sólo por el predecible comentario de acento europeo, oleadas de posible tentación risueña— Deberías estar agradecida de que no he preguntado si puedo fumar aquí adentro. —murmuró, sólo para que el comentario se destroce y divida sus silabas de manera casi incomprensible en el relámpago final de un arrepentimiento, sabiendo el posible despertar de una incredulidad femenina que, desde su humilde perspectiva, superaba la exageración. Dejó la chaqueta a un lado, el ceño tomando forma fruncida de inmediato al observar los ávidos delgados dedos femeninos adueñarse de lo que, según amenazas previas, sería únicamente del deleite ruso— Perdonada sólo por esta vez. —un susurro que ansiaba seriedad fue, de inmediato, delatado por la esquina izquierda de su boca que ilumina la escalada de una sonrisa, pese a que la faceta sacada del alma de un no mayor a siete años lo acompañaba siempre, podía decir, de manera inexplicable, que la británica lograba magnificar la característica en algunos momentos de manera casi insoportable— Y sí, deliciosas porque son de mi propiedad. —aclaró, chasqueando su lengua con tono bromista. Encogió sus hombros, inocente, pero al mismo tiempo, acomodando mejor el cuerpo para hallar un plácido descanso absoluto, sin querer estar ausente al ajuste de almohadas y mantas, una nariz y colmillos ocultos bajo ventanales muchas veces cubiertos en baba descansaron unos segundos en otra dosis de cómo estás, tanto tiempo, te acuerdas de mí y de lo bien que juego a atrapar la pelota— Lo siento, Lenita, me temo que si me echas el querido Scooby iniciará una clase de depresión nocturna. —explicó, formando un rápido puchero que concluyó en un par de esponjado manjar blanquecino aterrizando dentro de la boca. Formó un arco con las cejas, negando lentamente— ¿De verdad crees que hizo un buen trabajo en Daredevil? —entrecerró sus ojos paulatinamente, arrastrando sus palabras— Dios, no, fue un desastre, casi quedo dormido—como si una corriente de espasmos atravesara la espina dorsal, sacudió la cabeza—, me gusta el personaje, sí, pero no como lo interpretó el tipo, el traje le quedaba ridículo además. —se aclaró la garganta, nuca hacia atrás y la cabeza contra la pared— Ah, sí, es decir, yo tampoco, de más chico quizá, pero tampoco, nunca tuve obsesiones muy grandes… —se rascó por unos segundos la frente con el dedo índice, casi distraído en efectuar detalles de grandes pasiones con algún tipo de franquicia o burbuja de desespero adolescente. Ahora los ventanales se posaron sobre la pantalla, giró el cuello sólo para dedicarle una nariz suavemente arrugada, deliberando las palabras ajenas, alzó dedo índice y medio sólo para que acaben sobre la curvas delicadas y bien definidas de la boca de la fémina, sin contacto ni roce, sólo acallando y crispando el gráfico de ternura y súplica desesperada que, para su mala suerte, solía tener efectos en su decisión final— ¿Eres buena haciendo dos cosas al mismo tiempo? No sé si podrás mirar la película y al mismo tiempo lograr éxito para obtenerlas. —burlón, y prueba viva de sus palabras, llenó la mano en las mencionadas, deleitando el gusto y sacando migas en el momento de humedecerse el labio superior. Arrebató el control de las manos femeninas, triunfal gesto acaparando la atención— En todo caso, todo depende de ti. —jugó con el tema otra vez, esperando silencio en el próximo susurro cantando de su corto y memorable nombre, dejando que la melodía que daba comienzo al film retomey recupere toda la atención — Lena, Lena, si llegas a ser de esas que hablan mucho durante una película me decepcionarás en demasía.
Si esperase algo perdería toda la gracia, que no sea buena sorprendiendo, no quiere decir que no me gusten las sorpresas, pero lo que si espero, es que no sea comida siendo desperdi... — su frase se rompió, la atención acabó siendo cautivada por el canino que aprovechaba cada derrame existente del tan codiciado bol —, olvídalo — fue la única palabra que pudo emplear en su defensa, todo sentido de pronunciación anterior se había vuelto carente e innecesario. No era imposible de predecir la continuación de comportamientos entre las únicas figuras habitantes de las cuatro paredes; el deseo de obtener más, lo acarreaban las cuatro patas peludas que se movía con capricho; las respuestas socarronas y con toques sarcásticos, auspiciadas por el ruso; mientras que todo comentario inicial de provocación caía en manos de la inglesa. A diferencia del comportamiento celoso y posesivo que tan bien caracterizaba a la castaña, cuando el asunto giraba en torno a Scooby, se mantuvo distante y otorgó aquel espacio que ambos parecían querer aprovechar, concentrando su atención en puntos que únicamente se escondían bajo el propio interés. Cuestión de pensamientos que embargaban la consciencia, momentos de distracción en el que parecía abstraerse por completo de la realidad y permanecer bajo un campo meramente imaginario.
Supongo que eres un poco inteligente como para no tener que preguntar, la respuesta ya la sabes ¿no? — replicó en su creencia de sonar lo suficientemente astuta como para no caer en tierras gélidas, aquello era un juego peligroso en que ninguno parecía permitir que el otro tuviese el final de toda oración, sin embargo, un movimiento en falso y la tranquilidad podía sufrir la peor de las metamorfosis. No sería la primer vez, pero de cierta manera le temía a tales limites. Acercó su palma a la figura contraria, portador de notoria diversión, arqueando una de sus finas cejas y permitiendo que su mirada encontrara a la contraria —. Por ahora y por las dudas mantengamos a tus vicios lejos de esta habitación — mencionó con seriedad, una reacción exagerada que verificaba cada capricho existente en tierras inglesas y que en el marco del tiempo se había vuelto predecible. Observó a través de sus pestañas la silueta rusa que se mantenía inquebrantable a aquella esencia de aires infantiles, facciones iluminadas por el ideal de juegos y frases que normalmente acababan contrastándose con la curvatura de sus labios obligando a que la mirada esmeralda se tornara vacía, ojos en blanco que ocultaban la profunda diversión que acarreaba consigo. El recuerdo inmediato de su último twitter atrajo a la superficie la misma sensación brindada, hubieron destellos de carcajadas que ahora se ahogaban bajo una pesada mascara y orbes que esquivavan los zafiros, sembrando obstáculos entre ambos —. Sigue abriendo la boca y temo que ni la depresión canina podrá detener mis acciónes, por si aún no te has dado cuenta, eso de perder jamás ha ido de la mano conmigo — canturreó, por un instante demostrando más que alegría al ver como las rocetas impedían la rápida devolución de sus palabras. Sintiendo por un momento la involutaria victoria, se había callado. Se removió sobre el cómodo colchón, que noche a noche le reclamaba la falta de poder para conciliar el sueño o la habilidad para impedir que se levantase temprano por las mañanas —. Claro que lo creo — alzó la voz y acalló en el mismo impulso, la replica la tomó completamente por sorpresa y es que en la espera de contradicciones nunca se había esperado algo semejante —, digo, quizás la película no fue tan buena, pero creo que es de esas que merecen la pena ver de nuevo— esta vez los niveles de su voz se habían neutralizado, al final elevó sus hombros intentandoles quitarle importancia al asunto y es que ni siquiera era su pelicula favorita como para defenderla —, lo admito, el traje era quizás un poco cutre, pero la película no era tan mala en si— reiteró, negando un par de veces —, eres un exagerado. Es sólo una película — se burló con absoluta desfachatez, la reacción obtenida de repulsión se apartaba completamente a las costumbres rusas o al menos, a lo que ella esperaba obtener cuando abría la boca. Las dos olivas se transportaron desde la pantalla hacia el dedo índice que resposaba frente a su nariz, curiosa y sin poder evitar el entrecejo fruncido —. Si no lo apartas a la cuenta de tres, te morderé — advirtió, sin desvíar la mirada de su objetivo e intentando sonar lo suficientemente convincente. En sus palabras quedaba impresa la reacción siempre obtenida cuando se le ordenaba silencio, o al menos cuando él lo hacía, renegándose a sellar sus labios e impedir que la tonalidad chillona deje de esparcirse por la habitación —. Claro que soy buena, no deberías ni dudarlo, pero ¿tú eres bueno defendiendo y observando? Mmmm — murmuró, desafiando la capcidad que podía poseer para defender la amenaza establecida en un principio. Bajo el manto de realidad, no poseía ninguna estrategia pensada y las esmeraldas se entretuvieron únicamente en la cinemática continuada —. Todo depende de ti — imitó la tonalidad masculina, después de todo no hablaba sola y si él le seguía el juego menos posibilidades restaban para que acabara callada —. Por cierto, ¿quieres? — elevó la manta purpura con inocencia, de la cual solo ella había hecho uso y a la que veneraba por la calidez que transmitía, ocultando cualquier segunda itención que fue pronunciada segundos después —, es la mejor solución para el frío y podríamos llegar a una beneficiosa tregua — canturreó por lo bajo abrazándose a la misma como si de publicidad se tratase, volviendo la atención a la pantalla y capturando frases entrecortadas por luchar en obtener cierto succeso.
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Pequeñas líneas negras grababan las sílabas de las fotocopias, esquinas marchitas por el paso del tiempo, el descuido de la apretada mochila que cargaba a diario, la segunda pasada de una lectura obligatoria, minuciosa, salida de la desconfianza de la tardanza y atraso de su presencia en el flujo de las clases diarias con las pequeñas vacaciones que concluyeron en mejores finales que comienzos. Eso tenía Norteamérica (además del creciente cariño a la estadía de la profesión), la habilidad por ofrecer diferentes portales a la distracción de las problemáticas hospedadas en los puertos gélidos, derretidas por el hambre de lectura de satisfacción e insatisfacción, los términos navegaban en sumergidos dilemas que elegía eclipsar por completo en cuestión de segundos. El debate cargado en timbre infantil escrito en ciento sesenta caracteres pausó, víctima de la gravedad y de la falta de atención al llamado de la baja batería. Bajó los codos del escritorio, terreno que dejaba yacer a una variedad de materiales y objetos, amuletos de poco calor económico, un cenicero con bordes teñidos en los cadáveres de Camel y diferentes papeles que, a la vista general, eran simple reciclaje, apagó la luz, dejando a la lobreguez ser acompañada por un silencio dictador, todos derrotados por el cansancio noctívago y la obligación de un forzado alba que los hundía otra vez en divina rutina. No tardó mucho en tener un bol cargado en el aroma de cálidas palomitas, un ingrediente que, como decían sus palabras, no podía ausentarse en ningún tipo de película, esa exageración no era más que otra señal del enciendo infantil de sus réplicas, culpable de desear encontrar un ceño fruncido y un hilo de confusión o pasmo escapando desde los pulmones ingle
Pese a que las noches californianas no se comparaban con la época invernal soviética —una mucho más ávida y helada—, todavía se debía obligar a llevar algún abrigo, la misma combinación de siempre y el abandono de la comodidad de ir descalzo por la alfombra del dormitorio. Sabía muy bien que quizá la dependencia del fantasma del tabaco sería delatada por los sensibles sentidos femeninos y, que de todas maneras, siempre se ganaría una mueca de disgusto y fulgor de asco por parte de los ventanales selva, pero aún así, pisó un segundo cigarro en el tramo de cocina, dormitorio, campus, edificio que hospedaba la invitación que, para el pasado (aquel que retrataba un lazo de puro capricho y cortos segundos de soporte para la presencia contraria), parecía una imagen casi utópica. Pares de pequeñas nubes de sabor masticadas por los molares en el silencio camino que lo terminó dejando en dos secos y serenos golpes contra la puerta (posible cuidado que llevaba a acabo para no despertar posibles entes que se mantenían prisioneros del descanso). Una sonrisa secuestró cualquier tipo de saludo, el dedo índice y pulgar tomaron el alimento como si fuese un proyectil, aprovechando la poca distancia que iba a favor de su carencia de puntería, terminó arrojando una de las rosas blancas de sabor en la delineada nariz femenina, una carcajada amenazante asesinada en el mordisqueo del labio superior— Hey. —dijo, el contraste de temperaturas dentro de las cuatro paredes fue notable par ale cuerpo— Si quieres revisarme, puedes hacerlo, no traje nada de alcohol. —mencionó, soslayando la hogareña figura femenina. Observó la cama y se terminó sentando directamente ahí, sin autorización ni comentarios previos, dejando sobre sus propias piernas— Él salió en Clerks dos, ¿sabías? Quentin dice que hará un pésimo Batman, pero creo que lo dice porque detesta a Batman—pausa, sacando temáticas de quién sabe dónde—, siendo francos a mí tampoco me cae bien Batman. —musitó, contemplando la portada de la película, humedeciéndose el labio superior antes de clavar sus zafiros en la castaña, porque quizá, interiormente, sabía que haber pronosticado aquel tipo de encuentros con ella se hallaba o halló fuera de sus posibilidades.
Un nuevo mundo comenzaba a recrearse a través de la delgada pantalla, veintinueve pulgadas que la mayoría del tiempo se desaprovechaban en el apagón del entretenimiento. Las preferencias se arrastraban de banalidades ajenas a la tecnología, los estudios se habían convertido en devoradores del tiempo y consumistas de toda atención requerida. Normal era que una acción tan fácil como mover cables a los sitios indicados atraiga situaciones desgraciadas como la continuidad del ''sin señal'' proyectado en la pantalla. Frustraciones transmitidas en bufidos, resoplos de cansancio que se volvieron una metamorfosis cuando toda problemática se desvaneció, un salto de alegría y sus brazos buscando la ignorancia canina. Fiel, festejando cada movimiento inglés con la ilusión de obtener un poco más que aquellas sonrisas, tales deseos incluían el escurrirse a la pijamada privada y devorar cada palomita caída en los fracasados intentos de ser atrapadas. Resignación ante la suplica del animal que acabó entonando el más fuerte de los ladridos, aturdiendo, gruñendo y olfateando como si necesitase reconocer antes que nadie qué descansaba tras los golpes que sólo el había escuchado.
Desconcertada se había sentido la castaña, portadora de una desconfianza innegable. Se permitió a si misma el acercarse con cautelo a la entrada de sus cuatro paredes predilectas y esperar la existencia de una señal que le permitiese avanzar. Lenguaje en códigos que se había vuelto conocido a través de la práctica y costumbre, costumbre era la fidelidad que las leyes norteamiericanas utilizaban como fuente y que en la cotidianidad, su uso, no difería demasiado. Cuando los colmillos eran visibles, había negación; actitud meramente incierta, indiferencia y el movimiento del rabo, confianza. Fue la última situación la que le impulsó a deshacerse del tablón de madera que dividía a ambos, encontrándose cara a cara con el joven proveniente de tierras gélidas. Rusia en su mayor esplendor y el país enemigo que era invitado, casualmente, a compartir un momento que en situaciones normales le correspondía a aquellos que se etiquetaban como amigos. Se rascó la punta de la nariz con la palma, necesitaba deshacerse del cosquilleo provocado por la roseta y frunciendo el ceño de inmediato —. Siento como que nuestros saludos poco a poco se vuelven más originales — irónica pronunció las palabras a medida que sus dedos se encargaban de sellar cualquier comunicación existente, desde la entrada a la habitación con el pasillo —, y has traído palomitas... — murmuró con absoluta pircardía, las travesuras rondaban cada pensamiento con el único propósito de acabar adueñándose de un par, tarde o temprano —. Alcohol no, pero ¿Tabaco? — cuestionó, era imposible quitar aquella esencia tan característica de la figura masculina. Si volvía a cuando sus pies pisaron por primera vez Darmouth, las nauseas provocadas por el aroma del cigarro eran incontenibles y con el tiempo acabaron siendo un simple acto efímero de repulsión que remarcarlo, con el fin de molestar, le entretenía —, apestas a él —. Se adelantó a los pasos masculinos, escurrió su mano dentro del bol y deslizo un par de palomitas hasta sus labios, antes de que el mismo pudiese objetar o impedir el deliberado ataque —. Deliciosas — canturreó, envolviéndose a si misma en la manta purpura que la mantendría ausente al frío y dedicándole una mirada, curiosa, al ruso —. ¿Quién te ha dicho que podías sentarte ahí? — interrogó con los ojos entrecerrados, acercándose con lentitud antes de acabar siendo atacada por la verborragia y echándose a su lado. Pies ubicados sobre la cama y dando inicio al pausado filme que tenía miras de iniciar desde un par de horas atrás —. Mhmmm, confieso que Ben Affleck no ha hecho demasiadas películas del estilo de Batman, pero en Daredevil su personaje fue muy bueno — respondió, un tanto insegura del giro inesperado de la conversación y necesitando aclarar lo más obvio —, no soy gran fanática de súper héroes, pero siempre uno termina viendo una que otra película gracias a la programación de la televisión — volvió la mirada hacia el plasma y pausó nuevamente la película, antes de permitir que los créditos iniciales desapareciesen —. Necesito saber algo antes, ¿me convidarás o tendré que idear estrategias toda la noche para robarte palomitas? — y las orbes olivas danzaron en una suplica hacia los zafiros, dejando en sus labios la presencia de un mohín e iniciando la primer estrategia, la más conocida y enseñada por él mismo.
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La tenue luz de la lampara reposaba sobre las facciones inglesas, pecas que apenas se volvían visibles y en el margen del tiempo sus orbes danzaban por la biblioteca improvisada, cajas de cartón repletas de libros, ordenada dependiendo del estado e interés de cada ejemplar. Iban desde los leídos hasta los por leer, y su tamaño sin variar desde hace meses. Suspiró, apartando el pequeño alboroto generado en su intento de conseguir un qué hacer. "Gone Girl" la película se había estrenado hace mucho más de un mes, sin embargo, la misma desde entonces había descansado en una de sus maletas sin mostrarle ningún tipo de interés, hasta ahora, el aburrimiento se había elevado como un globo aerostático y las responsabilidades comenzaron a ser esquivadas, porque el objetivo estaba fijado. La necesidad de llamar la atención y buscar en sus padres un motivo para atravesar el océano que los separaba, una forma de decir la verdad sin tener que abrir la boca. Movimientos cobardes que se colgaban a una personalidad abandonada, años dependiente de halagos que jamás llegaron y ahora, preparada para conseguir toda situación contraria a la siempre deseada. Mentiría si dijese que todo aquel plan lo traía con tranquilidad, que la caída de la noche rebosaba con normalidad y que la ausencia de sus compañeros, hoy, le daba igual. Pero sobre la superficie, todo sentimiento se volvía efímero y la convertían en la mayor de las impostoras, impostora que podía ocultar cada unas de sus locuras, en cualquier sitio, menos en su mirar.
Cabello revuelto que se movía con el movimiento de sus dedos que constantemente viajaban al mismo sitio, ropas cómodas elegidas para refugiarse bajo el calor de una manta y la presencia, inolvidable, de sus gafas cuando los lentes de contacto la cansaban. Recargó su espalda contra la cama y el resto del cuerpo sobre el suelo, tomó su móvil ojeando las notificaciones y encontrando nada nuevo, sólo la notable ausencia de su pequeño entretiempo. Palabras burlonas que no fueron respondidas, acidez que no sería regresada y la pequeña sospecha de que el sueño haya sido el desafortunado invitado. Nunca preguntó qué era lo que hacía, tampoco cuestionó sobre cómo o dónde estaba y suponía que la situación era reciproca. Jamás le cuestionaba temáticas de índole personal, sin embargo, replicaba de toda banalidad generada en medio de la conversación, atraída por el fastidio en las orbes oceánicas que tendían a cansarse con facilidad. Fingía desinterés, silenciaba su propia curiosidad y acababa ahogada en un mar de palabras que quedaban por decir y dudas, que aunque fuesen resueltas, jamás se atrevería a rebatir. Pestañeó, en un movimiento involuntario causado por la llamada de Morfeo, a la espera de la característica melodía que respondería la mayor de las preguntas ¿podía ya empezar la película o le debía esperar? Obcecada a teclear un nuevo mensaje y descartando cualquier posible invitación futura que ella pudiese otorgar. Observando en una imaginativa cinemática la respuesta ocurrente, de tonos socarrones, que el ruso le daría. De pie, se dispuso a cumplir su panorama nocturno y caminó a su función con sólo un par de dulces por si la tensión la arrastraba a una situación de ansiedad.
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@zait_niko: Tanta seguridad que te puede llevar por malos caminos, ¿sabías? Claro, angelical, completamente adorable y tocado por la misma mano de los dioses celestiales. Es que los osos son adorables, sobre todo los pandas, pero no encuentro ningún semejante con mi persona.
@zait_niko: Cada uno con sus decisiones, supongo. Eso es muuuuy infantil de tu parte, es decir, lo admito, también he culpado al destino en más de una ocasión pero no podemos lavarnos las manos así como así. Caja de pandora, quizá.
@zait_niko: Me escondo atrás tuyo, pero pésima idea teniendo en cuenta lo delgadita que eres me atrapan demasiado rápido, algo se me ocurrirá igual. Podemos, sí, para llegar a eso primero debes ofrecerme algo interesante. Creo que es uno de los mejores poetas que pudieron haber existido, el tipo bohemio tenía sus encanto, y al mismo tiempo tiempo deprimente, sí, patético que llegue a la conclusión de que sólo se puede vivir en este mundo asqueroso borracho, pero admitamos que tiene, no sé, ese qué de tipo oscuro. ¿Ni siquiera puedo llevar una cerveza? A ti quizá te gustan y todo. Pero quiero llevar las palomitas, ¿las puedo llevar y no convidarte?
@tigereyes: Nunca me he desviado antes, qué te hace creer que lo haría ahora. ¿Me estás describiendo? Que detallista. Yo si lo encuentro, tus facciones, aunque podría ser como un perro también, pero no rimaba con las demás palabras. ¿Panda? Pides demasiado.
@tigereyes: No es infantil, puedes decirme que es cobarde si quieres, lo admito. ¿Por qué no? Nadie nos regañara al respecto, es conseguir un poco de paz a cambio de un pensamiento. No lastimamos a nadie, y nos protegemos, podría decir hasta que es racional. No la vayas a abrir, Nikolai, dicen que una acción inofensiva podría acarrear consecuencias catastróficas. Uhoa
@tigereyes: Ja, considerando lo gordo que eres querrás decir en realidad ¿no?. Ya te he ofrecido algo interesante, no seas codicioso. ¿Lo es? Mmmm, en esta vida todo poeta parece llegar a conclusiones semejantes, con situaciones variadas. Toda oscuridad tiene cierta atracción que provoca que te sumes a ella, el problema siempre se desencadena en el poder salir. ¿En serio crees que es necesario una cerveza? Dios, ja, ja, ja, si las traes podré robarlas y luego no quiero quejas. Estás advertido, eh.
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@zait_niko: Pero quizá sí los utilizaste, nadie sabe, me temo que la advertencia llegó tarde, ya lo hice. Jajajaja, el primero es interesante.
@zait_niko: Puede que así sea. Bueno, ¿por qué hay que esperar que todo sea fácil en la vida, uh? Es como incrementar la pereza humana. Me alegro por ellos, yo no soy gruñón ni amargo, por ende desconozco. Eh eh, con esas cosas no se juegan, no puedo creer que te atrevas a amenazarme de esa manera.
@zait_niko: Yo a veces soy bueno corriendo, así que no hay drama. Yo no tengo que solucionar nada, tú tienes que hacerlo. Por ahora no llama mi atención ser un ángel para la sociedad, lamento la decepción, en este mundo se tiene que ser algo egoísta mmmm. Y sobre lo último, estás pidiendo como un imposible, no sé, baudelaire decía que había que vivir borracho, ¿sabías?
@tigereyes: Claro que no los he usado, si lo hiciera ya estarías callado, pero soy un ser angelical que no es capaz de hacer tanta maldad. ¿Oso? Oso, y no de manera tierna o positiva. Descarta todo ese lado de la gráfica.
@tigereyes: Mejor dicho, por qué hay que creer que en la vida todo es complicado. Suficiente tenemos con movernos sin ensayar antes, un acto improvisado de errores que nunca pueden cambiarse. Prefiero tener al destino, para culparlo de mis trastadas. Lo eres, no niegues tu naturaleza. Te dije que tenía mis métodos, rusito, soy una cajita de sorpresas.
@tigereyes: Puedes correr, pero no esconderte, uhhhh. A veces tus niveles de egoísmo superan los míos, y eso es mucho decir para que lo sepas ¿no podemos llegar a una tregua? Creo que ese dicho es patético, es como pedir vivir inconsciente y sí, te pierdes las cosas malas, pero también las buenas. De todos modos no te decía que dejes de beber por siempre, dije que lo dejes ahora, conmigo. Y sí, es una invitación, y no, no tienes que traer las palomitas porque seré el ejemplo de lo que profeso.
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@zait_niko: Puedes intentar obligarme, lena, pero sabemos que, por lo visto, tus métodos para obligarme a seguir tus exigencias son un verdadero fracaso. Me encantaría conocerlos, adelante, puedes pasar a sorprenderme.
@zait_niko: Pero fue mi decisión dejarle la decisión al azar, por ende, es un éxito de mi propiedad, todo es una clase de círculo vicioso en esta vida. No, de esos me sobran, además de que ya soy suficientemente dulce. Es que tú quieres todo fácil y servido en bandeja de plata, así no son las cosas.
@zait_niko: No es suficiente, lo siento. Porque me encanta mostrarte la tentación hecha palomitas, ah, y además de que bueno, soy malvado. Pero si me das algo decente a cambio podría ofrecerte un poco de mi piedad. Quizá lo haga en algún momento, por ahora me voy con mis métodos.
@tigereyes: Quizás realmente no he utilizado ningún método, pero, eh, yo que tu no me desafiaría. Ya te dije en una ocasión que suelo ser muy persistente cuando quiero algo. Bien, tú lo has pedido; oso, caprichoso, horroroso, quejoso, amargadOSO y puff ¿seguro que quieres que siga?
@tigereyes: Puede que si, puede que no, porque si es así supone que todo se rige por nuestra culpa entonces... Oh, eres la persona más exigente y complicada de complacer, nade te sirve y tampoco planeas decir qué es lo que te sirve y no, los gruñones son amargos. No veo lo fácil en tener que lidiar con tu peso sobre mi y empapada por la nieve, en un futuro tendré que atentar con tus futuros hijos.
@tigereyes: Nate es muy bueno con el boxeo, puede que endulce la versión... ¿sigue sin ser suficiente? Genial, ahora quiero palomitas ¿cómo arreglarás la situación que has generado? Siempre pidiendo algo, deberías comenzar a emplear la beneficencia y mi persona es algo más que decente. Hazlo ahora, deja el alcohol.
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@zait_niko: Shhh túuuu. Seguramente lo pensaste, junto a otros divinos adjetivos. Hiciste una rima, tramposo, fastidioso, hermoso, maravilloso, genialoso @tigereyes
@zait_niko: ¡Lo es! Yo elijo así muchas cosas de mi vida ok, una vez elegí un juego con los ojos cerrados y terminó siendo quizá la mejor decisión de mi vida. No, eso es poca cosa, ¿para qué quiero una rosa yo? JAAAAAA, dejarte ganar, qué vergonzoso, lena, pensé que no eras de ese tipo.
@zait_niko: Ah, bueno, mmm, sí, todo un valiente, ¿por qué a mí? Yo ni me acerco a tu cuarto. Yo tengo palomitas, bueno, necesitan un golpe en el microondas, obviamente, y no, no sirven dulces, bueno sirven, pero no es lo mismo, además de que te faltan unas cervezas o algo de alcohol porque así no va la cosa.
@tigereyes: Oh, caallaaa y no me calles, por favor. Me sorprende como salen adjetivos de la nada, es que por las noches soy poeta ;). Deberías conocer el resto de adjetivos que se incluyen en el repertorio, verdaderamente "divinos".
@tigereyes: No es tú decisión, es la del azar y no es lo mismo. Pero vale, tomaré tu palabra y me iré por la b. Te respondería una grosería, pero soy educada ¿Qué quería el niño? ¿Un caramelo? En ese caso, ¡sorpresa! Mi puchero intentó comprar tu bondad, pero para ese entonces ya había demasiada maldad. Así que vergüenza en tu caso, peleando a una inocente criatura.
@tigereyes: por soplón, es la única amenaza que se me ocurre para mantenerte callado :). Lo sé soy una genio. ¿Por qué me presumes que tú si tienes palomitas? Malo eres y se puede disfrutar una película sin alcohol. Deberías intentarlo una vez, no es para nada aburrido o desagradable.
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@zait_niko: Shhh, yo siendo sarcástico, tú siendo sarcástica, lo importante es que a veces no es comprensible a la lectura general, y para ti soy una persona maravillosa, brillante. @tigereyes
@zait_niko: ¡Dije cerrar los ojos! Es decir, no sé, es como dejar que elijan los otros sentidos, tiene algo de lógica. Perdiste porque eres mala convenciendo a las personas y nada rápida.
@zait_niko: Espera un momento, ¿gone girl la película o gone girl el libro? Yo también tendría miedo de hurgar entre sus cosas :oOoO, si lo haces le diré. Bueno, ah, creo que, b, es decir, no sé, otra pregunta, ¿tienes palomitas o algo para acompañar? Porque de otra manera no puedes ver una película.
@tigereyes: Shhh, tú. No estoy hablando, no puedes callarme #lerolero. Corrección, dije brillante no maravillosa ¿ya comenzamos con las exageraciones, uh? También eres fastidioso y un tramposo, lo haces de nuevo.
@tigereyes: No suena a algo posible, pero uh, de todos modos sabré cual es una y cual es la otra. ¿Qué querías, una rosa a cambio de la bandera? Perdí porque no puedes, por una vez, dejarme ganar.
@tigereyes: Ugm, la película. He visto el tráiler y me ha llamado la atención. No sabía que eras así de "valiente" y soplón. Si me acusa de algo parecido, te culparé a ti y te señalaré como responsable. Ugh ¿no sirven un par de dulces? Considerando la hora es imposible conseguir algo más, pero tampoco es indispensable.
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@sheismull3r: @tigereyes (¬‿¬) ¿Te lo has imaginado, verdad?
@sheismull3r: @tigereyes Joder, es una de las sagas sci-fi más reconocidas en el puto mundo, además hay un barril parlante, una bola de pelos y dos hermanos que se tienen ganas. Te aseguro que es normal y te gustara.
@tigereyes: @sheismull3r saca la cara de pervertida, la realeza te puede leer desde aquí.
@tigereyes: @sheismull3r ¡Lo sé! Sólo te molestaba, supuse que reaccionarías algo semejante y ya la vi. Bueno de a pedazos.
@tigereyes: @sheismull3r y si, yo también puedo molestar a veces. Pagaría por haber visto tu cara de indignación #proud
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@zait_niko: Quedó para la historia y lo marco como favorito para tenerlo en mis más preciadas memorias @tigereyes
@zait_niko: Sólo cerrar los ojos y terminar apuntando una, ¿cómo diablos saboteas eso? Sí, lo eres, es verdad, por eso perdiste en el juego de la bandera :(((( Pero si me das las opciones hago el trabajo sucio por ti.
@tigereyes: @zait_niko vaaaya privilegio, rusito, deberías acordarte de ponerle una etiqueta que diga #sarcasmo también :P. No vaya a ser que te emociones demasiado.
@tigereyes: @zait_niko ¿Sin cerrar los ojos realmente? ¡Es como intentar ahogarse sin querer morir! Siempre sacas la cabeza antes. Perdí porque hiciste trampa, así cualquiera.
@tigereyes: @zait_niko Mhmmm ni siquiera lo pensé, pero a mano tengo "los vivos y los muertos" y "gone girl". Quizás Nate tenga otras películas, pero da miedo hurgar en sus cosas. Diga, señor brillante, ¿A o B?