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@leon-broad-blog
Apresurada - como siempre - iba la francesa por los pasillos del internado, casi corriendo para ir en busca de una nueva camisa para poder cambiarse. Estúpidamente había abierto una gaseosa batida y la consecuencia había sido ser manchada de la cabeza a los pies; ahora necesitaba una nueva prenda de vestir. “Merde” se quejó, doblando por un pasillo para terminar impactando con un muro de carne, siendo impulsada hacia atrás de manera violenta. “Ne vous inquiétez pas, il n'a pas d'importance” escupió con el ceño fruncido, percatándose después de que había hablado en francés. “Bah, no interesa” dijo. “Y no, no vi nada, pero si fue brutalmente golpeada” gruñó.
Leon observó a la jovencita con cara de confusión, pues si había algo de lo que carecía era del conocimiento de varios idiomas. Solo sabía hablar dos. "Bueno, me disculpo una vez más; lo siento" repitió con un ápice de aflicción en la voz. "O si quieres te lo digo en español porque no sé hablar francés" aclaró la garganta e inclinó su cabeza como si le estuviera hablando a la realeza. "Le ruego me disculpe, seniorita" le dijo en español, el idioma natal de su madre. Le dedicó una pequeña sonrisa que apenas parecía una y entonces se dispuso a seguir su camino lo más rápido posible hacia su habitación.
La muchacha había visto a lo lejos aquel cabello inigualable que pertenecía a uno de sus amigos más cercanos el cual iba en dirección contraria en la que ella se dirigía. “¡Hey!” intentó llamar la atención de León con un simple saludo a la lejanía más este ni siquiera se atrevió a levantar la cabeza. Paxton lo observó con un ligero fruncimiento de su ceño, ahora notando la mano sobre su ojo y el hilo de sangre en su labio, transformando completamente su rostro alegre por uno lleno de preocupación y furia. Con paso apresurado se acercó hasta el muchacho chocando con su anatomía por el hecho de que no podía verla. “¡León, espera!” tomó su brazo para detenerlo y llevarlo hasta un lugar más oculto, fuera del ojo público. “¿Que…? ¿Quien diablos te ha hecho eso?” las manos de la menor temblaban, la ira se estaba conteniendo en su pequeño cuerpo y era porque no podía tolerar que alguien hubiese herido al muchacho, no de esa manera. “¿Quien te ha hecho eso? Juro que, juro que voy a ir a matarlos, voy a meter sus puños por el centro de su…” se detuvo, tomando grandes bocanadas de aire para tranquilizarse.
Había comisionado con alguien y un segundo después esa misma persona lo estaba llevando a un lugar donde no había nada de gente. Sintió como si le quitaran un enorme peso de los hombros cuando se dio cuenta de quien se trataba. Su expresión era afligida, pero se obligó a serenar su semblante y la mano que no sostenía al felino, fue a posarse sobre el hombro contrario. "Hey, tranquila, estoy bien" dijo, con la intención de que la jovencita se calmara. "Realmente aprecio tu preocupación, pero no tienes que ensuciar tus manos con la sangre de nadie. Además, yo me lo busqué porque soy idiota. Ya no tiene importancia" agregó y dio un toquecito en la punta de la pequeña nariz ajena. Eso era cierto, de verdad agradecía la preocupación, pero no quería que ella tuviera esos malos sentimientos por su culpa. "Ahora, en lo que si voy a necesitar tu ayuda es para buscar hielo o algo muy frío para mi ojo o terminaré luciendo como Rocky después de que se bajaba del ring" le pidió, so voz guardaba un ápice de diversión esta vez.
Tras sentir como le hacía efecto lo que, minutos antes había optado por fumar, Adrián decidió entrar a una de las tantas salas; donde siempre se sentaba a descansar, con la clara intención de quedar tranquilo para que nadie le sorprendiera — pero para su mala suerte, al parecer, aquel día tendría que cambiar de rutina, debido a que alguien más le haría compañía. ❝ ¿sabes? para mi que, lo primero que preguntan los presidentes al obtener su mandado, es si es que los aliens existen o no… ❞ habló a penas, intentando de disimular (( antes de tomar asiento al lado de susodicha silueta.
La clase del club de canto había terminado hace ya media hora, pero Leon se había quedado jugando con una guitarra, entonando la letra de una canción que había aprendido hace un día. "... singing who-o-oa please don’t go, do you wanna be a friend of mine?..." estaba cantando en voz baja cuando oyó que alguien entraba y le alegró saber que se trataba de su amigo. Dejó la guitarra a un lado, mientras reía con las palabras del otro rubio. "Eso y cuánto dinero van a ganar" le aseguró y enseguida lo observó con más atención. "¿Qué anduviste fumando, Adriancito y por qué no me diste?" le preguntó con diversión.
Michael + American flag bandana
// ooc //
La argentina caminaba por los pasillos de Bedford con pasos lentos y vagos, pues la noche anterior había sido una locura para la latina, principalmente porque se había acostado con dos personas en una misma noche, y sí, era posible. Su mente estaba en blanco, mientras que en sus auriculares rosas sonaba la nueva canción de Coldplay. Obviamente, su camino se vio estropeado cuando chocó con el rubio por accidente, pues ella estaba en otra cosa.”No, yo lo siento. No te vi.” Contestó, sacándose uno de sus auriculares de su oreja. Observó con cautela al muchacho y pudo ver claramente como escondía algo, ¿Alcohol? ¿Drogas? No sabía, pero su curiosidad la estaba matando.”¿Por qué estás actuando raro? ¿Estas traficando drogas?” Murmuró esperando que nadie la hubiera escuchado. Con su dedo corrió un mechón de su cabello y observó el ojo ajeno, todo morado.”¿Con quién peleaste?”
Con aquella pregunta emitida por la morena, no pudo evitar dejar salir una risita despacio. “Traficar drogas en esta escuela es mucho más fácil que esconder un gato y un ojo morado, créeme” le dijo con un ápice de diversión. Descubrió su ojo para sostener al pequeño felino en ambas manos, pues ya no tenía caso que siguiera ocultando las tonalidades moradas alrededor de su ojo si al parecer ella ya lo había notado. Dejó salir un suspiro resignado unos segundos después. “Es una larga historia en realidad” dijo y mordió su labio inferior, acción que dejó enseguida cuando la herida en éste le dio una punzada. “Pero, para resumir, todo es culpa del gato y sin embargo, me lo traje a la escuela. Así de idiota soy” agregó y se encogió de hombros, con la intención de que sonara muy simple su explicación.
“¿Cómo puedo fingir que no he visto nada?” Preguntó y exclamó la pequeña, una vez pudo mirar hacia arriba y ver lo que tenía en sus brazos. “¿Cómo has conseguido que entre? ¿Es tuyo?” De repente, frunció el ceño. “Oh no, ¿Tienes el labio roto?” Preguntó al observarlo bien.
“Así: Haces como que soy un producto de tu imaginación y no me viste en realidad” le dio como respuesta esa frase que no sonaba tan ridícula en su cabeza. Enseguida su mirada viajó hasta el pequeño gatito y después le dedicó una sonrisa sutil a la jovencita. “No es mio, lo encontré. Así que está aquí de forma ilegal porque no se permiten animales en el internado” sostuvo al animalito entre sus dos manos, olvidando que estaba cubriendo su ojo. Con esas últimas palabras bajó la mirada “Oh no. No es nada, estoy bien” le dijo, tratando de restarle importancia al asunto. “No dirás nada del gato, ¿verdad?”.
A pesar de estar bien de tiempo Tamara siempre corría por los pasillos por la dudas, necesitaba tener un buen promedio en cada materia y llegar temprano para poder leer el tema del día era su nueva rutina. Un buen promedio le permitiría tener tiempos libres para entrenar al máximo. Haciendo un repaso mental de sus horarios y concentrada en ello se distrajo de su camino chocando contra otro cuerpo. Al levantar su vista se encontró con el rostro de unos sus compañeros, lo vio horrorizada. “Leon, lo siento ¿estas bien?” Las palabras salían con rapidez de sus labios. “No puedo hacer como que no vi nada, ¿te has visto? ” Murmuró con un poco de timidez y preocupación.
“No te preocupes” se apresuró a responder y se dispuso a seguir su camino, pero la expresión en el rostro contrario, lo hizo detenerse. “No me mires así, no me veo taaaan mal. Estoy bien” le dijo, alargando la vocal A y sabiendo que probablemente eso no era cierto. Apretó los labios en una línea, arrepintiéndose enseguida por ello, pues el corte en su labio había dolido y después descubrió su ojo para sostener al gatito en sus dos manos. “¿En serio me veo tan mal?” le preguntó ahora en serio y realmente afligido. Dejó salir un suspiro resignado y buscó los orbes contrarios. “De todas maneras no vayas a decir nada, por favor” le pidió.
Apresuradamente, Jeremiah se dirigía a la puerta de salida hacia el patio, su mirada baja mientras intentaba abrir la cajetilla de cigarrillos que tenía en las manos. Su mañana había sido desesperante, ese grupito de alumnas que siempre entregaba sus tareas con adelanto esperando apreciación, adulación, lo que fuera; lo sacaban de sus casillas. Lo único que lo mantenían en una zona de tranquilidad, era la esperanza de ir por su cajetilla a la hora del recreo. Claramente su reacción no fue grata al topar con el alumno, “¿No he visto nada? Como quieras, no podría importarme menos. Sólo no acerques a ese gato feo a mi clase, soy alérgico,” rodó sus ojos, “Ah, y mira por dónde caminas,” su mirada se dirigió al rostro del chico. No había notado el morado en su ojo hasta ese momento. Suspiró.“¿Qué mierda te pasó?”
“No te preocupes...” estaba diciendo, pero se detuvo porque se dio cuenta de que el otro rubio había dicho mi clase y eso solo significaba una cosa. “No se preocupe” corrigió de inmediato. “Y perdón otra vez" agregó. Estaba dispuesto a seguir su camino rápidamente y agradeciéndole al cielo porque el mayor no hubiera dicho nada más al respecto y lo estaba dejando ir libremente. Sin embargo, esa última pregunta arruinó sus planes y se tuvo que detener, prefería inventarle algo rápidamente que tener problemas después. “Yo... eh, es una larga historia” terminó diciendo, apretó los labios en una línea y entrecerró los ojos. “Pero no te preocupes... No se preocupe, estoy bien y como habíamos quedado, no viste, no vio nada” esas últimas palabras habían salido más rápido del o normal, con el afán de casi salir huyendo porque, número uno; no quería terminar diciendo la verdad y segundo; lo había llamado de forma inapropiada al tratarse de un profesor.
Detestaba tener que estar al aire libre, no era fanática de recibir los rayos del sol directamente en su pálida tez. Por desgracia, las prácticas de las animadoras eran en el campo de football americano. ¿Con quién tenía qué hablar para dejarlas usar el gimnasio? Los estudiantes de literatura podían usar perfectamente cualquier salón de clase. ¡Por Dios!, había decenas de ellos vacíos, pero a la directora se le había ocurrido la brillante idea de hacer a las animadoras un verdadero equipo. (Ya que había ciertos rumores que trataban de las enemistades que existían dentro del escuadrón). Después de moverse como idiota por dos horas, finalmente podía regresar a la comodidad de su habitación para poder darse una ducha. La estaba esperando una larga lista con pendientes en su habitación, ni siquiera los maestros se tocaban el corazón al ver que los estudiantes sufrían con demasiadas actividades extracurriculares. Mientras iba caminando, se encontró con un estudiante que parecía estar ocultando algo. Gizell no le dio importancia al asunto, ya que no deseaba indagar en la vida de sus compañeros. “Ni siquiera te presté atención.” Respondió honestamente, el joven era libre de hacer lo que quisiera con su secreto; ella tenía mejores en que pensar.
“Deja de arañarme la mano o te voy a poner un nombre feo” musitó, dirigiéndose al pequeño animal. Desde que había regresado por la parte de atrás del internado, se había escabullido con sumo cuidado por los pasillos pasa que no lo vieran, así que al oír esas palabras de parte de la muchacha se sintió aliviado y le dedicó una sonrisa sutil, como de agradecimiento, aunque ella no estuviera muy al tanto de lo que sucedía. Agradecía el hecho de que no hubiera sido un profesor que le hiciera preguntas y que no le diera importancia al asunto. “Que bien” alcanzó a decir y entonces se dispuso a retomar su camino.
Miro su reloj nuevamente, iba tarde a clase. El timbre había sonado hace bastante tiempo pero la rubia no había escuchado por tener los audífonos puestos, tenia que dejar de distraerse tanto pero se sentía tan identificada con aquella canción, su corazón se exaltaba cada vez que la escuchaba. Sonrió nuevamente al recordar la letra y por lo bajo empezó a tararearle. No noto a la persona que se aproximaba, la colisión la saco de sus pensamientos. Inmediatamente se detuvo a mirar a la persona “¡ESPERA!” Grito en medio pasillo “¿Estas bien? ¿León? ¿Que te paso en la cara?” comento con una expresión de confusión en su rostro, pues el aspecto del joven no era el mejor.
Se había dispuesto a seguir su camino para llegar rápidamente a su habitación, pero la voz de la muchacha lo hizo detenerse y no podía simplemente ignorarla. De modo que, se dio media vuelta, mientras se mordía el labio inferior y se arrepentía enseguida, casi olvidaba que estaba herido. “Es... no es nada en realidad, es solo un rasguño” dijo, tratando de restarle importancia, cosa bastante difícil tomando en consideración su aspecto. “Fue... fue el gato” bromeó, dando una respuesta ridícula, pero a los segundos después terminó soltando un suspiro resignado. “Es una larga historia” le dijo esta vez en serio. “Pero por favor, no vayas a decir nada o me van a castigar. No, peor, estoy seguro de que me van a suspender” se lamentó.
Después de cenar se dirigía hacia su habitación para descansar un poco y tal vez hablar con sus compañeras de habitación cuando termino chocando contra alguien por lo que hizo una mueca. “Descuida iba distraída” respondió rápidamente para después ver al chico con más atención por sus palabras y al notar los golpes en su rostro abrió los ojos sorprendida. “¡No voy a fingir que no mire eso! ¡Tienes que ir a la enfermería!
“¡No puedo ir a la enfermería!” exclamó en voz más baja de lo normal y se mordió el labio inferior, arrepintiéndose enseguida porque había olvidado que tenía aquel corte en su carmín . “No puedo ir a la enfermería porque me van a preguntar qué me pasó y tendré que decir la verdad y me van a suspender. Y entonces mi padre me castigará y me va a enviar a hacer trabajo comunitario” las palabras salían más rápido de lo que hablaba normalmente y en un tono afligido. “Por favor no digas nada” le pidió encarecidamente. “Prefiero terminar con el labio como Angelina Joile que tener que decir la verdad” agregó.
Maggie estaba tranquila parada en medio del pasillo leyendo el libro que les había dejado el profesor de filosofía cuando sintió a alguien impactarse contra su espalda. “Ay la….” estaba por comenzar a insultar al platinado cuando noto al pequeño animalito y su rostro todo lastimado. “¿Como pretendes que te ignore cuando tenes la cara toda lastimada? No creo que quieras ir a la enfermería pero al menos déjame que vaya a robarme algunas gasas y desinfectante para curarte eso… además no podría ignorar a ese lindo gatito…”
Dejó salir un suspiro resignado. ¿Cómo se le había ocurrido que pasaría desapercibido con un gato en la mano y el labio partido? Por supuesto que no. Observó a la muchacha con un ápice de ternura por querer ayudarlo y le dedicó una sonrisa sutil. “No quiero ser molestia, pero en estas circunstancias acepto tu ayuda” le dijo. “Y después podríamos conseguir algo de hielo porque tengo el presentimiento de que esto se va a poner feo” dijo, refiriéndose a su ojo. “Este lindo gatito te lo agradecerá” agregó, como si esas palabras fueran sobre él. Sabía que ese cumplido iba para el pequeño felino, pero incluso con un ojo morado y un labio partido le quedaban ánimos de bromear.
“P-o-o-rsupuesto no he visto nada…pero puedo…¿acariciarle?, jamás había visto uno tan chiquito” pidió Ollie mirando al chico con una sonrisa ancha en sus labios, esperaba que el chico no se enfadara por lo que la chica pedía.
A pesar de estar herido, le dedicó una sonrisa de la misma manera a la muchacha. Le alegraba que se hubiera fijado más en el pequeño felino que en su aspecto. “Claro, pero ten cuidado porque está un poco asustado” le advirtió y sostuvo al gatito entre sus manos para que ella pudiera acariciarlo, olvidándose del hecho de que se estaba cubriendo el ojo. “No vayas a arañarla, amigo, eso ya lo hiciste conmigo” le habló al minino con un ápice de diversión.
Andrew iba caminando distraído mientras revisaba las últimas fotos que había tomado para la clase de fotografía cuando sintió que chocó contra alguien más. Levantó la mirada para disculparse, pero el chico contra el que había chocado se disculpó antes. El moreno no pudo evitar notar el gato que traía en su brazo y la herida en su labio. *Espera* exclamó y dio la vuelta para caminar al lado del rubio. *No voy a decir nada, pero parece que necesitas ayuda*
Se encaminó hacia su habitación nuevamente, esta vez manteniendo la mirada entre sus pies y el gatito, pero la repentina compañía del moreno lo obligó a levantar la mirada. “¿Tanto se me notan los golpes o estoy siendo poco sigiloso?” le hizo la pregunta más obvia del mundo en ese momento. Dejó escapar un suspiro resignado, pues aquellas palabras por parte del muchacho parecían un ofrecimiento y le había dicho que no diría nada. “Ya que estás aquí, ¿podrías ayudarme a conseguir hielo o algo bien frío? Tengo el presentimiento de que esto se pondrá feo” dijo, refiriéndose a su ojo.
“Lo siento” se disculpó de inmediato antes de siquiera mirar al muchacho a la cara. El impacto había hecho que Killian tambalease ligeramente y tras recuperar el equilibrio peinó el flequillo que había caído sobre su frente hacia atrás. Observó al muchacho con sus ojos entrecerrados al recibir la luz directamente en los ojos y se preguntó qué hacía fuera de un salón del internado a aquellas horas de la mañana. Creer que era un estudiante nuevo al igual que él sería algo estúpido por parte de Killian ya que además de que el muchacho se veía de lo más inseguro con un gato dentro del perímetro del internado, lo que le daba a entender que conocía las reglas del establecimiento acerca de la prohibición de animales y por ende hacía tiempo que estudiaba allí, Killian era consciente de que eran los únicos en el jardín ya que todo el mundo se encontraba ocupando un pupitre en los salones del internado. Tal vez de no haberse quedado embobado por la imagen del imponente edificio habría divisado al joven antes. “Tranquilo, no diré nada” alzó sus manos para acompañar sus palabras. “¿Estás bien?”
Iba apresurado con la intención de que nadie lo viera, pero de todas maneras se tomó un segundo para observar al otro muchacho, pues no lo había visto antes, además no había nadie más por allí. “Gracias, amigo” le dedicó una sonrisa sutil y agradecida. “Y no te preocupes, estoy bien, son solo unos rasguños” dijo, intentado restarle importancia al asunto. Se iba a encaminar hacia su habitación, pero la curiosidad le ganó y tuvo que preguntar. “¿Eres nuevo? O yo soy muy ciego porque no te había visto antes” comentó pensativo, mientras sostenía al gato en ambas manos, olvidando por completo que estaba cubriendo su ojo. “Y ¿por qué no estás en clase?” le preguntó por mera curiosidad.