Pisos
Las paredes, puertas, patios y corredores de mi casa, eran a mi percepción de niño, los más grandes y majestuosos.
El aljibe recibía luego de cada pesca de mojarritas a las más afortunadas. Mientras que las otras decoradas entre flores servían de banquete para mis dos gatas (Sofía y Mercedes). Eran cenas maravillosas que celebrabamos con mis amigas.
Todo en mi casa era espléndido hasta el día que los pisos de madera del cuarto principal comenzaron a hincharse y elevarse.
Mi madre junto con la deformidad de los pisos dejó de comer y de dormir.
Recuerdo a mi papá vagando preocupado en las noches debido a los gritos histéricos de mi madre.
Una mañana amanecí con mi madre en la cabecera de mi cama con unas bolsas de nylon a las que se le salía ropa y jabón.
-Nos vamos y te voy a contar porque para que no te asustes.- Susurró mamá acariciando mi espalda.
Se sentó en la cama y con voz serena me lo contó todo sin pausa
-Esta casa antes era una pensión de la familia Ortega. Padre, madre e hija adolescente. Nélida se llamaba la hija. Resulta que se mudó un muchacho (al parecer de bien) y se enamoraron. Luego de dos meses su tío enfermó y el muchacho tuvo que ir a cuidarlo. Sin saber que Nélida estaba embarazada. Cuando los padres de Nélida se enteraron del embarazo por vergüenza la encerraron los nueve meses y le dijeron a la ciudad que se había ido de viaje. Cuando el bebé regordete nació no se animaron a matarlo, pero abrieron las tablas del piso, lo dejaron y taparon las ventilaciones para no escuchar su llanto.- Mamá me tomó del pijama y dijo:
-Ven mi amor pon tu cabecita en el suelo y lo escucharás llorar también
A.A.ALMEYDA











