Iván Ilich se queda solo, con la conciencia de que su vida está envenenada, de que envenena la vida de los demás y de que ese veneno, lejos de debilitarse, va penetrando cada vez más en todo su ser.
La muerte de Iván Ilich, Lev Tolstói

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Iván Ilich se queda solo, con la conciencia de que su vida está envenenada, de que envenena la vida de los demás y de que ese veneno, lejos de debilitarse, va penetrando cada vez más en todo su ser.
La muerte de Iván Ilich, Lev Tolstói
No se debe permitir que el amor sea una suposición, pensé, sino asegurarse de que sea una certeza.
Las tres despedidas de Georg Kahn, Bruno Puelles
No sé callar cuando el corazón habla en mi interior.
Noches Blancas, Fiódor Dostoievski
Lo único que les quedaba eran breves arrebatos amorosos, que enseguida se desvanecían. Eran como islotes a los que se agarraban de vez en cuando, antes de lanzarse de nuevo al mar de la hostilidad disimulada, que se manifestaba en un alejamiento mutuo.
La muerte de Iván Ilich, Lev Tolstói
Y en vano el soñador revuelve entre sus viejos sueños como si fueran ceniza, buscando en esa ceniza cualquier chispa para atizarla, para calentar con fuego renovado su corazón enfriado y volver a resucitar en él todo lo que antes le era querido, lo que le llegaba al alma, hacía bullir su sangre, le arrancaba lágrimas y le engañaba espléndidamente.
Noches Blancas, Fiódor Dostoievski
Nos encontramos por casualidad. Lo valioso son todas las veces que desde entonces hemos elegido seguir buscándonos, incluso aunque objetivamente sea de lo más insensato que nos veamos. Supongo que ahí está el amor —bromeó—, en el desafío a la sensatez.
Las tres despedidas de Georg Kahn, Bruno Puelles
En los momentos de angustia en que me sentí más solo, los libros fueron mis compañeros. Desde entonces han estado conmigo en las buenas y en las malas.
El Libro Salvaje, Juan Villoro
Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo. Y aunque lo hubiera hecho, ¿qué habría ganado? El cielo está tan alto, y mis ojos tan sin mirada, que vivía contenta con saber dónde quedaba la tierra.
Pedro Páramo, Juan Rulfo
El cielo estaba tan estrellado, estaba tan claro que, al mirarlo, involuntariamente uno tenía que preguntarse: ¿Será posible que bajo este cielo pueda vivir gente con todo tipo de caprichos y enfados?
Noches Blancas, Fiódor Dostoievski
La verdad es que normal-normal no soy, ¿pero quién quiere ser común como un trapo? La gente que vale la pena se distingue por algo.
El Libro Salvaje, Juan Villoro