TRES MIL LATIDOS Y DOSCIENTOS LITROS DE SANGRE
Si pudiera multiplicarme pasearía contigo dándote las dos manos. Quiero decir, si pudiera ser dos yo, yo dos veces –entiéndeme–, un alma repetida como el rizo que se enredara entre dos dedos y pareciera un meñique o los labios que abrieran paso a una lengua que precediera a un beso que se duplicara buscando la eternidad, colonizaría tu hoy y tu mañana, te esperaría donde estarías y donde querrías estar, te extrañaría viendo cómo tus besos crean goteras en mis pestañas y al mismo tiempo te dibujaría labios llenos de saliva en el centro de tu dedo corazón.
Si pudiera redoblarme nos observaría desde fuera como quien mira a los ojos de la muerte: con envidia.
Si pudiera estar aquí y allí estaría en ti y en ti, prendería fuego a Troya mientras te regalo París, te miraría dormir y al mismo tiempo soñaría contigo. Ya sabes a lo que me refiero, si pudiera engañar a las coordenadas crearía un mapa donde solo cupieran tus dedos de los pies y esta necesidad mía de seguirte a todas partes.
Si pudiera ser la misma en dos mitades, amor, te vestiría con el mismo nerviosismo con el que me dejas desnudarte, limaría mis errores para que el tropiezo fuera suave y sería a la vez precipicio e impulso de todos tus miedos y sueños.
Si pudiera, mi amor, convertiría todo lo que ahora es singular en plural.
Pero no puedo, así que has de conformarte con lo único que puedo hacer:quererte - no el doble, ni por dos, ni al cuadrado, sino con la fuerza de un ejército de tres mil latidos y doscientos litros de sangre que queriéndote dar más de lo que tiene te da todo lo que es-.
-Elvira Sastre, Baluarte.