—Sebastian, no corras...—
—Hola Lily— La saludó con una sonrisa ladina, de todas las personas en el mundo nunca esperó encontrarse con ella, así que verla le traía tantísimos recuerdos del campamento. Miró a su hijo quién aún tenía un puchero —¿De casualidad no tendrás toallas humedas? Para lim…— Se detuvo y la miró con los ojos entrecerrados —¿Mercado negro, en serio?— Rió —Es mi hijo—
Oh, ya, solo es tu hi... --se cortó a sí misma y guardó silencio, asimilando sus palabras. Miró a Franco y luego al pequeño. Tenían los mismos ojos, y ahora que los observaba con detención, veía algunos parecidos más. No pudo contener la exclamación--. ¡No eres virgen!











