Los hombres temen al pensamiento mĂĄs de lo que temen a cualquier otra cosa del mundo; mĂĄs que la ruina, incluso mĂĄs que la muerte. El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible. El pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cĂłmodas; el pensamiento es anĂĄrquico y fuera de la ley, indiferente a la autoridad, descuidado con la sabidurĂa del pasado. Pero si el pensamiento ha de ser posesiĂłn de muchos, no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habĂ©rnoslas con el miedo. Es el miedo el que detiene al hombre, miedo de que sus creencias entrañables no vayan a resultar ilusiones, miedo de que las instituciones con las que vive no vayan a resultar dañinas, miedo de que ellos mismos no vayan a resultar menos dignos de respeto de lo que habĂan supuesto. ÂżVa a pensar libremente el trabajador sobre la propiedad? Entonces, ÂżquĂ© serĂĄ de nosotros, los ricos? ÂżVan a pensar libremente los muchachos y las muchachas jĂłvenes sobre el sexo? Entonces, ÂżQuĂ© serĂĄ de la moralidad? ÂżVan a pensar libremente los soldados sobre la guerra? Entonces, ÂżQuĂ© serĂĄ de la disciplina militar? ÂĄFuera el pensamiento! ÂĄVolvamos a los fantasmas del prejuicio, no vayan a estar la propiedad, la moral y la guerra en peligro! Es mejor que los hombres sean estĂșpidos, amorfos y tirĂĄnicos, antes de que sus pensamientos sean libres. Puesto que si sus pensamientos fueran libres, seguramente no pensarĂan como nosotros. Y este desastre debe evitarse a toda costa. AsĂ arguyen los enemigos del pensamiento en las profundidades inconscientes de sus almas. Y asĂ actĂșan en las iglesias, escuelas y universidades.
Bertrand Russell | "Principles of Social Reconstruction". London, 1916.










