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@lissi-v
real que sí
Ojalá que, por lo menos, me lleve la muerte: para no pensarte, para no verte. Que el olvido sea mi única suerte.
Hay días en que algo mínimo —una luz, un gesto, una risa que no es tuya— me empuja de regreso a ti. Es extraño, porque ahora mismo no logro nombrar ninguno de esos momentos, pero sé que existen: pequeñas grietas por donde todavía se cuela lo que fuimos.
Antes de aquel último mensaje, yo ya estaba a punto de buscarte. Quería decirte todo lo que había escuchado, acomodar las versiones, protegerte de palabras que no merecías cargar. Me quedé con esa urgencia entre las manos. Porque lo que llegó de ti no fue una puerta, fue un cierre suave, casi cuidadoso. Dijiste que no querías problemas. Y yo entendí, aunque no quise.
Me dolió una especie de impotencia que no supe nombrar en ese momento. Porque yo había visto lo que no se cuenta fácil: las huellas en la piel, el cansancio en los ojos, las semanas que pesan más que cualquier calendario. Y aun así, decidí callar. No por falta de verdad, sino por respeto a lo que estabas eligiendo.
Nunca quise ser un conflicto en tu vida. Al contrario. Habías sido un hallazgo raro, de esos que llegan sin aviso y encajan. Contigo, por primera vez, muchas piezas tuvieron sentido: la confianza, la risa compartida, la forma en que se puede hablar de todo sin miedo a ser medida. Había algo profundamente honesto en lo que éramos. Un espacio donde no hacía falta defenderse.
Por eso, cuando te ofrecí distancia, lo hice con una calma que no era real. No te detuve, no te pedí que te quedaras, no insistí. Y a veces me pregunto si eso fue fortaleza o una manera elegante de romperme sin hacer ruido.
Después vino el silencio. Luego la ausencia. Y más tarde, esa confirmación muda de que ya no estaba: desaparecer de tus redes fue como ver cómo alguien apaga la luz sin despedirse. Yo también me fui, por coherencia, por dignidad, o tal vez por no saber quedarme de otra forma.
Un día te vi bien. Y me alegré. De verdad. No desde el rencor, sino desde ese cariño que no se va aunque cambie de lugar. Me enseñaste que querer a alguien también es saber retirarse cuando tu presencia puede convertirse en peso.
Aun así, hay días en que quisiera contarte algo. Cualquier cosa. Lo cotidiano, lo absurdo, lo que antes encontraba siempre un camino hacia ti. Pero me detengo. No por falta de ganas, sino por respeto a la vida que elegiste sin mí.
A veces escribo mensajes que no envío. Se quedan guardados, como pequeñas cápsulas de lo que todavía te diría si pudiera.
Hoy, por ejemplo, el miedo me alcanzó y quise buscarte. Y luego vi que habías visto algo mío. Y durante un segundo —uno muy breve, pero muy honesto— sentí esa vieja ilusión de que tal vez ibas a volver a escribirme. Pero no. Y está bien. Aprendí a dejar que las cosas sean lo que son, aunque duelan distinto cada vez.
Ojalá nunca olvides lo valiosa que eres. Ojalá alguien te lo repita incluso en los días en que tú no puedas verlo. Porque lo eres. De una forma que no necesita explicación.
Yo sigo aquí, queriéndote de lejos. Sin invadir, sin romper lo que decidiste cuidar. Con ese amor que ya no busca lugar, pero tampoco desaparece.
Guardé lo que alguna vez fue para ti. Lo tuve cerca un tiempo, como si el destino pudiera equivocarse y cruzarnos otra vez. Pero hay encuentros que solo viven en la imaginación. Y aprender eso también es una forma de crecer.
Te quiero. De esa manera que ya no exige, que ya no espera, pero que tampoco niega lo que siente.
Y aunque la vida nos haya puesto en caminos distintos, todavía hay una parte de mí que, en silencio, sigue deseando que todo te salga bien. Que encuentres lo que buscas. Que construyas lo que sueñas.
Te extraño.
Todavía.
🧡
Mood:
Entonces un día te das cuenta de que no confías lo suficiente en nadie como para atreverte a decirle que ya no puedes más con la vida.
Esta bendita soledad | Babi PM.
Nadie habla de la ansiedad que genera sentirte estancado.
Me gustan los planes sencillos, no sé cómo por ejemplo estar todo el día acostada en tu pecho mirando cada detalle de tu carita linda
Dejé de insistir cuando entendí que todos nuestros intentos, no eran nuestros, eran míos.
Como tonta sigo tachando los días que no he estado contigo… que martirio.
Ya no quiero vínculos que existan solo por que yo los sontengo.
Hasta mi yo embriagada piensa en ti…