Querida Vicky Xipolitakis. Nos estás cagando.
Acá, entre todas, estamos armando un rompecabezas y vos nos estás robando algunas piezas que necesitamos. Por ejemplo, necesitamos que crezcas. Culpar a otro por errores que cometimos se deja de hacer cuando, allá por los 10 o 12 años, lo hacés y despúes mirás a los ojos al que la ligó injustamente. En tu panza empezás a sentir que una mano invisible te agarra las tripas y las amasa, como a la plastilina. Tu cuerpo te presenta a la culpa. Y entonces aprendés el concepto de lo justo. Pero vos hiciste algo más. Peor. Agrandaste la cosa. La condimentaste con tragedia para desviar tu grado de culpabilidad. Dijiste que fuiste abusada sexualmente por dos hombres dentro de una cabina de avión.
Yo no sé nada sobre eso. Lo más cerca que estuve a vivir algo así fue a la salida del colegio, en séptimo grado, cuando un tipo en un auto me pidió que me acercara y tocando lentamente la tela de mi pollera, me preguntó si sabía dónde podía comprarle una igual a su sobrina. El hijo de puta me quería subir al auto pero yo me pude ir corriendo. Soy una afortunada. Pero Candela, Melina Romero, Manuela, Àngeles Rawson o las francesas a las que atacaron salvajemente en Salta (te digo los que se me vienen a la mente así, rápido) la vivieron y despúes, además, las mataron.
Hace poco marchamos por ellas, entre muchas otras. No sé si vos estabas. Ojalá que no, porque si fuiste te entendería aún menos. El punto es que marchamos para armar ese rompecabezas que te decía, el que reza #NiUnaMenos. Así que por favor, no nos cagues. No te pongas, ni se te ocurra ponerte, en la piel de una mujer que cuando estaba siendo abusada sexualmente no podía sonreír como vos en tu video.