Día 1.
00:31 de la noche.
Llevo 10 minutos intentando empezar el primer párrafo y lo único en lo que puedo pensar es en que ojalá estuviese contigo en lugar de escribiendo sobre ti.
Cambio cada 30 segundos aproximadamente la pestaña del ordenador para ver si has twitteado algo y así poder saber algo de ti, sentirte un poco cerca.
Las palabras nunca han sido algo que se me haya dado bien, de hecho creo que nunca he conseguido escribir más de diez lineas seguidas a no ser que fuera por obligación social para felicitar un cumpleaños, e incluso en esos casos lo único que hacía era repetir una y otra vez lo mismo de manera diferente, pero cuando se trata de ti hasta un frase escrita por Kiko Rivera quedaría bien así que ¿Por que no intentarlo yo?
Lo que me pasa contigo es la mayor contradicción que ha experimentado mi mente. Cada canción que escucho, cada snapchat que veo, cada poema que leo y releo una y otra vez me hacen pensar en ti y consiguen que todo mi cuerpo se llene de una tristeza momentánea que parece que no vaya a acabar nunca, sin embargo cuando estoy a tu lado no conozco el significado de la palabra tristeza, ni tampoco conozco que hay más allá de tu sonrisa pero no me importa, porque se que lo más bonito lo tengo delante.








