Una vez conocí a un chico, de esos que te tocan el alma sólo con mirarte, cuando nuestras miradas se encontraban y nuestras manos se unían; me sentía segura; no había algo mejor que estar con él, y lo alejé, lo alejé porque no sabía cómo amarlo, no sabía cómo darle todo lo que él me daba, no sabía cómo generarle esa felicidad que el me generaba.
Me di cuenta que soy mi propia enemiga.
















