If your plot feels flat, STUDY it! Your story might be lacking...
Stakes - What would happen if the protagonist failed? Would it really be such a bad thing if it happened?
Thematic relevance - Do the events of the story speak to a greater emotional or moral message? Is the conflict resolved in a way that befits the theme?
Urgency - How much time does the protagonist have to complete their goal? Are there multiple factors complicating the situation?
Drive - What motivates the protagonist? Are they an active player in the story, or are they repeatedly getting pushed around by external forces? Could you swap them out for a different character with no impact on the plot? On the flip side, do the other characters have sensible motivations of their own?
Yield - Is there foreshadowing? Do the protagonist's choices have unforeseen consequences down the road? Do they use knowledge or clues from the beginning, to help them in the end? Do they learn things about the other characters that weren't immediately obvious?
haejun tendría la malicia suficiente para contestarle a jinri?
bueno, malicia no realmente. perspicacia. devolverle la jugada. enterarse de cosas él también.
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Haejun en la primera vez que hablan like "no te conozco" y Jinri like "no, pero a mi novio sí jiji"
Y la segunda vez que hablan Haejun debe comentarle algo del estilo "sería un problema si se supiese eso con ese amigo tuyo más major jaja, verdad" Y ella like "veo que ahora sí me conoces" y al final quedan en tregua porque en cuanto tocas el tema de Jiho, a Jinri se le pasa la tontería
Taeyong cuando muere su hermana se queda muy solo. Al tener tan mala relación con sus padres, se muda a algún lugar equis. No he decidido aún si con la abuela o solo. Siendo realistas, con la abuela.
Detrás de la casa de la abuela está el solar abandonado donde se juntan Jinri y cía, por eso los acaba conociendo y se acaba integrando en el grupo.
Raesik será su puerta de entrada a la música, con él despertará del todo esa pasión latente.
Jinri será su novia durante ¿un año? Aunque ambos saben que se están usando. Pero cuando lo dejen seguirán siendo amigos. Jinri solo quería ayudarle a pasar el mal trago, y soportar sus propias mierdas. Y aprovechar que Taeyong es guapo lol
Luego ya Jinri se ocupará de conocer a Haejun, por la curiosidad. Jinri si no se mete en las vidas ajenas se aburre. Le encanta hacer como si fuera alguna especie ee hada madrina. Siempre dando empujoncitos desde las sombras.
Todos coincidirán en que Jinri se pasa la vida ocupándose de los demás. Que debería ocuparse de sí misma.
Mini muy mini escena que se me ocurrió ayer. No sé cómo llegó Kalani a meterse en la historia de esta gente, lo hizo un día sin avisar... y resulta que había un sitio para ella.
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—¿Es seguro follar contigo?
La voz de Kalani es suave y tenue, pero cuando rompe el silencio de la habitación parece más un grito que un susurro. Inmóvil desde un sillón en una de las esquinas, mira de soslayo a Ferenc. Se siente tranquila, pero expectante. Como si algo desagradable estuviera a punto de pasar.
—Probablemente no.
Suspira ligeramente, sin apartar la mirada del chico. Él no parece en absoluto afectado por lo que está diciendo. Como si hablara del tiempo. Como si no fuera con él.
Definitivamente peligroso.
—Sería mejor para mí si me fuera.
Pero en lugar de sentir ganas de salir corriendo, lo que nota Kalani es un hormigueo en su estómago que le pide seguir preguntando. Las preguntas veladas no deben ser lo suyo, porque Ferenc parece estar divirtiéndose con la situación. Aunque tiene media cara casi completamente tapada por sus brazos cruzados, puede ver el final de una sonrisa perturbadora y condescendiente.
—Sería mejor.
Kalani rodea sus piernas con los brazos y entierra media cara en ellos. Es mala idea, es mala idea. Lo repite una y otra vez en su mente, pero ella nunca ha sido prudente. Probablemente se arrepienta, pronto y mucho. Ya no por el sexo, sino por lo que se entrelaza con él. Pero le gusta la manera en que le anuncia que se va a arrepentir y aún le gusta más que sepa que no se va a ir. La confianza con la que habla y el pelo rubio cayendo sobre sus ojos claros.
En la historia donde Nari no muere, hace la misma música que en la que sí fallece, pese a que su vida es, esencialmente, feliz.
En una entrevista le preguntan cómo es que, llevando una vida feliz como él dice, su música es tan oscura. Responde que le canta a ese Taeyong en el que podría haberse convertido si las cosas que le han salido bien hubieran salido mal.
Seguirá produciendo kpop para artistas varios, pero mucho más variado y colorido porque su "mierda" ya irá a su propia música.
Se unirá con Raesik y fundarán la productora juntos, llevarán artistas indie pero crearán algún grupo también.
“Oh, I will be cruel to you. It will stop your breath, how cruel I can be. But you understand, don’t you? You are clever enough. I am a demanding creature. I am selfish and cruel and extremely unreasonable. But I am your servant. When you starve I will feed you; when you are sick I will tend you. I crawl at your feet; for before your love, your kisses, I am debased. For you alone I will be weak.”
― Catherynne M. Valente, Deathless
Personajes: Kalani Wolstenholme, Cyrus NomeacuerdodesuapellidoSamyMátame(Samy)
Notas: drama. Como siempre.
—Te lo dije, Cyrus- Te lo avisé. No puedo seguir así, me dijiste que estabas en tratamiento, que— las palabras salen atropelladas, apenas audibles, pero sabe que le llegan. Lo sabe por su expresión de fastidio, por la mueca que va torciéndose a medida que habla.
Cyrus es un caso perdido.
El suelo está lleno de marihuana. Y de vete a saber qué cosas más.
—No sé, Kalani. No sé— está tirado en el suelo, hecho un desastre. Las ojeras más grandes y oscuras que jamás le ha visto. Latas de cerveza volcadas a su alrededor. El pelo largo enmarañado. Se sorprende de que aún esté vivo después de mezclar drogas y alcohol.
Se aparta el flequillo después de una larga pausa en la que suspira, hastiado, varias veces; después bebe un trago, chasquea los dientes y habla.
—Me da igual. Estoy cansado.
Una oleada de ira choca con una de angustia y juntas recorren a Kalani. Cierra los ojos unos segundos, tratando de lidiar con la tormenta que amenaza con desatarse en su interior. No. No puede entregarse y protagonizar otra pelea. No tiene fuerzas para eso, está cansada. Igual que Cyrus. No tiene ni quiere tener la energía para volver a destrozar la habitación, esperando que al fin su novio entienda que así no pueden vivir, y haga un cambio de una vez por todas.
No puede ni quiere volver a envenenarse con las promesas falsas de Cyrus.
Le da igual. Y eso es lo peor.
Porque Kalani puede lidiar con discusiones, aunque no las quiera; puede lidiar con problemas, con tristezas, con silencios. Puede solucionar cosas mientras tiene ganas de lanzarle todos los muebles a la cabeza. Quizás lanzárselos sea el primer paso hacia la resolución. Pero no puede soportar la indiferencia.
Así que cuando se gira y corre a la habitación, decidida a empaquetar lo que queda y marcharse, sólo puede pensar en volver con Elliot. Él puede ser un poco desastre, puede vivir en una depresión eterna, puede ser incapaz a veces de salir de la cama siquiera. Pero nunca, jamás, le dan igual las cosas. Nunca, jamás, le deja tirada.
Ella solo necesita una señal. Un mínimo sobre el que trabajar. Cyrus no es capaz, siquiera, de darle eso.
No se despide cuando cierra la puerta principal. Probablemente tampoco podría oírla. Probablemente está durmiendo, o en coma. Quién sabe, ya no le puede importar.
El día que la noticia se extiende por todo Hogwarts –y por todo el mundo mágico, realmente, pero su universo en ese momento es el colegio–, Aislinn no sale ni una sola vez de la sala común. Es sábado y no quiere hacerlo. No porque quiera evitar lo que le espera fuera, una legión de slytherins y un millón de preguntas e insultos, sino porque lo que hay dentro es mucho mejor y no es capaz de dejarlo ir por más de unos minutos. Se aferra a él como si pudiera escaparse, como si no fuera real, y realmente aún no se hace a la idea de que lo es. Pero lo es. Y no puede malgastar ni un segundo en lidiar con su pasado cuando el presente es mucho mejor. Por primera vez quiere vivir lo que tiene en el aquí y el ahora.
Levi es un regalo de los dioses que de ninguna manera merece. Pero extrañamente la ha escogido, y Aislinn es egoísta. Lo es, y no pretende dejarle ir. No puede esgrimir el tan usado ya "mereces algo mejor". Probablemente lo hace, pero le da igual. Acaba de destruir su vida tal y como ha sido hasta ahora, y Levi es el premio. Nadie va a quitárselo.
Así que acepta silenciosamente los besos, abrazos y caricias; se abraza a su cintura, apoya la mejilla en su hombro, lee el libro en silencio. Allí, junto a Levi, ya no carga el peso de su apellido a sus espaldas. Ya no es Coughlan, es Aislinn. Se han acabado las reuniones frívolas y aburridas, la pose impasible, los compañeros insufribles. Se abre ante sus ojos un mundo nuevo donde su propia identidad existe.
Es terrorífico, pero con Levi a su lado parece posible. Un par de meses atrás habría reído de solo pensar en dejarse llevar por el amor.
Ahora eso parece ser la mejor, y única, decisión que ha tomado nunca.
La única luz en toda la habitación es la que proviene de la tímida llama de una vela, situada estratégicamente en una esquina de la mesa de manera que el humo que desprende se cuela hacia la ventana. Tan solo ilumina un pequeño círculo del mantel blanco que cubre la madera, pero eso es justamente lo que Willa desea; no toda la información es útil ni relevante, y por lo tanto conocerla no es más que una pérdida de tiempo y una distracción. Hay cosas que deben permanecer en la sombra, es necesario establecer prioridades.
Una gran cantidad de cartas descansa sobre la mesa, dispuestas con cierto –que no mucho –orden. Hace tiempo que no realiza tiradas tan extensas y completas, pero el tiempo desde la última ya ha llegado a su fin. Es hora de obtener respuestas, esté preparada para ellas o no.
Con un pequeño suspiro, y una pausa para coger aire de nuevo, gira la primera carta. La reconoce al momento, pese a estar pobremente iluminada. La cadavérica cara de la Parca la mira fijamente desde la mesa, firme e impasible, anunciando cosas que podrían ser tan buenas como malas; las sucesivas cartas le contarán la historia completa. Sin embargo, esa primera carta es todo lo que necesita Willa para hacerse una idea de lo que está ocurriendo. Al fin y al cabo no es una tirada de carácter general. El momento ha llegado. Se plantea, incluso, recogerlo todo sin ver lo demás; nunca ha sido una gran amiga de conocer el "cómo". Lo único que le interesa, lo único relevante y útil, es el "qué". No tiene sentido preocuparse por conocer la manera en que ocurrirá algo que de todas formas va a ocurrir.
Esa es información para cobardes. Ella nunca lo ha sido. Lidiará con todo como sea. Tampoco cree en el destino, ni en la inmutabilidad del futuro.
Coge las cartas justo cuando se oye el clic de una llave en la cerradura de la puerta principal. Mete las cartas en su bolsa de terciopelo mientras se oye el repique de los zapatos sobre el suelo de la madera. Va directo hacia la habitación, que no es más que la cocina reconvertida en estudio esotérico. Para cuando abre la puerta y entra, la vela ya está apagada. El último rastro de humo del incienso ya se esfuma. Queda solo el recuerdo.
Carsten abre la puerta con cuidado y Willa tarda unos segundoscen girarse hacia él. Pasa brevemente por la confusión y la duda antes de comprender lo que está pasando. Sus cambios de expresión son interesantes, o al menos eso le parece a Willa, que solo puede ver su silueta –y, aun así, es como si lo viera con la máxima luz disponible.
–Ya he acabado, no te disculpes –le dice, callándole rápidamente con un suave beso, apenas un roce de sus labios. Las manos de Carsten recorren su espalda hasta llegar a la cintura, pero Willa se deshace del abrazo con un movimiento suave e incluso cariñoso. No quiere hacerle daño. Pero tampoco quiere resultar dañada. –¿Tienes algo que contarme?
Es el momento, se repite. Para bien o para mal, o para ambas a la vez. Está tranquila, aunque quisiera que ocurrieran otras cosas; no le queda otra que continuar, y sabe que estarán bien.
Notas: Queen. Jamás me cansaré de estos dos, son un pozo de matices sin fondo.
Hay varias cosas que Liz ama de Hicrok. En general no son muchas, aunque sí más de las que cualquiera esperaría y desde luego muchas más de las que Hicrok podría llegar a imaginar e incluso a creer. Son pequeños secretos bien guardados debido tanto a vergüenza como a celos de su propia intimidad. Le pertenecen y no quiere compartirlos, ni siquiera con él.
Hay uno, sin embargo, que no puede esconder. Es el más simple, pero también uno de los mejores. Está en todas las veces que dejan de odiarse el uno al otro –o a fingirlo, más bien–, algo que afortunadamente no ocurre muy a menudo.
No es porque su cabello sea suave, brillante y bonito. Aunque son cualidades que aprecia, en sí no constituyen nada amable. Es el sentimiento que la embarga cada vez que se abrazan y su cabello le roza la cara, las mejillas. Cuando se quedan dormidos en la cama y lo hacen tan, tan cerca que su melena le acaricia la piel y le hace cosquillas. Es un roce que le da una felicidad efímera, que le permite disfrutar de un momento de total intimidad con alguien que, si bien parece ser su enemigo la mayor parte del tiempo, en esos instantes se siente tan natural como respirar.
Pero nunca va a decírselo, y es que esa intimidad va ligada a una vulnerabilidad de la que querría seguir disfrutando. No está segura de que Hicrok nunca vaya a mancharla si llega a saberlo. Tampoco está segura de que no vaya a irse una vez sea consciente de ello. Debe seguir siendo su secreto –incluso si, por esa simple razón, se siente sintético. Incluso si con ello renuncia a la posibilidad de hacerlo real y genuino.