Estaba demasiado ensimismado en sus propios demonios, en poner orden todas las ideas de su cabeza y finalmente lograr expresar en palabras aquello que había guardado por tanto tiempo. Las preguntas o palabras de la contraria se oían a lo lejos, no era capaz de retenerlas, sus lágrimas caían como las de un niño. Se sentía vulnerable, pero muchas situaciones en su vida lo orillaban a experimentar esa emoción, no es que le tuviera miedo a mostrarse así, temía de ser juzgado. Por mucho tiempo vivió con los fantasmas de su conducta, también pagó los errores, su hijo era la respuesta a ello. –Le hice daño a Sophie -inició el relato, recordó los momentos de felicidad y al mismo tiempo las peleas, en su mente se revivía la imagen de ella mirándolo horrorizada-. A ella la conocí aquí, en Los Ángeles, nos hicimos amigos y después de meses la relación floreció. Al principio iba todo bien, cada uno por su lado y compartiendo cuando el tiempo se nos permitía, porque yo en ese entonces era interno -explicó-. Estábamos muy bien, por lo que decidimos mudarnos juntos y yo inicié mi residencia. Tuve muchos episodios de estrés cuando fallé unas clínicas y nunca le conté, comencé a guardarme las cosas… -tragó duro y relamió sus labios-. Yo sufro de brotes de ira, jamás me había tratado y durante toda mi vida acumule muchas cosas… -admitió casi en un hilo de voz, estaba muy apenado, pero siempre hubieron indicios en su actuar-. Cometí el error de auto medicarme, intuyendo de lo que se podría tratar, pero fue un error. Mezclé drogas y alcohol, lo que mostró una cara muy violenta. Jamás le hice daño físico a Sophie, pero ella se tuvo que hacer cargo de mí y presenciar mis actos violentos -agachó su rostro por lo apenado que estaba-. Un día la vi con uno de mis amigos, la estaba consolando, pero él siempre tuvo dobles intenciones. Me molesté con él, las cosas escaparon de las manos y toda mi irá terminó en violencia. Lo deje gravemente herido, desde ahí que ella me teme, no la culpa, yo también temo de mí -hizo una pausa, dio la última calada y apago el cirgarrillo contra el material de concreto-. Sophie se comunicó con mi mamá y estuve internado un par de meses, debí dar de baja mi residencia para preocuparme de mi salud mental. Ahí lidié con la culpa, pero la consecuencia de mis actos llevo a que ella terminara saliendo con él. No lo podía aceptar, fue un golpe bajo, pero no podía esperar otra respuesta…Finalmente me mudé con mi madre por tres meses, nos enfocamos en mi recuperación, en aprender a lidiar con esto y sanar heridas del pasado. Un día nos volvimos a reencontrar con Sophie, ella me dijo que estaba embarazada, tenía casi ocho meses, se veía preciosa, pero sentía temor de mí -su mano masajeó su frente, sus ojos estaban llorosos-. Me contó que se iba a casar con Daniel, mi supuesto amigo. Estaba tan fuera de mí, que terminé aceptando, en ese tiempo se me hacía razonable que ella no quisiera que ese niño tuviera un padre violento, yo también quería lo mejor para el niño, mi padre ha sido una mierda y en ese entonces creí que podría ser igual a él…ahora me arrepiento…me duele no saber de él, pensar si Daniel lo trata bien o si hace diferencias…no sé nada y la incertidumbre es un monstruo que me carcome siempre…
Escuchó como lo venía haciendo todo ese rato, en silencio y con atención de las palabras que salían de los labios de Drew. Sin hacer juicio de nada de lo que decía, pues si había decidido contarle su pasado era porque confiaba en ella y lo menos que quería era juzgarlo, sin embargo, mientras lo iba escuchando no podía dejar de pensar en lo injusto de toda la situación. —Es una buena razón la que tuvo Sophie, no te voy a mentir.— Dijo después de un pequeño silencio, aún estaba procesando toda aquella información que le había dado, pensando en las palabras adecuadas para decirle. —Tuvo que pasar por momentos duros, por experiencia se el miedo y la zozobra que se siente tener una relación con un hombre dominante que no es capaz de respetarte ni de valorarte así que en parte no puedo evitar sentir empatía por la mamá de tu hijo.— No quería ser demasiado crítica, al final él también lidiaba con un problema que no era fácil, menos cuando no se tenían las personas correctas apoyándonos. —Aunque lo que si te puedo decir es que esa persona que se decía tu amigo en realidad no lo era, como tu amigo debió apoyarte no correr detrás de tu pareja, quizá sus intenciones con ella eran buenas pero debió existir cierta lealtad de su parte.— Asintió. —¿Nunca más trataste de contactar con ella? Ha pasado algún tiempo, pusiste de tu parte y cambiaste. Si, quizá aún te quede camino por recorrer pero por lo menos estás en ello.— No se imaginaba lo que debía sentir sin saber nada de su hijo, ella misma se horrorizaba de solo pensar en no tener a Paloma o Andrés con ella.