Alfred Buckham
London, circa 1920
From Wonderful London Vol. I
[via Spitalfields Life]
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@luisvives
Alfred Buckham
London, circa 1920
From Wonderful London Vol. I
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Playa
Cuando la UJI parece el Partenón
Work in progress, January 2014
ImaginArte turned 5 today! Hace 5 años empecé con este blog y aunque hace tiempo que lo tengo un poco abandonado, espero retomarlo algún dÃa!
Tweed Ride Valencia 2013
Escapada matutina
Clásico: cartuja de Valldemossa
Será cuestión de volver por aquÃ... no?
A ver si esta carretera me lleva de nuevo a Tumblr... que lo tengo un poco abandonado!
Lion is stressed. on Flickr.
Lion is stressed.
Dürer
La imagen latente
Los libros sobre teorÃa de la fotografÃa contienen un concepto precioso que hace referencia al proceso de formación de la imagen en el negativo. La imagen latente, como asà se denomina, se refiere a una imagen que existe pero que no se puede ver. Para entenderla, debemos recordar los tiempos de la fotografÃa analógica y los carretes de negativos, pues la noción de imagen latente apenas puede darse en los tiempos de la imagen digital… aunque se da.
En los tiempos de los negativos y las cámaras analógicas, la imagen se formaba sobre el negativo cuando al pulsar el botón se abrÃa el obturador en el tiempo ajustado y la luz imprimÃa, como una huella, la imagen sobre la superficie del negativo. A continuación, el rollo se pasaba y la imagen capturada se escondÃa en el rollo, protegiéndola de la luz para evitar su velado. En esos momentos, antes de que se realizase el revelado de los negativos, es cuando existe la imagen latente. La imagen se ha formado pero todavÃa no existe. Existirá en el momento del revelado. Por ello habÃa que esperar a revelar el carrete para ver la imagen, un tiempo de espera que podÃa ser incluso de varias semanas si no habÃamos terminado el carrete. La imagen latente se vincula, entonces, con el deseo, con las ganas de ver las imágenes que habÃamos capturado en un viaje o en algún evento importante. Todos recordarán esa sensación, la de ir a recoger tras varios dÃas las imágenes de nuestros recuerdos, la espera por visualizar a personas queridas, lugares mágicos y sentir, asÃ, las huellas del recuerdo.
La imagen digital ha relegado el concepto de imagen latente a los escasos segundos que median entre la captura de la imagen y su visionado en la pantalla de las cámaras. Esos segundos son la versión digital de los largos dÃas de espera que hace no muchos años soportábamos para poder ver las imágenes. La imagen latente no ha desaparecido. Tan sólo se ha reducido su tiempo de espera. En los tiempos hipermodernos de las 1000 pantallas en que vivimos, la tecnologÃa digital acelera los tiempos y hace que todo sea más rápido. La espera y el deseo que ella lleva aparejado han quedado como algo obsoleto. Todos queremos que las cosas sean inmediatas, algo a lo que ha contribuido internet y el desarrollo tecnológico de las web 2.0. Sin embargo, hay espacios en los que la imagen latente, la espera y el revelado siguen de actualidad: la elección del nuevo papa.
Me encuentro sentado en el sofá, viendo la tele, esperando que salga el nuevo pontÃfice por la pantalla de la televisión. La imagen de la Iglesia Cristiana todavÃa no se ha revelado y los periodistas especulan nerviosos diversos nombres sin acertar quién será el sucesor de Pedro. Ahora mismo, con la fumata blanca, el nuevo papa es, para el resto del mundo, una imagen latente, una imagen que existe pero que no se ve. Lo hará en el momento en que la clausura de los cardenales termine y entre la luz por las puertas de la Capilla Sixtina. Todo el ceremonial recuerda al funcionamiento de una cámara de fotos analógica: los cardenales encerrados a cal y canto sin comunicación con el exterior, como si fueran el rollo de negativos que contienen la promesa de la imagen, la figura del futuro papa. La magia de las palabras latinas, habemus papam, revelará la efigie del nuevo pontÃfice, del mismo modo que la magia de la quÃmica muestra las imágenes latentes.Â
Mumford and sons, I will wait.