El tono que implementó el contrario en aquella declaración, la golpeó como si de un látigo espinado se tratase. La primera impresión que causaron sus palabras fue de sorpresa; manteniéndola inmóvil ( con la figura del hombre aun cercana ) mientras sus orbes cristalinos observaban atónita el rostro del ajeno. Muy pocas personas a lo largo de su vida habían sacado a relucir el tema de su ( clara ) baja autoestima. Era algo de lo que estaba completamente consciente, pero intentaba ignorar con cada día que vivía por lo delicadas que solían ser las palabras que utilizaban para señalarla. Su fuero interno ardía con un cóctel explosivo de emociones encontradas, el lado optimista de su ser, le repetía que las intenciones del hombre no habían sido herirla de esa manera; él todavía no conocía hasta dónde llegaba el auto-flagelo que se daba constantemente. Y aquellas voces oscuras, llenas de comentarios negativos, no hacían más que recalcarle el hecho de que él había podido observar el desagrado que guardaba hacia su persona. “Creo que las dos opciones están bastante acertadas.” vocablos duros y penetrantes salieron de sus labios. Escupió las palabras que su garganta trató de contener, mientras finalmente daba un pequeño empujón al pecho ajeno, intentando sacarlo del camino para hacer su huida. Su sistema parecía entumecido, mientras sus extremidades tomaban con apuro el abrigo de invierno que había traído consigo. Sus pies parecían en automático, haciendo su paso hacia la salida, pero el enfado era tal, que un impulso ( salido de la misma nada ) la hizo voltearse para encarar a los ojos cafeínos que le habían quitado el sueño por tantas noches. “No sabes mucho de mí Theo… Lo sé.” extrañamente, su timbre de voz era tan claro como el agua, pero podía sentirse el dolor destilando de él. “Y al mismo tiempo eres de las pocas personas que más me conoce; lo cuál no te da el derecho de señalar mis problemas, o etiquetarme de cierta forma. Sé que no tengo una actitud muy segura, o reparto palabras egocéntricas a mi alrededor, pero yo jamás recalcaría cualquier falla que tuvieses.” sus palabras titubearon levemente al final, mientras negaba con fuerza a la avalancha de pensamientos que la comenzaba a ahogar. “Como sea. La cena está en la barra de la cocina. Disfruta.”
Con vehemencia arrepentimiento ponzoñoso sacudió los dominios de su mente, fronteras carcomidas a la lumbre de una culpa incomprensible, bastó una simple y peligrosa mirada para saber que la selección de palabras elegidas había sido un error, que de nuevo debía estar a la merced de impulsos del momento que sólo concluían en sabores amargos. Las facciones suaves resplandecían al fuego de una emoción no vista antes en los ojos pardos de la fémina, misterio de profundidad únicamente equiparable con los océanos más oscuros, sus palabras desgarraron el aire hasta llegar al ligero desequilibrio por parte de ese empujón inesperado, el retroceso de dos pasos marcados porque de pronto sintió que debía mantenerse así, a la distancia, que era lo mejor para ella, que no lo quería respirando ni el mismo aire de esa humilde habitación. Se humedeció los labios, el golpe de ultimátum, las palabras que como dagas viajaron en dirección directa al pecho para enterrarse hasta punto desconocido. Por un segundo no hubo reacción alguna mas que el desconcierto y el eco que replicaba aquellas palabras cual relámpagos de tortura, en la ceguera del momento decidió someterse a la idea de que era una bendita oportunidad para dejar de caminar en dirección a un abismo desconocido al cual terminaría empujando a muchacha, pero el instinto egoísta fue más fuerte, la necesidad de urgencia y vívida de que aquel no sea el punto final de la discusión. Siguió los pasos y lo que se encontró fue su espalda, en plena retirada— Estás entendiendo lo que se te da la gana entender, ¿sabes? —inició en la suave elevación del tono, mientras disolvía el nudo formado en su garganta con un pequeño carraspeo. Tomó una suave bocanada de aire en la búsqueda de aclarar la maraña de ideas— No lo dije como una etiqueta, ni lo recalqué como un jodido problema, aunque sí, francamente creo que lo es—plegarías silenciosas para que el cuerpo femenino se atreviera a girarse y enfrentar un rostro que suplicaba una oportunidad más, un tumulto de ideas surcando y derrapando cual aves, ahí un paso más, como si estuviera en una soga pendiente de un fino hilo, dudaba con cada uno, hasta el momento de quedar a centímetros de la joven, el oído siendo canal directo de sus palabras murmuradas en la tranquilidad del estrecho pabellón de apartamentos— Lo dije como un idiota que intenta hacer entender que le gusta pasar tiempo con una mujer demasiado buena para él, que no merece, y que está aterrado de ésto, de joder lo que sea que tengan, que intenta hacer entender que no olvidaría nada que tenga que ver con ella... —de algún modo debía agradecer el no tener directamente las orbes ajenas sobre él y la oportunidad de susurrar aquellos vocablos, confesiones que sólo creía posibles en la ebriedad del sentido lógico y la anestesia del pudor, los labios se consumían al impulso de caer sobre la suave piel develada, profanadas en el escondite bajo la cascada de pequeños rulos oscuros desparramados sobre sus menudos hombros, ahí habló, en aquel pequeño refugio cálido a la espera de un golpe merecido o la clemencia divina de su mirada— Y que dejará que ella se vaya si es lo que quiere, pero de verdad tenía muchas ganas de oír cómo le fue en su día y que lo haga reír con sus idioteces porque... Aquí entre nosotros, creo que también ella es algo idiota.