lutvakstheo:
Las trémulas y precipitadas conclusiones ajenas fueron elemento suficiente para que pequeñas avalanchas de arrepentimiento iniciaran un recorrido a intravenosa. No podía leerla, June significaba líneas confusas, idas y vueltas, un cielo muy cambiante y carente de posibles premoniciones, pero sí podía entender y descifrar cuándo la inseguridad parecía calar profundo, nutrida por voces irreales que proyectaban las peores sombras. No sabía cómo sacarla de ahí, fangoso terreno inestable, inexplorado, no podía, tampoco quería porque dudaba cometer actos diferentes a un hundimiento más grave, daños colaterales de que cuando intentaba ser de utilidad terminaba siendo nocivo como el cigarro de todas las horas— ¿Crees que lo hubiese olvidado? —cuestionó con un deje de amarga sonrisa cincelándose en su lienzo apagado, paso vacilante volviendo a buscar cercanía entre él y la figura femenina, sólo ese paso, ninguno más porque la cobardía también era febril bajo los cristales que todavía descendían en algunas partes del cuerpo. Carraspeado, un impredecible comportamiento de lengua impulsiva y mirada fija en la muchacha— ¿Algo que tardé hora y media en preguntarte, que me distrajo todo el día, de verdad lo crees, huh? —la incredulidad se filtraba a través de las sílabas pronunciadas, tiradas al aire con una suavidad que iba de la mano de una burla, porque la situación causaba de algún modo gracia pese a que estaba goteando en duda— O piensas que soy un tremendo imbécil o tienes una imagen muy pobre de lo que eres, June—entre un cúmulo de multitudes reconocería el fulgor casi volcánico ajeno, destacando, encendiendo a su paso pequeños espectros de luminosidad, pero eso no se podía decir, esas sílabas estaban lapidadas o la condena de un inmortal papel—Y no sé cuál de las dos opciones me jode más, la verdad. —terminó por pronunciar, guiado y cegado, habría sido mucho más sencillo someterse a un quédate sincero y profano, pero siguió el instinto que arrasaba por encima de toda cordura.
El tono que implementó el contrario en aquella declaración, la golpeó como si de un látigo espinado se tratase. La primera impresión que causaron sus palabras fue de sorpresa; manteniéndola inmóvil ( con la figura del hombre aun cercana ) mientras sus orbes cristalinos observaban atónita el rostro del ajeno. Muy pocas personas a lo largo de su vida habían sacado a relucir el tema de su ( clara ) baja autoestima. Era algo de lo que estaba completamente consciente, pero intentaba ignorar con cada día que vivía por lo delicadas que solían ser las palabras que utilizaban para señalarla. Su fuero interno ardía con un cóctel explosivo de emociones encontradas, el lado optimista de su ser, le repetía que las intenciones del hombre no habían sido herirla de esa manera; él todavía no conocía hasta dónde llegaba el auto-flagelo que se daba constantemente. Y aquellas voces oscuras, llenas de comentarios negativos, no hacían más que recalcarle el hecho de que él había podido observar el desagrado que guardaba hacia su persona. “Creo que las dos opciones están bastante acertadas.” vocablos duros y penetrantes salieron de sus labios. Escupió las palabras que su garganta trató de contener, mientras finalmente daba un pequeño empujón al pecho ajeno, intentando sacarlo del camino para hacer su huida. Su sistema parecía entumecido, mientras sus extremidades tomaban con apuro el abrigo de invierno que había traído consigo. Sus pies parecían en automático, haciendo su paso hacia la salida, pero el enfado era tal, que un impulso ( salido de la misma nada ) la hizo voltearse para encarar a los ojos cafeínos que le habían quitado el sueño por tantas noches. “No sabes mucho de mí Theo... Lo sé.” extrañamente, su timbre de voz era tan claro como el agua, pero podía sentirse el dolor destilando de él. “Y al mismo tiempo eres de las pocas personas que más me conoce; lo cuál no te da el derecho de señalar mis problemas, o etiquetarme de cierta forma. Sé que no tengo una actitud muy segura, o reparto palabras egocéntricas a mi alrededor, pero yo jamás recalcaría cualquier falla que tuvieses.” sus palabras titubearon levemente al final, mientras negaba con fuerza a la avalancha de pensamientos que la comenzaba a ahogar. “Como sea. La cena está en la barra de la cocina. Disfruta.”















