Se sorprende ante la oferta del chico, su comentario no fue con segundas intenciones, tampoco intenta cobrarse el favor que acaba de hacerle con el teléfono. Si tuviese valores morales más altos de seguro rechazaría el abrigo, sin embargo el frío que corre por su cuerpo le lleva a aceptarlo y sin muchos más miramientos lo coloca en su cuerpo. “Gracias, pensé que ya no quedaban caballeros como los de antes.” Bromea con tono divertido puesto que ese comentario de seguro sería uno que su madre haría, persona con la cual no se siente ni un poco identificada. La culpa le invade repentinamente cuando lo ve tan desprotegido, de verdad no desea que el contrario se enferme, parece buena persona. “Cuando lo quieras de vuelta solo dímelo, ¿va? Sin vergüenza.” Luego hace silencio y permite que haga su llamada telefónica.
Sonríe a medias por el comentario ajeno que más bien puede resultar un curioso halago, pero, es en esos momentos donde Jonah se cuestiona si en verdad lo es o no, prefiere dejarlo pasar y continua la espera de que alguien coja el teléfono en su departamento “Adelante, úsalo, no te preocupes” y al finalizar, apartándose un poco de la multitud que han reunido en un solo punto por fin escucha una voz al otro lado del móvil. Al parecer ambas están dentro, han cancelado enhorabuena el paseo al parque. Regresa al lado del a rubia y le entrega su celular “Aquí tienes, de verdad agradezco el gesto” asiente amable y aunque debió haberlo hecho antes se presenta, mejor tarde que nunca “Soy Jonah, por cierto” le extiende su mano, algo formal para estos tiempos, pero no para él hasta cierto punto.