Antes del efímero despojo, había una vida que aunque extinta anunciaba una historia,
la misma que aunque arrebatada, decía tantas cosas, al son de una triste moraleja.
La tierra esta cubriendo esos inocentes ojos que no entendieron del dolor que les arrebató la vida, no sabían de la crueldad, de la ignorancia y la ignominia de haber nacido no humanos en medio de míseros avaros sin remedio que se creen dueños de todo sin serlo,
fugaces existencias que fueron devoradas por la inconciencia de una sola especie. No solo se sepulta una vida extinta, sino el fin de la inocencia encadenada a una voluntad mezquina y déspota, que solo piensa es deshacerse de lo indeseable,
cada palada de tierra oculta la prueba de que se está exterminando lo mismo que sustenta la vida, se cava el infortunio, se ata el lazo hacia el abismo de los propios actos, el malagradecido hecho de irrespetar la sagrada existencia de las criaturas del señor,
esa divinidad que se manifiesta en ellas sin la parafernalia de las palabras vacías y los ritos inútiles,
aun asi perdonan porque no saben de rencor, aun asi aman porque no entienden de resentimiento, solo sienten miedo, solo huyen de los demonios que siempre acechan en el silencio de las sombras.
A ellos, a los que se han sepultado y a los que se sepultarán, estan esculpidas estas letras que renacen de las culpas, resurgen recuerdos de muchas monstruosidades, que aunque redimidas, pesan como la tierra que los guarda como semilla que germinará en alguien que realmente cumpla el mandato divino de amar a Dios sobre todas las cosas… y Dios es el mismo paraíso.
Aunque se sepulten, se devuelven ángeles al cielo.
Poema de Christian E. Castiblanco
Source: Sepultando la inocencia