Faux
Palidezco.
La mirada y el deseo resurgen, como dos gigantes en espera de mi entrega. Me sofoco y abro los ojos como platos, esta vez llegan lejos, muy lejos de mí.
Despertaron al monstruo, felicitaciones. El ser-fantasma que roba mi energía en cantidades exuberantes es muestra de su insaciable determinación y de su exorbitante deseo autodestructivo.
Ella, callada, mira al gigante-molino. Primero intenta sofocarlo, imponerse a él, pero este engrandece su cuerpo, su fuerza es descomunal y la arroja al subsuelo. Comprende que por más que desee vencerlo, no podrá. Entonces, durante su último intento, establece un trato con el enemigo: le cederá el cuerpo de la víctima en las noches a cambio de ser ella quien esté presente durante el día.
Sufro de insomnio desde entonces.









