Entre las noticias de su hermano, y que iba a ver a Maddie, Suho estaba en la novena nube, por lo que en cuanto su hermano se fue a una misión, el aprovechó que Ivie estaba en la casa y fue a hablar con ella. “Ivie, necesito… un lo que sea para regalarle a Maddie… verás Ji Yong todavía no me devolvió mi mesada y… ay bueno gracias” dijo con una sonrisa mientras la chica le entragaba un ramo de peonías recién cortadas y le decía que buena suerte “Por cierto… felicitaciones” dijo con una sonrisa mientras se retiraba de la habitación para luego bajar rápidamente hacia donde estaba su auto para comenzar a conducir al punto donde por lo general tenían sus encuentros ‘a escondidas’ de sus dos hermanos, a.k.a la suite que el poseía en uno de los mejores hoteles de Seoul. No sin antes chequear si su poseción más preciada estaba en su guantera; al hacerlo, la puso en el bolsillo de su pantalón
“Amor, aquí estoy” dijo abriendo la puerta de la suite mientras sostenía el ramo de peonías y veía la hermosa sonrisa de Maddie iluminar toda la habitación mientras tomaba el ramo de flores con una sonrisa “Diría algo como que eres la flor más bonita de la habitación, pero temo quedar como un baboso enamorado… aunque lo soy” comentó sonriente mientras observaba a Maddie moverse con tanta gracia en el medio del salón buscando un jarrón “Ahora que se lo de Ji Yong y lo de Ivie, creo que…” dijo con una sonrisa mientras tomaba la oportunidad de que ella estaba de espaldas para sacar el paquetito que tenía en el bolsillo y ponerse en una rodilla. “Me toca hacer lo mismo. No puedo pensar en una vida sin ti, y la verdad es que tampoco quiero Madeleine, por eso quiero hacerte esta pregunta y si me dices que si, seré aún más dichoso de lo que ya soy. Maddie, mi amor, mi vida ¿Quisieras ser mi esposa?” preguntó
"Kookie, ya cálmate." Dijo para el mensaje de audio que estaba enviándole a Jungkook después de ver todos sus tweets sin sentido y entró en el hotel directo a pedir la tarjeta de la suite de Suho, la cual uno de los empleados le dio sin hacerle demasiadas preguntas — los privilegios de ser la chica de Kwon Junmyeon. Todo el camino hasta el anteúltimo piso, Maddie no pudo dejar de sonreír porque hacía casi cinco días que no veía a su amado, y la sola idea de poder tener todo el resto de la tarde con él le brindaba una felicidad que era difícil poder explicar con simples palabras. Al llegar, dejó su mochilita sobre un sillón y se acercó al enorme ventanal para observar la fantástica vista de la ciudad — una que por más hermosa que fuera no se comparaba en absoluto con la sublime visión del hombre al que amaba entrando en la habitación, iluminando el lugar con su sonrisa. “Buenas tardes, señor Kwon.” Lo saludó acercándose a él y tomando el ramo de flores antes de darle un beso e irse a buscar un jarrón para poder dejar sus peonías ahí sin que se arruinaran. “Oh, pero eres un baboso enamorado tan encantador, mi amor. Además, yo también soy una babosa enamorada si viene al caso así que...” Maddie se encogió de hombros mientras acomodaba sus flores y suspiró contenta porque la simple pero no por eso menos imponente presencia de su Suho la hacía la mujer más feliz en la faz de la tierra, y se dio vuelta para poder mirarlo y regodearse en lo suertuda que era de tenerlo pero él ya no estaba parado en donde lo había visto por última vez, sino frente a ella — en una rodilla. “Suho.” Musitó mirando su rostro orgulloso, luego sus manos, y por último de nuevo a él.
Maddie no lo pensó ni por un segundo porque en verdad no necesitaba hacerlo, y porque en ese momento exacto supo que no iba a dejar que nadie se metiera entre medio de ella y su amor, no importaba si era Kris, o Ji Yong, o el mismísimo Jesús en persona... ella asintió entre las lágrimas que estaban empezando a caer por sus mejillas por la emoción de que el amor de su vida quería que fuera su esposa. “Claro que quiero ser tu esposa, mi amor. Por supuesto que quiero.” Asintió con aún más ganas de lo que ya lo estaba haciendo, y dejó que él le pusiera el anillo antes de prácticamente lanzarse a sus brazos para llenarlo de besos una vez que él se puso de pie de nuevo. “Te amo. Te amo tanto, tanto.” Murmuró poniendo sus manos en sus mejillas y luego alrededor de su cuello mientras lo besaba disfrutando al máximo cada instante de su momento juntos de la manera en que quería disfrutar el resto de su vida a su lado: lenta e intensamente. “Tú y yo contra el mundo.” Dijo en voz baja mientras recorría con su mano el brazo de su ahora prometido hasta que llegó a su mano y entrelazó sus dedos con los de él, mirándolo a los ojos. “Ahora y siempre.” Afirmó antes de sonreírle de nuevo, porque no podía contener tanta felicidad en su cuerpo y no había nada que pudiera quitarle esto, ni tampoco el amor de su Suho. “Saranghae, naui wang.” Susurró llevándose sus manos aún entrelazadas a los labios para poder besársela, sin dejar de mirarlo a los ojos. Era oficial: Madeleine Elizabeth Wërgstrom iba a ser la señora Kwon y saber eso la hacía la mujer más feliz del Universo, más de lo que ya lo era desde que había conocido a este hombre tan increíble, en todo sentido.












