1 / 2
Mi perro tiene un blog
En este día del perro comparto un cuento que escribí hace algunos años sobre estos compañeros que tenemos.
(En la foto, Perry, que vivió con nosotros por 12 años)
MI PERRO TIENE UN BLOG
Mi perro tiene un blog, lo he visto esta tarde mientras buscaba “Cómo hacer cupcakes en 5 minutos”. Estaba ahí, simple y pulcro su escrito canino. Lo reconocí por la foto de perfil que mostraba su pelaje achocolatado y sus patas sobre el teclado de mi computadora. No lo podía creer. ¡Y escribía mejor que yo!
Estuve leyendo con detenimiento cada una de sus oraciones perfectamente estructuradas: cohesión, coherencia y adecuación dignas de un gran redactor. Era como si hubiese pasado por alguna facultad de letras o lingüística. Mi perro es un letrado que versaba lo mismo sobre poemas del barroco, que de la situación política actual y con una tremenda facilidad nombraba a economistas destacados.
Seguía estupefacta.
Decidí espiar a mi perro, capturarlo con las patas en el teclado en el momento justo. Me escondí todas las tardes atrás del sofá. Desde ahí podría verlo en acción mientras él pensaba que yo estaba fuera de casa, iría y podría atraparlo infraganti. Pero no sucedió.
Pasó un día y otro y otro más y mi perro sólo se perseguía la cola, daba vueltas y se echaba en su cojín. La desesperación comenzó a apoderarse de mí. Había dejado incluso de trabajar en las tardes con tal de comprobar que mi perro escribía. Pero pronto comenzaron a juntarse las facturas sin pagar, los gastos cotidianos me machacaban. Así pues, decidí dejar a mi perro por la paz.
Pasaron un par de semanas y de repente me llegó una notificación: Nueva entrada de Perry. Mi perro había actualizado su blog.
La nueva entrada había sido escrita justo a la hora en que lo estuve espiando por semanas. Para mi sorpresa el texto electrónico se titulaba: “Cómo hacer que tu humano se pase días sin trabajar mientras sólo mueves la cola”.







