El Jícaro de Ciudad Colón.
Ciudad Colón es el distrito #1 y cabecera del cantón de Mora, en la provincia de San José (Costa Rica).
El sábado pasado, me fui de asistente, de apoyo a una fotógrafa muy pro en un matrimonio… mi primer matrimonio… jajajaa!! pero bueno, esa es otra historia! Si quieren saber qué pasó?? Qué tal fue la experiencia y demás, convénzanme de contarles y tal vez les cuente!!
Pero al menos, ahora me vine a contarles lo primero que me atrapó: el Jícaro de Ciudad Colón! Ajaaaaa… que quién más me atrapó… la historia del pañuelo es otra… en ese bazar… la chica… ah! Ah! no! No! No! esa es otra historia!
De regreso al Jícaro (cómo me ha costado arrancar eh! 😜) sencillamente me atrapó!
En realidad no tanto el Jícaro… y perdonen el giro pero es la verdad!
Los siete niños y el zaguate. Es una obra tallada en madera, realizada por el escultor Mario Parra que sirve de apoyo a una rama del centenario Jícaro (dicen que tiene como 400 años! -el Jícaro… no don Mario- 😬)
“Los siete niños son los hijos del cantón de Mora que crecieron alrededor del árbol y que ahora trabajan en equipo para sostener a este símbolo centenario” (Mario Parra. Tomado del periódico La Nación del 21/02/2005)
¡Está hecho de un tuco de Guachipelín que se cree tenía como 150 años! La obra fue echa a pura motosierra, martillo eléctrico, gubias y un mazo según leo en la publicación de LN.
Me pareció tan simbólico! Niños y niñas abrazad@s, unidos, nacidos de un tronco caído, para apuntalar, sostener la rama del querido Jícaro!
Recuerdo un chico con su gorra hacia atrás, una la pequeña con su graaaaan trenza de pelo y una en particular que me cautivó y expresa ese sentir amoroso del proteger y sentirse protegido a la vez!
Sus ojos cerrados, sus rasgos tallados en la madera a golpe de mazo y gubia, separando trozos desde la corteza, para mostrar lo que somos en lo profundo. Ese rostro con una sutil pero conmovedora sonrisa cargada de cicatrices y diferentes tonos contrastan maravillosamente con el juvenil y refrescante verdor del Jícaro!
¡Como no querer abrazarles y cobijarse con esa atmósfera de alegría y paz que inspiran! ¡Llenarse de ese amor que une, protege, soporta y sostiene cualquier dificultad o peligro como lo es en este caso, la pérdida de uno de los brazos del Jícaro!
¡Es así como podemos ser! Ser obras talladas, libres de accesorios, genuinos, brindándonos apoyo para un bien superior, sostener con nuestro amor las ramas por las que alcanzamos nuestro destino!
Saludos! Nos leemos en otro de estos “¡Destellos de lo que soy y de lo que somos!”

















