Había ido a Brasil con la finalidad de liberar su mente, Maddie se había ido sin dejar rastro, una que otra carta para confirmar que seguía viviendo. Cada carta eran como cuchillos que se incrustaban más en el corazón del brasileño. Un dolor constante al darse cuenta que Olivia era exactamente como Madison. Aquel viaje no sólo no funcionó, sino que también logró confundirlo más ya que después de todo el rostro de la rubia nunca abandonó su mente. ¿Por qué pensaba tanto en su mejor amiga? No lo sabía, pero estaba dispuesto a encontrar una respuesta. ‘’Cansado y para los pequeños ya es hora de dormir. Menos mal que el jetlag es sólo de media hora’’ trató de disimular los nervios de su voz. Le mostró una enrome sonrisa, mientras la abrazaba pudo reconocer el olor a fresas de cabello, ese que tanto le encantaba. Entregó el coche de la menos con toda confianza, confiaba en Mare con su hija. ‘’Y nosotros te extrañamos a ti’’ aceptó con una sonrisa, en el trayecto el pequeño Oliver ya había caído rendido entre sus brazos. Lo colocó en su regazo y le sostuvo la cabeza contra su pecho.’’¿Qué hiciste en nuestra ausencia?’’ preguntó por mera curiosidad.
Asintió ante aquella información y comenzó a mecerse hacia adelante y hacia atrás con la pequeña Olivia en sus brazos. La niña se acomodó contra su cuerpo, completamente relajada, mientras sus pequeños ojos se iban cerrando de a poco. Alzó la mirada para ofrecerle una sonrisa a su amigo sin ningún motivo, simplemente por que lo había extrañado demasiado y estaba feliz de verlo pero no le parecía que fuera apropiado poner esos sentimientos en palabras. Sobre todo cuando no lograba comprender del todo sus sentimientos. “Eh... No hice mucho, trabajé más de la cuenta pero necesitaba distraerme” explicó, segura de que Alex la comprendería. Observó a la pequeña que ya se encontraba dormida en sus brazos. “Ven, vamos a acostarlos” sugirió, y sin esperar respuesta se encaminó hacia su dormitorio. Una vez allí, depositó a la niña sobre la cama y aguardó a que el brasilero hiciera lo mismo para sortear en dos pasos la corta distancia que había entre ambos y estrecharlo en un abrazo. “¿Cómo estás? Me tenías algo preocupada?” murmuró sobre su oído, cerrando los ojos y aspirando con disimulo aquel característico aroma que el moreno traía siempre consigo.
















