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Tears in heaven
Capitulo1: Hogar
Freen:
—¡Estoy en casa! —grito desde la puerta de entrada.
Becky seguramente está en la habitaciĂłn de Rose, ya que sus horarios son menos extensos que los mĂos. Y puede pasar un poco más de tiempo en casa.
—¡No se corre en las escaleras! —la escucho gritar, seguramente detrás de nuestra hija.
—¡Mami! —Rose corre hacia mĂ y yo estiro los brazos para atraparla antes de que pueda caer— ¡Mamá, mami está aquĂ! —grita en direcciĂłn a las escaleras.
Becky baja corriendo por las mismas y yo la miro de forma burlona.
Ella es quien puso esa regla... y es la primera en romperla.
—Cállate —pide antes de que pueda decir una palabra— Hola, cariño —me besa una vez está frente a mĂ.
Con nuestra hija en brazos solo puedo darle un corto beso antes de que ella reclame mi atenciĂłn.
—Mami —da pequeños toques en mi pecho para que la mire. Me separo de mi esposa para darle toda mi atención— Hoy es noche de cine.
—¿Ah, sĂ? —le sonrĂo. Estoy muy feliz de verla.
Becky dice que Rose se parece demasiado a mĂ, a pesar de no ser yo quien la llevĂł en el vientre.
Es una niña dulce e increĂblemente lista para su edad.
"Ella es un milagro."
—Primero las tareas, cariño —le recuerda Becky— Luego disfrutas las pelĂculas con mami.
Bajo a Rose y ella vuelve a correr hacia la habitación. Becky está a punto de regañarla por correr, pero se lo impido tomándola de la cintura.
—¿Me extrañaste? —pregunto de forma sugerente— ¿Cómo se sintió la habitación... sin tu amorosa y apasionada esposa? —doy pequeños besos en su mejilla, buscando provocarla.
—Tengo manos —responde con naturalidad— Puedo darles una utilidad... cuando mi caliente, dulce y apasionada esposa está de guardia.
—Becky...
—¿Qué? —se hace la inocente, mirando hacia otro lado— Tú preguntaste.
Su respuesta me provoca una carcajada. Aprieto su cintura y la acerco para darle un beso como se debe.
—Freen —dice en medio del beso— No, espera... —intenta separarse, pero yo intensifico el beso haciĂ©ndole olvidar el motivo por el cual querĂa alejarse.
Tuve una guardia de 48 horas en el hospital. No tuve oportunidad de besarla ni un momento, asĂ que ahora no puedo evitarlo.
—Shh —le pido separándome un poco— Te extrañé mucho, Teerak
—También te extrañé.
Vuelve a acercarse para besarme sin segundas intenciones, sĂłlo compartiendo este tiempo juntas.
Con Rose en casa, el tiempo a solas ha disminuido mucho en comparación con nuestros años de universidad y nuestro primer año de casadas.
Le doy un par de besos más al escuchar los pasos apresurados en el segundo piso.
—¿Cuándo seguirá las reglas? —susurra separándose de mĂ.
—Cuando tú también las sigas, Teerak.
Vemos bajar a nuestra hija con uno de sus libros. SonrĂe abiertamente mostrando que ha finalizado lo que su maestra le dejĂł.
Debido a su enfermedad, debe recibir clases en casa, y constantemente nos pregunta por qué no puede ir a la escuela. Nos parte el corazón tener que ocultarle un poco de la verdad.
Parte de las cosas que no puede hacer es correr, no debe agitarse, no puede hacer deportes. Rose ha tenido una infancia limitada por sus recaĂdas; Becky y yo hacemos todo lo posible para que su infancia siga siendo feliz, sin preocuparse por hospitales o dĂas internada por el dolor agudo en su pecho.
Rose es una niña milagro.
Cuando Becky quedĂł embarazada, estuvo a punto de perderla varias veces. EntrĂł en una especie de depresiĂłn al sentir que no podĂa mantener con vida a nuestra hija. DejĂł a un lado su trabajo para protegerla, se quedĂł en casa, aunque eso fuera un gran reto para ella.
Por mi parte, cada tiempo libre en el hospital lo dedicaba a estar pendiente de ellas. Me escabullĂa para estar en cada control, en cada ecografĂa, en cada supervisiĂłn. Con algunos colegas investigamos maneras de asegurar que Rose naciera sin complicaciones.
Pero no todo lo que uno desea se puede cumplir.
Cuando llegĂł el momento del parto, Nam con mucha pena, informĂł que Rose habĂa nacido sin vida.
"Lo lamento, Becky."
Una sola frase derrumbo nuestro mundo.
"La bebé no tiene signos vitales."
Estaba tan acostumbrada a recibir bebĂ©s en mi trabajo, que la Ăşnica vez que estuve del otro lado... recibĂ la noticia que más temĂa.
"No."
Becky habĂa gritado en aquella sala mientras las enfermeras y Nam hacĂan lo imposible por reanimarla, por traerla de vuelta.
Si lo vemos desde lo empĂrico, prácticamente peleamos con la muerte para arrebatarle a nuestra hija.
Becky quedó aún más afectada al darse cuenta de las consecuencias de esos minutos sin vida. Rose sobrevivió, pero con enfermedades que fue superando con el tiempo. El único problema sin solución aún... es su corazón.
Las listas de espera son enormes, y aún con todo el dinero que ganamos... no podemos comprarle un corazón tan fácilmente.
Es lo Ăşnico que no podemos arreglar.
Tener a Rose con nosotras es un recordatorio constante de que la vida puede ser justa... pero no del todo.
Cada dĂa vivimos con el miedo de perderla.
Cada noche, al arroparla, rogamos por un dĂa más. Por verla despertar y sonreĂr con esa dulzura Ăşnica.
Ella es nuestro pequeño milagro.
Y cada dĂa que pasa y la veo crecer, me lleno de un alivio que no sĂ© explicar.
Solo sé que haremos lo imposible por encontrarle una cura.
—Hey —Becky toma mi mano con suavidad, asegurándose de no asustarme— ¿Todo bien?
Me gustarĂa decir que sĂ, que sĂłlo estaba reflexionando sobre algo banal, pero hay dĂas como hoy en que no puedo ocultar mi miedo.
Quizás sea el cansancio de tantas horas en el hospital. De ver pacientes entrar, salir... y algunos no regresar con vida.
A veces siento que, como médica, soy una emisaria de la muerte que decide quién se va y quién se queda.
—Solo pensaba —le digo, sin querer arruinar el momento con problemas del trabajo— El turno fue un poco pesado... apuesto que una ducha me va a relajar.
Le doy un beso en la frente, revuelvo el cabello de Rose, y subo a la habitaciĂłn con una sonrisa.
____
La ducha me relajĂł tanto que ni sĂ© cuánto tiempo estuve ahĂ, dejando que el agua se llevara mis preocupaciones. Salgo envuelta en una bata y con una toalla seco mi cabello.
Todo está en silencio... Becky debe estar en la cocina con Rose.
—¿Desde cuándo me mientes? —su voz me sobresalta. No sabĂa que estaba aquĂ.
Quito la toalla para mirarla. Está sentada en la cama, con una pijama a mi lado. Es un hábito que adquirió desde que es madre: siempre prepara mi ropa de dormir, aunque le diga que no es necesario.
"Lo sé, me gusta hacerlo." Siempre responde.
—Te hice una pregunta, Freen — cuando usa ese tono, sé que habla en serio.
—No miento —me lanza su mirada de "mentirosa"— No a ti —le aseguro.
Me acerco para cambiarme. Ella me observa sin moverse. Su expresiĂłn cambia al verme en ropa interior, se asegura de recorrerme de arriba abajo antes de volver a mis ojos.
—¿Qué pasó allá abajo?
—No es nada.
—¿Le llamas "nada" a quedarte viendo la pared varios minutos? No mientas, Freen.
Termino de vestirme y me siento a su lado.
—Fue un turno complicado —empiezo a contarle— Hubo un accidente. Una niña...
—Su osito decĂa "si me pierdo, devolverme con Rose" —y lo veo.
El miedo reflejado en sus ojos.
El impacto de mis palabras la sacude
— Hice todo lo posible... uno de los hierros estaba incrustado en su tĂłrax. TenĂa un 40% de posibilidades de salir con vida.
Cierro los ojos.
El olor a gasolina y sangre todavĂa lo siento en la garganta.
"Estarás bien, pequeña..."
Puede que Becky tenga razĂłn: he empezado a mentir.
"Vamos a sacarte, solo sigue despierta, ÂżsĂ?"
—Le dije que la sacarĂa —continĂşo— HablĂ© más de lo que debĂa... pero debĂa concentrarme en ella, no en ese osito. No en nuestra historia.
Becky me abraza. Nos consuela el entendimiento compartido de lo que ese momento representa.
—No pude evitar pensar en... Rose.
—Ella estará bien —me dice con seguridad, acariciando mi espalda— Encontraremos un corazón para ella.
____
Después de nuestro momento, bajamos a la sala.
Rose ya preparĂł todo para la noche de pelĂculas.
La cantidad de figuras de superhéroes lo deja claro: hoy toca cine de acción. Becky va a la cocina a traer la cena.
—Mami —dice Rose, emocionada— Hoy veremos a los héroes perder contra el villano.
SĂ. Mi hija ha visto esa pelĂcula muchas veces, pero se emociona como si fuera la primera.
—¿El capitán pierde? —pregunto, fingiendo sorpresa. Probablemente me dormà la última vez.
—Oh, no —Becky entra con una bandeja de sándwiches— Deja que mami intente terminarla —dice burlándose.
—Mamá —Rose se une a su broma— No te preocupes, mami. AlgĂşn dĂa la terminarás.
Las miro con fingido enfado. Me están haciendo sentir vieja.
—Bien —me rindo, acomodándome en el sofá— Veamos a ese villano que puede contra el Capitán.
Bangkok Post – Espectáculos
¡Campanas de boda para la pareja del momento!
Este dĂa, Bangkok se viste de gala para celebrar una de las uniones más esperadas del año: ¡la boda de Sarocha Chankimha!
Asà es, queridos lectores. La doctora Sarocha Chankimha, mejor conocida como la doctora Freen, quien este año se incorporó al prestigioso Hospital de Bangkok, ha decidido dar el gran paso. Con su carisma, profesionalismo y una sonrisa que derrite corazones, Freen no solo ha curado a miles de pacientes, sino que también encontró la cura para su propio corazón
¿Y quién es la afortunada que la ha llevado al altar? Nada más y nada menos que Rebecca Patricia Armstrong, o como muchos la conocen, Becky, la heredera de los emblemáticos Laboratorios Armstrong. Una joven brillante, comprometida con la salud pública y, al parecer, también con el amor eterno.
SĂ, amigos, Becky no solo mantiene saludable a toda la naciĂłn con los productos creados por su familia... tambiĂ©n ha logrado conquistar a la doctora más admirada del paĂs.
Desde el Bangkok Post les deseamos lo mejor en esta nueva etapa
Y no se despeguen, porque en nuestra próxima edición esperamos traerles la primera imagen oficial de las recién casadas.
¡Felicidades, Freen y Becky!.