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by Tradd Moore
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3_21_23
by Tradd Moore
Meat Beat Manifesto - Mindstream single
I think I saw this kicking around somewhere and decided I needed to post this.
Here is the is remix CD for the song Mindstream from Meat Beat Manifesto's excellent album Satyricon. Along with Meat Beat's version you get an Aphex Twin remix that he did for cash and essentially sounds like an early 90's Aphex Twin song, a remix by House Music legends DHS and Orbital giving the full Acid Trance 4 on the dance floor.
This will be a hard pass for 90% of you but for the 10% this appeals to, Live it up.
You can get it from my Google Drive HERE
Un hombre rubicundo en un traje anaranjado me recibe con un poderoso apretón de manos. Me siento el cazador de los gatos: el que se prepara para lo peor, se prepara para todo.
El hombre ofrece cigarros a quien sea y me ofrece uno a mí también. No pregunto su nombre, pero me sorprende saber que en mis sueños sigo fumando. El olor no es desagradable en absoluto y el aliento no me apesta a tabaco, tampoco nos agitamos mientras caminamos.
A las horas de caminata, ya empezando a sentir el calor directo del Sol, nos encontramos con una espada clavada en la tierra. Unos círculos formados en el pasto, figuras de una extensión considerable. Intentamos desenterrar la espada de distintas maneras, ninguna con éxito. Bueno, menos mal.
Sin preguntas, el doctor me llevó hacia una lámpara y observó mis pupilas. Yo solo podía recibir la luz.
Es aquí donde tengo ese dolor del que le hablé, le pido por favor que me atienda. En efecto, ya todo había fallado.
No morí en el vientre, estoy viviendo a base de obstinación.
Estás sin habla, sin embargo, conversas. ¿Estás ahí? No pensé que sucedería.
Esas cosas, cosas que puedes oler en navidad, pasándola echados en el sillón y mirando una película. Ya nada te sorprende: la brisa del verano se siente espectacular en la cara y el pelo te huele a océano.
La escena del crimen se hallaba aún fresca. El asesino va en un autobús. Sientes la arena en tus pies, la dejas atravesar tus dedos como pequeños médanos. Una mosca se acerca a tu libro, los barcos se ven a la lejanía y te hacen sentir pequeño.
La autopista tiene muchos autobuses, ¿podremos encontrarlo rápido? El penúltimo asiento de la parte trasera.
VIII.
Giorgio Calibán a los trece: flaco, las mejillas chupadas, lastimadas por dentro y fuera. Mordidas en los brazos. Un olor indescriptible.
Presten atención, aquí los haremos seres humanos. Altos mandos del señuelo arrollador lo ponen frente a los rostros de niños y les piden que se conviertan en hombres. Giorgio participó de la paliza brutal y vio morir a varios de sus compañeros.
Todo en uno, hemos sido eliminados por una poderosa lluvia purificadora. Vania busca un lugar para taparse y se mete en un cajero automático.
Los nuevos augurios le hablaron del arte de mutar. Buenos, buenos mutantes. Tu torso, encerrado en espinas, con la sensación del sonido limpio y las ganas de seguir. Estas noches son para la hora del gnomo y el mago, deshumanización del ruido colectivo. A las doce, la lluvia se detiene y queda un silencio de confusión.
-Vania, ¿estuviste fuera la noche de la lluvia?
-Sí.
-¿Y cómo fue?
-No me acuerdo.
Vania Chass vive en el segundo piso de un edificio derruido, las paredes descascaradas y olor a pis de gato. ¿No podemos cambiar eso? Vania Chass vive en un moderno complejo, con balcón y una vista espectacular. Se pone un labial rojo carmesí para entrar a su trabajo.
Cutter musita sobre un caballo que conoció una vez y Vania lo escucha. Ella prefiere esto.
No esta noche, Cutter, por favor. Mirá en el ropero y decime si aparece algo.
Golpes en la ventana, no hay nadie del otro lado. El cuerpo cae sereno desde el techo hacia el marco de madera y se detiene lentamente. Cutter saca la cabeza pero se vuelve a meter porque el aire frío le corta la cara. El pelo largo y castaño, grasoso pero saludable, se mantiene sólido frente a los vientos nocturnos.
-Ahora creo verlo -Cutter señala sin volverse- casi al borde del suelo. Sí, está flotando.
-Una nueva aparición.
-Sí. Mejor cierro la ventana antes de que regrese. Creo que lo oigo incorporarse.
Cutter cerró la ventana pero no las persianas. El ser flotó hacía arriba y su mirada atravesó la habitación. Ojos color ámbar y pupilas negras que observaban con intensidad el interior de la casa, poniendo sus manos en semicírculo para tapar la luz lunar y ver la casa en esplendor. Adentro, el desgarbado Cutter se quedó parado y lo miró directamente al rostro. La joven se quedó en la cama y miró hacia otro lado, cubierta por sus sábanas que la protegían del frío. La aparición sonrió y siguió observando, al cabo de un momento volvió a volar en dirección opuesta.
-Vania, ya se fue.
-¿Y si vuelve?
-Bueno -la voz de Cutter tomó un tono de sorna-, entonces tendremos que estar atentos.
Ana Mendieta, On Giving Life, 1975
VII.
Se sentaron en ronda y debatieron qué hacer con el joven Calibán, pero esto fue antes de la adopción. Relaciones extrañas en los compartimientos de metal, naves que visitan y androides que nos cuidan, ¿cómo describir semejante ciudad? Jamás había salido el pequeño Giorgio de las sierras y la pastura.
Las hojas se tiñeron de rojo, el río se puso helado y las noches eran imposibles. Él se sentaba en el patio y miraba las estrellas, muy cerca de su sensación. Es el momento entonces, perdón, pido disculpas: dos estrellas lo queman en la cara y el polvo le cae en los hombros. Ayuda, me quemo, gritos desgarradores y luces asesinas. Tortura, oye mis plegarias, dame una(s) fuerza total del corazón. Seis corazones sangrantes para el dios metálico que los solicita.
-¿Ha estado usted en la Fuerza?
-Si.
-Ah, bueno. Me quedo más tranquilo. ¿Edad?
-16.
-Al momento de los entrenamientos, digo.
-13.
-¿Y ahora, Giorgio?
-Ahora nada.
VI.
Visitemos esta noche a la luz del núcleo. Calibán tenía poderes que lo hacían un ser extraño, ajeno a lo humano y fuera de serie.
Argumento a favor: dos o tres veces me había hecho visitar nuevas velocidades, radiación escapando de un ser lumínico. A la veintena de horas, volvía a mi estado normal y el sueño milagroso se disipaba de a poco. Habló Giorgio y le pidió, por el bien general, que todos se fueran de la casa y nada de comuniones para la velada. Que ni él ni yo somos máquinas, por favor. Giorgio Calibán, el hombre imposible, recordó su infancia en la casa de Edna Lark e intentó transmitir sus pensamientos hacia ella en ese momento. Un hijo, sí. Un hijo al fin.
Me metí en la otra habitación y dejé que todo fluyera, así que decidí sentarme frente al televisor para mirar algunos programas. Me encontré con un informe acerca de una fábrica de golosinas holandesas donde las cintas iban a toda velocidad y las líneas de empaquetado eran inclementes. Un locutor narraba el sistema, explicaba con lujo de detalle cada instancia de la confección del producto. Seguí buscando demonios grises en el zapping, ya recordaba poco de la tarde previa cuando me encontré con la noticia de mis asesinatos. Me puse a observar entre las bisagras de una puerta mientras Giorgio y Edna discutían sobre la velada. Él puso su voz directamente en mi cabeza y ordenó que me fuera.
V.
En esta ruda oportunidad, los amigos de Edna Lark visitaron su hogar en busca de sosiego. Las últimas sesiones de la comunión habían traído al grupo una gran paz que se esfumó al pasar los días, su aroma aún presente en el aire, sus usarios unos espectros de grito. Yo observaba las situaciones a escondidas, detrás de paredes y puertas entrecerradas, mientras consolaba mis propios deseos.
La voz de Giorgio Calibán retumbó desde un cuarto lleno de escobas.
Se oyeron pasos pesados y Giorgio abrió la puerta con la brutalidad que lo caracterizaba: su cuerpo era rollizo y de tronco duro, un hombre rubicundo.
¿Y ahora cuál es el problema?
Estoy cansado de estos vampiros.
La comunión le parecía una ofensa, una burla hacia la señora Lark que él no podía seguir soportando. En su adolescencia, ya lejos de sus padres, Edna le ofreció ayuda cuando nadie podía siquiera mirarlo a los ojos.
Giorgio Calibán, a pesar de esto, pidió permiso para ejercer su palabra. La diatriba fue eterna.
IV.
La sangre es un cuento oscuro, le pido a mi familia que cierre las puertas y baje las persianas. Bajo el picaporte y empujo contra el marco hasta hacer click, en el equipo de música suena un ruido intenso de guitarras y un bajo que no para nunca de sonar y ser golpeado. La sangre me dice también que no detenga el curso, que no cavile. Le pido a mi familia que no abra las puertas y cierro con un pasador, mientras el demonio gris vuelve a presentarse.
Debo dormir y suenan las guitarras, les solicito la misa y ser parte de la procesión pero solo me dejan sentir y no mucho más. Le cuento esta historia a Edna Lark y me pide detalles sobre la música que escuchaba.