Aubrey Stallard.
Claire Keane
h
ojovivo

oozey mess
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PR's Tumblrdome
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
official daine visual archive

❣ Chile in a Photography ❣
YOU ARE THE REASON
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Show & Tell
Xuebing Du
occasionally subtle
Fai_Ryy

Product Placement
Misplaced Lens Cap
Cosmic Funnies
untitled

Andulka

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@maria-juarez
Aubrey Stallard.
Que un sangriento paisaje de batalla pudiera ser bello -en el registro sublime, pasmoso o trágico de la belleza- es un lugar común de las imágenes bélicas que realizan los artistas. La idea no cuadra bien cuando se aplica a las imágenes que hacen las cámaras: encontrar belleza en las fotografías bélicas parece cruel. Pero el paisaje de la devastación sigue siendo un paisaje. En las ruinas hay belleza. Reconocerla en las fotografías de las ruinas del World Trade Center en los meses que siguieron al atentado parecía frívolo, sacrílego. Lo más que se atrevía a decir la gente era que las fotografías eran «surrealistas», un eufemismo febril tras el cual se ocultó la deshonrada noción de la belleza. Pero eran hermosas, muchas de ellas: de fotógrafos veteranos como Gilles Peress, Susan Meiselas y Joel Meyerowitz, entre otros. El solar mismo, el cementerio masivo que recibió el nombre de Zona Cero, era desde luego cualquier cosa menos bello. Las fotografías propenden a transformar, cualquiera que sea su tema; y en cuanto imagen, algo podría ser bello -aterrador, intolerable o muy tolerable- y no serlo en la vida real.
Ante el dolor de los demás. Susan Sontag.
Yo no pretendo que la Alegría no pueda asociarse con la Belleza, pero digo que la Alegría es uno de sus adornos más vulgares, mientras que la Melancolía es, por decirlo así, su ilustre compañera, llegando hasta el extremo de no concebir (¿será mi cerebro un espejo embrujado?) un tipo de Belleza donde no haya Dolor.
Baudelaire
Esben Bøg Jensen
Las ideas surgen cuando prestas atención.
David Lynch.
Photobooks: Francisco Navamuel.
Los dormidos y los muertos no son más que imágenes.
Macbeth, William Shakespeare.
Detrás de la última palabra, está lo que no se puede decir.
Rilke
Laura Makabresku
¿Cómo reconocer una obra de arte? ¿Cómo separarla, aunque sólo sea un momento, de su aparato crítico, de sus exegetas, de sus incansables plagiarios, de sus ninguneadores, de su final destino de soledad? Es fácil. Hay que traducirla. Que el traductor no sea una lumbrera. Hay que arrancarle páginas al azar. Hay que dejarla tirada en un desván. Si después de todo esto aparece un joven y la lee, y tras leerla la hace suya, y le es fiel (o infiel, que más da) y la reinterpreta y la acompaña en su viaje a los límites y ambos se enriquecen y el joven añade un gramo de valor a su valor natural, estamos ante algo, una máquina o un libro, capaz de hablar a todos los seres humanos: no un campo labrado sino una montaña, no la imagen del bosque oscuro sino el bosque oscuro, no una bandada de pájaros sino el Ruiseñor.
La traducción es un Yunque. Roberto Bolaño.
Hervé Guibert, 1981.
Pero yo no le vi la cara, sólo su sombra que atravesaba el local. Una sombra sin metáforas, vacía de imágenes, una sombra que solo era una sombra y que con eso tenía más que suficiente.
Los detectives salvajes. Roberto Bolaño.
Mayumi Terada
Nuestro pensamiento, en definitiva, procede análogamente: creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan sólo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.
El elogio de la sombra. Junichiro Tanizaki.
Stéphane C.
Ustedes, lectores, ¿no han experimentado nunca, al entrar en alguna de esas salas, la impresión de que la claridad que flota, difusa, por la estancia no es una claridad cualquiera sino que posee una cualidad rara, una densidad particular? ¿Nunca han experimentado esa especie de aprensión que se siente ante la eternidad, como si al permanecer en ese espacio perdieras la noción del tiempo, como si los años pasaran sin darte cuenta, hasta el punto de creer que cuando salgas te habrás convertido de repente en un viejo canoso?
El elogio de la sombra. Junichiro Tanizaki.