Respiro ese sueño inconcluso que te trajo hasta mi orilla. Tu recuerdo se mece conquistando mi memoria, se mece y trae los viejos versos de un pasado perdido.
Soy una y soy tantas, se vierten en mi los infinitos hilos de una soledad despojada de máscaras.
Es que en esta noche tú voz resuena en la mesita de luz, y en el balcón una pareja se abraza, y debajo de la tierra un cuerpo se hunde.
Escribo en este acto heroico tan mísero, tan cruel, que me recuerda aquella que ya no soy.

















