(dándole contexto al poema, fue el último día del #Terramur2026 en Murcia, y tomando café me rompí una muela con una galleta del café que me sirvieron. Y estaba con mis compis de fanzine. Es un poema pots-terra).
¡Hola! En menos de un mes se publica El número 33 de la calle Orquídea (Obscura Editorial), y una de las pocas cosas que me sirve para enfrentar todo lo que eso conlleva es hablar de qué supone para mí esta novela. No es la primera vez que escribo terror (lo son los relatos que publiqué en Pájaros en la cabeza, Pulporama y Orgullo Zombi 6), pero sí es la primera en la que lo hago recogiendo miedos y vivencias que son mías.
El número 33 de la calle Orquídea es una historia de body horror donde los cultos oscuros se mezclan con la danza y la experiencia desgarradora que supone descubrir que tu hogar (esto es, tu familia y tus amigos) ha dejado de ser un lugar seguro. Saber que Marina Vidal iba a ilustrar la cubierta me hizo una ilusión extraordinaria, porque hace muchos años que la sigo y me parece de las mejores (si no la mejor) portadista de este país.
El número 33 de la calle Orquídea tiene un origen fácil de rastrear: era 2022, la víspera de Halloween, yo había ido a clase de yoga y leído Dientes rojos de Jesús Cañadas. Tras leer a Cañadas, ansié ser capaz de crear algo tan malvado, sórdido y cruel como lo que él había hecho; las pesadillas más vívidas que he tenido en mi edad adulta se las debo Dientes rojos y al dios de esa novela, que me llevaron a experimentar en la duermevela un terror casi extático una noche de ese otoño. Al terminarla, ni siquiera fui capaz de dejarla en mi casa: a día de hoy, sigue en mi habitación en casa de mi madre. Por eso, también, tiene tanto valor para mí que El número 33 de la calle Orquídea se publique en su misma editorial, Obscura.
En cualquier caso, fui a yoga sin ninguna pretensión y con la suspicacia que acostumbro a tener cuando alguien me habla de energías, de vidas pasadas y poderes interiores, porque pese a ser una persona de letras y bien devota de lo fantástico, mi aproximación a la vida es bastante racional. En esa clase, la profesora pronunció una frase que se me quedó prendida y que aparece casi tal cual en la novela: «Es el Samhain. Es el momento de mudar de piel». De vuelta a casa, la calle por la que yo pasaba todos los días me empezó a parecer distinta, igual que el gimnasio donde se daba esa clase y la frutería donde me paré a comprar níscalos (otra experiencia desagradable: resultaron tener gusanos).
El extrañamiento es una sensación sin parangón: no puedes no darte cuenta de que está ahí, porque afecta al alma de las cosas que te son más conocidas. Es terrorífico sentir que no reconoces los lugares (también las personas) que forman parte de tu vida. Cuando el espacio íntimo se vuelve hostil pierdes siempre un pedazo de ti, porque la mejor defensa es un buen ataque y no hay nadie que salga indemne de la pelea por sobrevivir (sobre todo, cuando es bajo las reglas de otros). Por eso el tropo de la casa encantada está tan presente en la literatura de terror. En El número 33 de la calle Orquídea hay un poco de eso (¡el título de la novela es una dirección!), pero también de otras cosas. Intentaré explicar cuáles.
Leí en algún lugar que, para escribir terror, es útil (supongo que tampoco imprescindible) abordar lo que a una le da más miedo. Por supuesto que a mí me dan miedo los demonios, los fantasmas y los asesinos (los vampiros no: soy de la generación que creció con Crepúsculo), pero también me dan miedo los espejos, el poder perder la cabeza, el desear cosas perversas y el que las personas a quienes más quiero me hieran de forma irremediable, de un modo que trastoque para siempre lo que ellas son para mí y yo para ellas. Son miedos distintos pero todos ellos desembocaban, en mi caso, en dos espacios claros: la danza, por lo que supone para mí, y la familia, por lo que supone para todos.
Para quien no lo sepa (imagino: casi todo el mundo que lea esto), llevo bailando desde los 4 años. Ahora tengo 29. Son, salvo por interrupciones de pocos meses por causas ajenas a mi voluntad, 25 años haciendo ballet y alguna otra disciplina según el momento y los horarios de cada época de mi vida. En este tiempo he descubierto que no puedo ser feliz sin bailar, pero también que, bailando mucho, no puedo serlo. Esa es la razón por la que decidí no dedicarme profesionalmente a la danza (o no intentarlo). La hipervigilancia sobre el cuerpo siempre está ahí, lo mismo que la constante comparación entre lo que debería ser y lo que es, la distancia entre el ideal y la realidad, tan condicionada, en el caso de la danza clásica, por la anatomía y por el físico. Desde ese lugar he explorado el papel de la normatividad en el juicio sobre los cuerpos ajenos en El número 33 de la calle Orquídea, cuya protagonista, Berta Simmenthal, sufre una enfermedad que afecta a su movilidad y ha cambiado su apariencia a los 17 años. Eso la ha llevado a tener que abandonar las clases de danza. Contaré en otro momento de dónde salen y qué les pasa a los personaje de Berta y su mejor amiga, Sol; su madre, Carmen, y su padre, Jaime. Me temo que no hay ninguno de ellos que esté bien pero, ¿quién lo está del todo?
Un apunte sobre el apellido de Berta: en 2022, además de ir a yoga, estaba estudiando un máster en Derecho de la Unión Europea por la UNED. Simmenthal (106/77) es una de las sentencias clave en la arquitectura de ordenamiento jurídico del derecho comunitario. El caso debe su nombre a una empresa de carne bovina envuelta en un pleito sobre inspecciones sanitarias en Italia. Es también el nombre comercial de una gelatina de carne enlatada, y de un tipo de vaca criada en Suiza (en el Valle del Simme, de ahí su nombre). Leo en EcuRed, proyecto de enciclopedia colaborativa online del gobierno de Cuba: "(Esta especie tiene) La cabeza de color blanco y fino, morro amplio, ojos negros, cuernos curvos y delgados hacia adelante y hacia arriba (...) Son animales con alta precocidad sexual, total adaptación a condiciones de potrero, alta longevidad, mansedumbre, excelente habilidad materna y adaptabilidad". La mezcla de todo ello me parece atrayente y repugnante a la vez. Justo los dos polos en los que se mueve parte del terror que hay en El número 33 de la calle Orquídea, y diría que en la mayoría de libros del género. El padre de Berta, además, es veterinario de granjas, ese lugar que el folk horror tan bien ha retratado como escenario terrorífico.
He hablado antes de las cosas de las que me he dado cuenta a lo largo del proceso de escritura de esta novela. La última es la constatación de que las historias largas no me suelen salir bien a la primera, cosa que ya me ocurrió con Es Teresa o el tiempo y que me ha llevado a normalizar (e incluso disfrutar) el trabajar en un manuscrito. La primera, primerísima versión de este data de 2022. Ya con algunos cambios llegó al buzón de Obscura a finales de 2023. Desde que recibí el (¡feliz!) mail donde me preguntaban si los derechos aún estaban disponibles, a finales de 2024, ha habido dos versiones más con cambios sustanciales hasta la definitiva. Entremedias leí más a Mariana Enriquez, y eso me ayudó a entender cómo se hacían algunas de las cosas que yo, de forma intuitiva, estaba intentando hacer desde la primera versión.
Con el libro ya corregido leí Mandíbula de Mónica Ojeda. De esa novela, a mi juicio extraordinaria, emerge una conceptualización de la adolescencia como etapa idónea para el contacto con fuerzas que tiran de nosotras y de nuestros cuerpos hacia lugares que no entendemos muy bien hasta que, años después, las narrativas nos permiten encontrarles alguna explicación. Si lo he hecho bien, eso también está en El número 33 de la calle Orquídea.
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AYER SALIÓ EL FANZINE "POR LAS RAMAS " en bluesky y yo participaba en el con un poema moñas!!! Además tiene testos, poemas, fotos y DIBUJOS!!! ES GRATUITO! Hecho por el amor al arte, literalmente 🤩
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La costumbre y la rutina. Lo que echamos de menos, lo que nos inquieta, nos reconforta o nos da rabia.
Lo que significa algo cotidiano en n
Me publicaron un poema en el n°10 de la revista literarua de Droids and Druids. Me hizo muy feliz que de todas las personas que enviaron, pude repetir publicando, está vez un poema más largo y más serio que el anterior 🙆🏼♀️
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Hace un tiempo pensaba que no me merecía que me quisieran por haber hecho daño a alguien que quise profundamente, pero, sí me lo merezco. Merezco que me quieran, que me mimen, ser feliz en pareja y que sea mutuo. Me lo merezco.
Merezco todo eso y más, merezco que me quieran, que me quieran bien, que me quieran bonito, que me mimen, que me protegan, que me escuchen y que me cocinen, que me lleven a sitios bonitos, que me besen en la frente y merezco que me abracen y sentir ese calorcito.
¿Y si tú y yo estuvieramos destinados a volver a encontrarnos?
¿Y si mi error fatal de dejarte fuera perdonado sólo para poder volver a estar juntas? ¿Para ser una con la otra?
¿Y si esta vez ninguna de las dos tuviera miedo de volver a ser nosotras?
Entonces, ¿me dejarías estar a tu lado? ¿Me dejarías hacerte tan feliz como antes? ¿Me dejarías volver? ¿Volver a tus brazos? ¿A esos de los que nunca debí irme? Y si.... sí somos.
1989 (Taylor's Version) 💄🌃🏖
I was born in 1989. Reinvented for the first time in 2014, and a part of me was reclaimed in 2023 with the re-release of this album I love so dearly.
Never in my wildest dreams did I imagine the magic you would sprinkle on my life for so long. This moment is a reflection of the woods we've wandered through and all this love between us still glowing in the darkest dark.