Tonelada de cal incalpa, saco de arroz progreso, guantes de box y cadena
Justo Sierra 1828 Col. Americana ,Guadalajara. Jalisco. México
Del 11 al 18 de noviembre
“He olvidado la pelea” es una instalación donde el público es incitado a golpear, los elementos conforman una alegoría del círculo dependiente trabajo - consumo; gobiernos que privatizan recursos naturales para vendérnoslos junto con la idea de progreso.
Wandu toma la imagen de cuadrilátero de boxeo y de coliseo romano; lugares destinados a la pelea, donde convergen las distintas clases sociales para presenciar espectáculos y muerte, propone una caricatura de los mismos, construida con elementos que han sido extraídos de la vida cotidiana de un niño trabajador, articulados a través de un dibujo sobre muro.
Texto respecto a la obra…
El verdadero enemigo te transmite un valor sin límites
A razón de las imágenes marciales quiero dedicar este texto a Mario,
cuyo nombre es relativo a Marte, el planeta del combate.
«¿Qué quieres realmente, Barnabas? ¿Con qué carrera, con qué objetivo sueñas? (...) se ve que en tu caso todo va del mejor modo. Hay obstáculos, cosas dudosas, decepciones, pero eso sólo significa lo que ya sabíamos antes, que no te regalan nada, que por el contrario tienes que luchar por cada nimiedad, una razón más para estar orgulloso y no abatido.»
Fragmento de El castillo, de Franz Kafka
Muchos dicen que la felicidad del hombre no está en la libertad, sino en la aceptación de un deber. Tras la muerte de Marx, el poeta José Martí emitió un comentario elogioso sobre los públicos del funeral: La multitud que es de bravos braceros, cuya vida enternece y conforta, enseña más músculos que alhajas y más caras honradas que paños sedosos. El trabajo embellece. Esta clase de metáforas abre caminos para la crueldad.
Si a un niño se le encargara trasladar una tonelada de cal a otro lugar podría terminar el trabajo. Si considero con seriedad este argumento puede que el menor, luego de ser feliz por comprobar su fuerza, procure olvidar este sitio de carga y peso, y que en el cansancio encuentre un campo de juegos.
Los niños gozan de los mismos derechos que las demás personas, pero al no tener los conocimientos, la experiencia o el desarrollo físico de los adultos, ni el poder de defender sus propios intereses en un mundo de adultos, también tienen derechos específicos. Es interesante que sus leyes lleguen tan tarde al mundo, hasta 1973 se acordó un convenio internacional al que las orillas haríamos oídos sordos. Al margen de las legislaciones, existe un triunfo secreto que viene de un lugar más viejo, de la naturaleza y la sinrazón: un niño tiene más derecho a imaginar, de ahí la necesidad de la infancia.
El rendimiento del trabajo parece medirse en relación a los valores obtenidos, luego aparece el futuro aprovechamiento del cuerpo que lo sufre, pero esto no fue así siempre. Entre sus notas abandonadas para La parte maldita, en el apartado correspondiente al gasto improductivo, Bataille incluiría algunos apuntes sobre la vida azteca. A pesar del aparente abuso del sacrificio que dominaba los rituales de esta civilización, el autor insiste que para un mexicano la gloria no estaba relegada, no era una cosa aparte de la vida cotidiana. La gloria ponía al hombre y a cada uno de sus actos -incluso el más humilde- a la altura del universo, nada más lógico que atribuir fines espléndidos a la actividad económica.
Tengo un recuerdo de los viajes que realicé con mis padres por el sur de Estados Unidos durante mi niñez. Alcanzaba a ver un hacedor de artesanías, sus vasijas tenían frijoles pegados y ordenados por colores. En el muro a su espalda colgaba un letrero que versaba con los mismos materiales He has never worked a day in his life y yo creí entender a que se refería. Hablaba de un tipo de dicha, de un cansancio posterior que hace que las cosas valgan la pena.
Además de la historia resumida en los gráficos al ingreso de esta exhibición, un anfiteatro construido con costales de cal aguarda en la sala una batalla primaria. Las proporciones del costal lo igualan a un cuerpo y quizá a uno gemelo al nuestro ¿Qué pasaría si nuestra sombra fuera nuestra única y desleal competidora?
Este sorteo de gloria y decepción, valor y desvalor, exaltación y caída, resuena en el trabajo de Mario. Parece intuir el juicio obtuso para la estimación de productos que nos lleva a dudar de operaciones simples. Si estuviera en el doceavo piso de un edificio y arrojara por la ventana un kilogramo de arroz y un kilogramo de cal ¿cuál llegaría primero al suelo? Es como si las cosas no tuvieran un valor hasta que alguien lo dice.
Esta casa contradictoria que llamamos arte aloja a la incongruencia, los sueños y los objetos raros, es el campo cuyo firmamento es lo inclasificable. Si se tomara menos como un juego para especular y tener en poco las cosas que nos importan, quizá podamos preparar un terreno en el que el control, el poder obnubilado, el enriquecimiento absurdo y hasta el pago por prestigio, puedan ser criticados.