El Karma es el invento más ingenioso, después del agujero de los donuts y la democracia. Según la teoría Budista, para cada acción hay una reacción igual y opuesta (quizá Newton no fuera tan británico después de todo), que se manfiesta en nuestras vidas. Esto explica todas las cosas que pueden parecer arbitrarias en nuestras vidas: por qué fulanita es tan guapa, o menganita tan lista, por qué zutanita se lleva a todos los hombres de calle... … Etc. Para los budistas, estas “casualidades” son el resultado de nuestras acciones, ya sea de nuestra actual vida o de vidas pasadas, pues al parecer el Karma no tiene fecha de caducidad (tal vez debería empezar a llamarse Mckarma). En cualquier caso, considerar que todo lo que me acontece depende de lo que yo haga es concluir que si quiero que me pasen cosas buenas, debo hacer cosas buenas, y como no vivimos aislados, dichas cosas buenas han de tener un efecto positivo sobre el prójimo. Ocurre entonces que yo soy bueno con los demás en mi propio beneficio, y los demás actúan de la misma manera en el suyo, por lo que, a fin de cuentas, la relación causa-efecto se cumple y obtengo lo que doy. Hasta aquí todo perfecto. Cuál es el problema, entonces? Que este sistema del karma es un poco como nuestra economía actual; se basa en la confianza. Mientras todos creamos que la bolsa es estable, que el precio de la vivienda no disminuirá y que la deuda pública se recuperará, en definitiva, mientras todos creamos que la economía va bien, en efecto irá bien (por cuánto tiempo, y cuáles serán las consecuencias, eso ya es harina de otro costal). Con el Karma ocurre algo parecido: si todos creemos en el poder de realizar acciones positivas sobre los demás para obtener lo mismo de ellos, eso será lo que ocurrirá, y podremos hablar de un mundo donde impere la bondad en los actos de todos (aunque el motor de dicha bondad sea el puro egoísmo). Pero qué ocurre cuando la confianza se desmorona, y se desata el pánico? O incluso, con los individuos depresivos, perturbados o suicidas, que no deseen obtener ningún bien del prójimo, y por tanto no se molesten en aportar bien alguno? Entonces se produce una descompensación: tendríamos a personas obrando bien, esperando recibir bondad a cambio, pero que podrían recibir el mal de aquellos que no creen en el karma, o sencillamente no aspiran a obtener el bien de los demás. Y así la relación causa-efecto se desharía en humo como el burdo hechizo que es.
Por qué entonces hay gente que sigue creyendo en el Karma? Bueno, como pagana que soy, no puedo responder por sus fieles, pero aportaré mi opinión al respecto. Creo que hay algo romántico, una bella simetría en pensar que todo lo que tú haces vuelve a ti, como si la vida fuera un espejo, o una vía de dos sentidos. Pero sobre todo, creo que mucha gente necesita creer que puede tomar el control de su vida, que está en su mano decidir sobre lo que le acontece en función de sus actos. Es, en verdad, un pensamiento reconfortante, pero también un tanto infantil. La vida no funciona así. Las mascotas mueren, las baterías de los móviles se agotan, las taimadas empresas dejan de fabricar TU marca de galletas, y las cámaras nos capturan con los ojos rojos sin que podamos hacer nada al respecto. No soy determinista, no vayáis a pensar. Creer en el destino, o en que nuestros actos estén predeterminados irremisiblemente por alguna deidad con inventiva suficiente es un pensamiento incluso más naïve e irresponsable que el del karma. Creo que hay determinadas cosas que ocurren, que nos ocurren sin que podamos evitarlo. Pero, como nos hayan enseñado las películas, en todos los bares hay una puerta trasera. Pase lo que pase, siempre hay una segunda opción, lo que significa que siempre tenemos la oportunidad de elegir. Enfrentarse o huir, luchar por algo o desistir, salir de fiesta o dormir.. Todas las situaciones en la vida nos plantean un binomio de posibilidades, pero si andas legañoso y astigmático es posible que te las pierdas!